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Estilo

05/06/2010

Los cammarano, secretos de una dinastía argentina de sastres

ESTILO | Gustavo Cammarano tiene 34 años y continúa con una tradición familiar que llegó desde Italia. Clientes top, caprichos modernos y los desafíos de un oficio que lucha por sobrevivir. Por María José Bonacifa * Un hombre feliz, así puede definirse a Gustavo Cammarano después de conversar con él sobre su oficio: la sastrería. […]

ESTILO | Gustavo Cammarano tiene 34 años y continúa con una tradición familiar que llegó desde Italia. Clientes top, caprichos modernos y los desafíos de un oficio que lucha por sobrevivir.

LOS CAMMARANO. Padre e hijo, en la sastrería de Callao al 100, en Buenos Aires.

Por María José Bonacifa *

Un hombre feliz, así puede definirse a Gustavo Cammarano después de conversar con él sobre su oficio: la sastrería. Cortar, coser, hilvanar, medir…tareas todas que parecen haber quedado sepultadas en la historia con la irrupción de las cortadoras láser, las máquinas de coser y la moldería industrial que da como resultado los trajes de confección que se pueden comprar en cualquier tienda del mundo. Lo que no se puede con tanta tecnología es lograr que la prenda disimule los defectos o particularidades que tiene cada ser humano cuerpo, o los “pequeños caprichos”, como tener un lugarcito para la cigarrera antes o para un Blackberry ahora.

Los Cammarano se dedican a interpretar estos gustos y convertirlos en impecables prendas desde 1902. El abuelo de Gustavo llegó desde Italia a Paso de los Libres, Corrientes, donde instaló su taller. Cada generación de su familia se fue acercando más a la capital hasta que su padre ingresó como oficial a una sastrería de la por entonces coqueta Avenida de Mayo. Hoy Gustavo dirige el negocio con 34 años, sin querer ni pensarlo demasiado ya que, según confiesa, se crió en la sastrería y a los 8 años era capaz de coser un ruedo, pegar botones o hilvanar un forro.

Con nostalgia, recuerda los tiempos en los que la sastrería era un lugar de encuentro, donde el cliente era un amigo que venía de visita y se quedaba conversando sin mirar el reloj mientras le medían su traje. Hoy es él quien va a verlos a sus oficinas, en los horarios más insólitos y con poquísimo tiempo para medirles. El servicio es valorado por sus clientes que, por ser hombres de negocios, políticos, abogados y contadores que no quieren ni pueden dedicarle más de unos minutos aunque prefieran confiar en la “medida fina” antes que en los modelos que ofrecen los shoppings.

A pesar de su locuacidad, Cammarano es “una tumba” al momento de hablar de ellos en forma particular. Perfil.com pudo saber que entre su clientela está nada menos que Martín Redrado, el controvertido ex presidente del Banco Central. “El corte inglés es el preferido de los hombres que se mueven en las altas esferas y para mi gusto, el más elegante”, sostiene el joven maestro que, ante la insistencia de la periodista en consultarle sobre sus clientes más conocidos, sella sus labios, se disculpa y cambia de tema. “La línea italiana, sin embargo, tiene más adeptos porque permite a quienes la usan ir más sueltos y cómodos”, continúa.

Los géneros, en su mayoría, provienen de la tierra de su abuelo aunque las telas inglesas y los linos irlandeses tienen su legión de fanáticos.Pero no todas son rosas en la vida de un sastre moderno: cada vez hay menos mano de obra especializada, “los jóvenes quieren usar la máquina y acá es todo con aguja e hilo”, remarca. Ya no quedan camiseros ni oficiales sastres como en los tiempos de su padre. Habrá que ver si Cammarano junior, que hizo su incursión en la sastrería teatral pero volvió para continuar la zaga familiar, es capaz de perpetuarla.

Mientras tanto, sigue rodeado de muestrarios en su departamento de Congreso, revisando la agenda y preparando los pedidos para uno de sus clientes favoritos: un hombre de 78 años a quien su padre le hizo hace décadas el frac que llevó cuando se casó.

* Editora de Perfil.com

5/6/2010

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