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Opinión

12/02/2010

Coordinar es fundamental, ¿pero al servicio de qué?

Opinión. Por Juan Carlos de Pablo* | Compraría un auto con aire acondicionado, espejo retrovisor tridimensional y GPS en 8 idiomas, pero que careciera de “barra de dirección”? Definitivamente no, porque para trasladarse de un lado a otro usted necesita que las ruedas delanteras del rodado modifiquen su posición de manera coordinada. Precisamente, calificamos como […]

Opinión. Por Juan Carlos de Pablo* |

Compraría un auto con aire acondicionado, espejo retrovisor tridimensional y GPS en 8 idiomas, pero que careciera de “barra de dirección”? Definitivamente no, porque para trasladarse de un lado a otro usted necesita que las ruedas delanteras del rodado modifiquen su posición de manera coordinada. Precisamente, calificamos como “auto loco” al que carece de esa condición, y lo usamos como juguete para que se diviertan los pibes.

La coordinación de las ruedas es una condición necesaria para tener éxito. Pero no es suficiente, porque con un auto cuyas ruedas delanteras funcionan de manera coordinada puedo ir hasta un lugar apropiado, pero también puedo chocar contra un árbol o tirarme por el precipicio.

Basta de automovilismo. Con la política económica ocurre lo mismo. En los cursos introductorios de economía les enseñamos a los estudiantes que las políticas monetaria, fiscal y de endeudamiento tienen que ser coordinadas o compatibles entre sí, y luego mostramos cómo terminaron la tablita cambiaria que se aplicó en la Argentina entre comienzos de 1979 y marzo de 1981, o la Convertibilidad que rigió entre 1991 y 2001.

A propósito : el Fondo Monetario Internacional gastó más de un millón de dólares, a través de una unidad independiente, para analizar lo que había pasado en la Argentina durante la década de 1990, encontrando precisamente la referida falta de coordinación entre las diversas políticas. Hablaron con medio mundo, menos (perdón por la falsa modestia) con quien tendrían que haber hablado, conmigo, porque les hubiera ayudado a formular la pregunta correcta, a saber: ¿cómo fue que articulados equipos económicos, cuando llegaron a la función pública olvidaron lo que sabe cualquier alumno de economía? La respuesta es que en la Argentina es tan grande la presión social, y la de ciertos grupos organizados, que los funcionarios de turno se gastan todo lo que tienen, y también lo que no tienen.

Todo este introito sirve para plantear que me parece bien que Amado Boudou y Mercedes Marcó del Pont se reúnan en un Consejo Económico, para coordinar la política monetaria y el resto de la política económica, pero que esto no oculta la preocupación central, que en la Argentina 2010 gira alrededor del siguiente interrogante: ¿coordinar las políticas alrededor de qué? En otros términos, y parafraseando a Raúl Prebisch; ¿qué es centro, y qué periferia, en la política económica, aquí y ahora?

Vengo insistiendo en que el eje central de la política económica lo planteó Néstor Kirchner a mediados de diciembre de 2009, cuando afirmó que pretendía que el PBI real creciera 7% durante el año en curso, para lo cual no basta la reactivación económica internacional (ahora en más dudas que entonces) o la mejora del clima, sino que se requiere “inyectar fondos en las calles”. Apreciación clarificada por el ministro de Economía, quien en la Navidad pasada dijo que “aunque consigamos fondos frescos igual necesitamos el Fondo del Bicentenario”, y enfatizada por el viceministro de Economía, quien puntualizó que se necesita una política fiscal expansiva para aumentar la demanda agregada.

Desde este eje central, Martín Redrado al frente del Banco Central se había constituido en un obstáculo. Porque un Poder Ejecutivo cuyos gastos aumentan apreciablemente más que los ingresos, que más allá de sus deseos no puede acceder a los mercados voluntarios de deuda, que encuentra crecientemente difícil atrapar otros stocks (como los fondos de quienes libremente habíamos optado por el sistema de jubilación privada), o contrata a Mandrake o mira con cariño a la institución que “tiene” plata o, en última instancia, la puede “fabricar sin límites”.

Las vicisitudes de la remoción de Redrado son suficientemente conocidas como para que necesiten ser repetidas aquí. Queda para los historiadores económicos plantear ejercicios de historia contrafáctica del tipo “qué hubiera pasado si Miguel Angel Pesce hubiera continuado a cargo de la presidencia del BCRA, si Mario Blejer se hubiera incorporado al Gobierno”, etc. La perspectiva de la política económica, así como la de quien tiene que tomar decisiones en una empresa, un estudio profesional, etc., es siempre de aquí en adelante.

En este contexto, que la presidencia del Banco Central haya pasado a manos de Mercedes Marcó del Pont, es toda una definición. Algunos colegas salieron a hablar maravillas de su prestigio (Mercedes: cuidáte de estos, porque cuando te aparezcan los problemas son quienes te van a pegar con más entusiasmo). Este no es el punto. El punto es que llega a la presidencia del Banco Central alguien que, desde una perspectiva “productivista”, piensa visceralmente que la tasa de interés es el precio de una restricción artificial, y por consiguiente se puede reducir aumentando la correspondiente oferta.

Fue muy significativo que tanto el ministro de Economía como la presidenta del BCRA tuvieran que salir a “calmar los mercados”, con declaraciones -no digo ortodoxas, para que nadie se ofenda- y venta de dólares.

La inquietud reinante hoy es si la referida pretensión de Néstor Kirchner, junto a su carencia de fondos, más las ideas con las que Marcó del Pont llegó al Banco Central, no constituyen un cocktail apropiado para que la política económica se coordine, efectivamente, pero al servicio de una política fiscal recontraexpansiva, con un instituto emisor convertido en la dirección Nacional de Financiamiento Inflacionario del Déficit Fiscal.

En manos profesionales, ortodoxia y heterodoxia no son posturas de vida sino posicionamientos frente a circunstancias. Alfonso Prat Gay pudo ser mucho más heterodoxo de lo que hoy puede ser Marcó del Pont, porque aquel operó durante la recuperación de la demanda de dinero, mientras que a Mercedes le toca bailar con el más feo. Manejar el Banco Central desde una postura productivista generalmente es un problema, en la Argentina 2010 mucho más.

* Economista. Columnista de Revista Fortuna

13/2/2010

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2 pensamientos en “Coordinar es fundamental, ¿pero al servicio de qué?”

  1. REALMENTE LA EDITORIAL DEL DR. JUAN CARLOS DE PABLO ES MUY INTERESANTE, LA PREGUNTA QUE ME FORMULO ES QUE SI LAS CONDUCTAS EFECTUADAS POR ESTOS FUNCIONARIOS SE DEBEN A PROGRAMAS YA ESTABLECIDOS POR LA PAREJA GOBERANTE O SIMPLEMENTE ES OTRO MAMARRACHO EN EL MANEJO POLITICO ECONOMICO DE UN PAIS SIN RUMBO ALGUNO.
    ESPERO QUE LA CLASE DIRIGENTE ESTE PENSANDO COMO SALIR DE ESTA SITUACION A LA QUE NOS HAN LLEVADO TANTO LOS OFICIALISTAS COMO LA OPOSICION , LA CIUDADNÍA ESTA EXPECTANTE.

  2. Cómo se van a coordinar si Perfil publicó que Boudou no conoce los números fiscales, que los tienen Kirchner y el secretario de hacienda bajo siete llaves…

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