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Opinión

02/03/2010

La parábola de la inflación y el mercado interno

Opinión. Por Juan Pablo De Santis* | En una hora y media de discurso ante la Asamblea Legislativa, la presidenta Cristina Fernández no mencionó a la inflación. No es sólo una cuestión de forma, sino también de interpretar los silencios: la negación es un mecanismo de defensa que consiste en enfrentar los problemas negando su […]

Opinión. Por Juan Pablo De Santis* |

En una hora y media de discurso ante la Asamblea Legislativa, la presidenta Cristina Fernández no mencionó a la inflación. No es sólo una cuestión de forma, sino también de interpretar los silencios: la negación es un mecanismo de defensa que consiste en enfrentar los problemas negando su existencia. La comunicación también existe ante la ausencia de palabras.

La Presidenta detalló que la apuesta económica de su gobierno ha sido una inyección de liquidez al mercado interno para desarrollar al consumo y hacer crecer la economía. No obstante, negar la suba de precios en este análisis puede hacer que la realidad sea un golpe de efecto para los deseos:

* Según el INDEC el 70% de los trabajadores en blanco gana menos de $2.000. Considerando los datos privados de la inflación, si en el mejor de los casos estos empleados recibieron un aumento en sus salarios podrán comprar la misma cantidad de bienes que el año pasado. Sino la suba de precios hará que compren menos. Este segmento difícilmente puede lograr un salto cuantitativo en el mercado de consumo.

* Los trabajadores no registrados (10,3% de la población económicamente activa) no pueden acceder a créditos con tasas razonables que les permitan comprar bienes para formar parte del motor que expande el mercado de consumo. Al contrario, son los más castigados por los incrementos de precios dentro del circuito laboral.

* Quienes pueden mover la aguja del mercado interno son aquellos con capacidad de ahorro, que están dispuestos a comprar bienes (semi) durables: automóviles, electrodomésticos, insumos de construcción, etc. No obstante, si la expectativa inflacionaria es alta, no existe un horizonte claro sobre el valor del peso, y hay malestar institucional, esa capacidad de ahorro se traduce en compra de dólares.

Febrero es el ejemplo de lo que podría pasar con este último punto. Un estudio del economista Ramiro Castañeira, de la consultora Econométrica, revela que el último mes existió una fuga de capitales en torno a U$S 1.000 millones (gente que sacó dinero del sistema financiero y lo guardó), que representa el dato más abultado desde julio de 2009, cuando fue U$S 1.517 millones.

Por otra parte, ¿cuál es el diagnóstico correcto de la situación social que debe corregir la política económica: el del INDEC que estima 6 millones de pobres, o el de las consultoras o universidades que hablan de 12 millones?

Desde enero de 2007 la intervención en el INDEC ha sido comparable a cambiar los lentes y reglas con las que se miden las variables sociales. El comportamiento de los precios sirve para estimar cuántas personas se encuentran en la indigencia o la pobreza, otro problema que por asociación queda debajo del tapete.

La negación oficial de inflación recorta un fragmento de la “realidad” que propone la tesis oficial sobre el mercado interno: el incremento acelerado de precios es un factor que modifica decisiones de compra y hábitos de consumo. Sin contar el hecho de que la expansión del consumo debe sustentarse en ampliar la capacidad de consumo.

Las contradicciones económicas se manifiestan al comparar el discurso con los pronósticos del siempre pragmáticos Hugo Moyano. Mientras el INDEC midió 7,7% de incremento de precios en 2009, los gremios agrupados en la CGT abren el año con una pauta de reclamo de incremento salarial de entre el 15% y 20% (el mismo porcentaje que consultores e investigadores privados estimaron de inflación para el año pasado).

La realidad descrita por el Gobierno tiene sus propios límites cuando habla de sus aliados en el poder: a diferencia de lo hecho con la oposición, Néstor Kirchner ni Cristina Fernández tildan de desestabilizador o agorero a los gremios que piden un aumento del doble de la inflación anunciada por el INDEC.

¿Cuál es la consistencia de una estrategia de crecimiento económico sustentada en el consumo doméstico si se niega su principal fuerza erosiva, y se mantiene una visión difusa sobre los niveles de marginalidad y la capacidad de compra del salario?

La inflación puede terminar siendo la parábola económica del kirchnerismo: lo reprimido sobreviene con una fuerza muy superior a la que tenía originalmente.

* Editor de FortunaWeb

2/3/2010

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Un pensamiento en “La parábola de la inflación y el mercado interno”

  1. Cómo las estádisticas son importantes para saber que decisones tomar en un futura, quería sabaer sí ya se han dedicado a avaeriguar como sera el censo de población que debe llevarse acabo este año.

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