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Negocios

12/02/2010

Los Patronelli: ganadores del Dakar y negocios en familia

La compañía familiar de Marcos y Alejandro Patronelli, triunfadores en la categoría cuatriciclos del rally, fabrica insumos para el transporte de cargas y la industria petrolera. Crecimiento local y exportaciones. Por Roberto Anselmino Antes de que la familia Patronelli saltara a la fama internacional de la mano del triunfo de Marcos y la destacada actuación […]

La compañía familiar de Marcos y Alejandro Patronelli, triunfadores en la categoría cuatriciclos del rally, fabrica insumos para el transporte de cargas y la industria petrolera. Crecimiento local y exportaciones.

Marcos y Alejandro Patronelli.

Por Roberto Anselmino

Antes de que la familia Patronelli saltara a la fama internacional de la mano del triunfo de Marcos y la destacada actuación de Alejandro con sus cuatriciclos en el Dakar, el apellido ya tenía su merecido reconocimiento en el sector del transporte de carga, entre empresas constructoras y agropecuarias, y en la industria del petróleo y de la minería.

Patronelli no es sólo el apellido, es también el nombre de la empresa familiar con que fue bautizada hace 31 años por Roberto y Mónica, los padres de los “chicos”, cuando en un pequeño taller ubicado en el centro de Las Flores, provincia de Buenos Aires, empezó a fabricar sus primeras volcadoras para camiones. Hoy tiene 29 productos entre bateas, acoplados, semirremolques, volcadoras, jaulas para hacienda, carretones y carrocerías. Y también fabrican accesorios para la industria petrolera, y en este rubro, según ellos mismos dicen, son los únicos en hacer sistemas totalmente automatizados de perforación.

“Le debo mucho a mi viejo, Nello Patronelli. Me apoyó siempre en hacer lo que más me gustaba y me inculcó la cultura del trabajo y darle siempre para adelante. Fue ferroviario y luego Osvaldo Cattolini, dueño de una fábrica de camisas que empleaba a 1.000 personas, lo llevó como jefe de producción. Allí llegó a gerente general. Una vez me dijo: ‘Vos tenés que seguir con los fierros’. Tenía razón”, recuerda Roberto.

Nello ya veía en su hijo una habilidad innata para diseñar e inventar.

De muy chico le gustaba el aeromodelismo y armaba aviones con madera balsa, papel y telas livianas, propulsados por pequeños motores a pistón. A los 14, construyó con un cuerpo de alambre una coupé Chevy y le puso uno de esos motorcitos. Un ingeniero de la GM vio la creación y quiso llevarlo a estudiar a Estados Unidos. Era muy chico como para que Nello lo dejara. Sin embargo, se recibió de técnico industrial y estudió 3 años de ingeniería.

¿Cómo fue el inicio de la empresa? A Patronelli le gusta contar en detalle esta historia: “Un año después de casarme, a los 26 años de edad, me puse el taller con Mónica. Fue en 1975. Empecé reparar volcadoras y carrocerías pero tenía un amigo, Oscar Barragán, que junto a su socio, Hugo Guzmán, tenían una empresa de transporte de sal, y me insistían en que yo tenía que fabricar volcadoras.

Un día de 1978 se aparece, con unas vigas de acero en un camión, otro amigo, Roberto Barbieri, que tenían una empresa con Carlos Landaburu, y me pide que le fabrique una. Fue la primera volcadora. Pasaron unas semanas y aparece otro amigo, Octavio Guerrero, que me envía tres camiones para que les haga las volcadores. Gracias a estos amigos empezó todo”.

LA FAMILIA
Roberto cuenta que a partir de ese momento empezaron a caer cada vez más pedidos a medida que se corría la voz de que en Las Flores había un nuevo constructor. “El mercado me iba pidiendo ya no sólo volcadores sino que pedía especificaciones especiales y detalles. Mónica se convirtió en la mitad más uno de la empresa porque se encargó de la administración y las ventas y yo me dedique de lleno a trabajar en el taller”, recuerda. Pero cuando “el laburo aflojaba”, viajaba y se dedicaba a vender pero “al mismo tiempo que cosechaba clientes también cosechaba amigos”.

“Dicen que cuando nace un hijo viene con un pan bajo el brazo porque para la misma época en que nació Alejandro, que fue durante el Mundial `78, es cuando el taller despegó”, afirma. Luego llegaron sus otros cuatro hijos.

Alejandro, que hoy tiene 31 años se encarga del desarrollo de los proyectos. Le sigue Gabriel “Toto”, de 29 años, que está en Ventas. Luego viene Marcos, con 28 años, quien es el responsable en Recursos Humanos, aunque Roberto aclara que entre los 50 trabajadores de la empresa, incluido él y la familia, no hay rangos porque se consideran “todos laburantes”. María Clara, con sus 24 años, es locutora, periodista, actriz, y la responsable de la Prensa y de las RR.PP. El más chico es Nello Nicola que con 21 años se anima al diseño de los productos.

Las cosas cambiaron desde esa “rusticidad” con la que se fabricaba a fines de los `70 y los `80. Ahora todas las maquinas herramientas que utilizan son con control numérico.

13/2/2010

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