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Opinión

06/03/2010

La nueva agenda del presidente Piñera

Opinión. Por Juan Carlos de Pablo * | Michelle Bachelet pensaba pasar los últimos días que le quedan como presidenta de Chile recibiendo las felicitaciones de una parte importante de sus compatriotas, ordenando sus papeles para desalojar su oficina con calma y supervisar la ceremonia de traspaso presidencial. Sebastián Piñera pensaba pasar los últimos días […]

Opinión. Por Juan Carlos de Pablo * |

Michelle Bachelet pensaba pasar los últimos días que le quedan como presidenta de Chile recibiendo las felicitaciones de una parte importante de sus compatriotas, ordenando sus papeles para desalojar su oficina con calma y supervisar la ceremonia de traspaso presidencial.

Sebastián Piñera pensaba pasar los últimos días que le quedan como presidente electo de Chile manteniendo distendidas reuniones con su equipo (ingenuas, según el apropiado calificativo que Henry Kissinger puso en sus Memorias a toda la actividad que se despliega entre el triunfo electoral y el comienzo del ejercicio de una responsabilidad ejecutiva), repasando una vez más su discurso inaugural y esperando con ansias al próximo 11 de marzo, a mediodía.

Todo esto fue trastocado por completo en la madrugada del sábado 27 de febrero pasado, cuando un terremoto de 8,8 puntos en la escala de Richter provocó más de 800 muertos y notable cantidad de destrozos materiales.

¿En qué se parecen Robinson Crusoe, George Bush hijo y Sebastián Piñera? En que un hecho absolutamente fuera de su control les cambió la vida por completo. A Robinson Crusoe, que el buque en el cual viajaba encallara, obligándolo a vivir durante más de 2 décadas en soledad; a George Bush, el atentado que en 2001 volteó las Torres Gemelas; y a Sebastián Piñera el reciente terremoto.

Los economistas somos objeto de burla por parte de quienes relatan que en un bote en medio del océano hay un físico, un químico y un economista que tienen para comer sardinas, las cuales están dentro de una lata y no tienen abrelatas. Tanto el físico como el químico plantean sugerencias, como hacer hinchar la lata o que ésta se abra deformándola. Cuando le toca hablar al economista, éste comienza diciendo: “Supongamos que tenemos un abrelatas”.

Desde el próximo jueves Sebastián Piñera presidirá el Poder Ejecutivo de Chile, y como no tiene abrelatas –y lo sabe–, al tope de su agenda de trabajo aparecerán las implicancias de todo tipo del terremoto del pasado 27 de febrero.

La ayuda humanitaria existe, pero está limitada a alimentos, bebidas, medicamentos y personal médico y de enfermería. La reconstrucción queda en manos de los locales. Con el mayor de los respetos, el resto del mundo puede organizar la reconstrucción de Haití, sobre bases humanitarias, partiendo del supuesto de que los sobrevivientes del terremoto no tienen cómo hacerla por sus propios medios. No es el caso de Chile. Sobre los hombros (la inteligencia, la coordinación, etc.) de su gente estará la responsabilidad de su reconstrucción.

La cuestión estará al tope de la agenda del flamante presidente durante todo su período. Porque esperando (en el sentido de la esperanza) que no tengan más terremotos, por lo menos de la intensidad experimentada, volver a hacer funcionar lo más urgente puede que sea rápido, pero el resto se tomará su tiempo.

¿Cómo es que si a Chile esto le ocurre con frecuencia, no estaba preparado? Pregunta idiota. Por una parte, porque uno puede prepararse para determinado tipo de fenómenos, pero dentro de cierta magnitud. De la misma manera que los bomberos voluntarios del barrio están en condiciones de solucionar muchos problemas, pero cuando algunos los superan en magnitud no tienen más remedio que sufrir sus consecuencias y ser auxiliados por otros. El mismísimo Estados Unidos cuenta con muchísimos recursos, y recuérdese lo que ocurrió en Nueva Orleáns.

Sebastián Piñera llegó a la presidencia de Chile derrotando a la Concertación, como se denominó al conjunto de partidos políticos que ganó todas las elecciones presidenciales desde que Augusto Pinochet dejó el cargo. Desde el punto de vista ideológico, los simplistas dijeron que “la derecha” le ganó a “la izquierda”, una exageración cuando lo que estaba por ocurrir en nuestro país vecino se juzga con patrones argentinos (de la misma manera que el paso del gobierno, de Pinochetala Concertación, significó muy poco cambio en el rumbo económico general).

¿Con qué herramental enfrentará el gobierno presidido por Piñera, la reconstrucción de Chile luego del terremoto? Más precisamente; ¿lo hará “el mercado” o “el Estado”?

Si el hombre es inteligente, o si está bien asesorado, entenderá la naturaleza complementaria que en esta ocasión tienen el Estado y el mercado. La acción conjunta debería surgir de concentrar la acción Estatal donde el mercado tiene menos ventaja comparativa, la iniciativa privada donde ésta funciona mejor que la estatal.

Para dar un par de ejemplos, sin ser un experto en Chile, debería concentrar sus energías en mejorar las vías de transporte (caminos, puentes, etc.) y las comunicaciones, para que tanto la ayuda humanitaria como el abastecimiento normal puedan llegar lo más rápidamente posible, al tiempo que dejan que los comercios reabran sus puertas, para que la población que cuenta con medios compre lo que necesita sin temor a futuros desabastecimientos, sin tener que sumarse a los saqueadores (entiendo que alguien robe un litro de leche, particularmente si no hay un cajero que cobre, pero no un televisor).

Las cuentas nacionales de Chile mostrarán una fuerte caída durante el primer semestre de 2010, y una fuerte recuperación después. Espero que los futuros “analistas” le presten atención a la dinámica de un terremoto y su posterior recuperación, no sea cosa que en los futuros trabajos se diga que la presidenta Michelle Bachelet terminó estropeando la economía durante su gestión, y que también se aplauda a Sebastián Piñera por el “crecimiento” económico que generó en la economía de su país a partir de mediados de 2010.

Nadie merece padecer un cataclismo de esta intensidad. Junto al abrazo fraterno a los chilenos, el episodio debe hacernos bien humildes -particularmente a quienes hablan y actúan con suficiencia- y reconocedores del papel (a veces crucial) que juegan las circunstancias en la vida de los países y de sus gobernantes.

* Economista. Columnista de Revista Fortuna

5/3/2010

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