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Opinión

13/05/2011

CFK-CGT, diez días en una disputa por poder

El Gobierno intenta poner límites al poder político ganado por Hugo Moyano.
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Opinión. Por Juan Pablo De Santis *

Una mujer sobrepasada por la política o una pelea intestina por poder. En los últimos diez días, Cristina Fernández puso en duda dos veces su voluntad para continuar en la Presidencia y respondió cuatro veces al sindicalismo anclado en la CGT que conduce Hugo Moyano.

Aunque de diferente tenor, todos los pronunciamientos expresaron el mismo común denominador: la sensación del Gobierno de que algunos aliados en los últimos tiempos han mutado a cuervos. En esta semana, Cristina repitió dos veces el mismo concepto: “estoy cansada de hipocresía, cansada de los que vivan el nombre Cristina y al otro día hacen todo lo contrario”. Estas fueron las palabras:

 

La relación de un Gobierno peronista con la CGT se retroalimenta y juega al límite. El caso de Moyano es un claro ejemplo: el líder camioneros sabe que no goza de buena imagen entre la clase media y sus chances electorales son muy limitadas. Sin embargo necesita de la estructura orgánica de la Casa Rosada para acceder al poder político.

Por otra parte, el Gobierno necesitó del aparato de Moyano para mantener a flote muchas de sus aventuras políticas: como tratar de contener las demandas que emergen de la elevada (y negada) inflación y mantener a raya los pedidos y favores de grandes empresas.

En cualquier foro de empresas surgen actualmente “los precios” y “la conflictividad gremial” como las dos principales preocupaciones del sector. (Recién la “competitividad” y los “costos laborales” aparecen en tercer y cuarto orden”). En cualquier caso, los gremios han adquirido poder suficiente para recalentar o descomprimir (casi) cualquier conflicto del sector privado con el Gobierno. Moyano sabe que esa relación de fuerza se llama poder, poder real.

Acostumbrada a utilizar sujetos tácitos, Cristina reclamó este jueves a los sindicatos por más solidaridad en vez de “convertise en una corporación”. El señalamiento no es ingenuo: la CGT ha incrementado su poder político y desafía los límites que espera poner el Gobiero al tenor de los reclamos:

  • El jueves un grupo de doce sindicalistas de Aerolíneas Argentinas casi deja sin vuelos de cabotaje a todo el país por un problema de encuadramiento gremial.
  • Ese mismo día, la Federación de Petroleros reavivaba un reclamo que amenaza con desabastecer de nafta a los centros urbanos.
  • Más temprano por la mañana un grupo de empleados de Kraft cortaban Panamericana
  • Y el golpe de gracia había llegado días antes desde Camioneros. Un día después de la reunión Gobierno – CGT por el Pacto Social, Pablo Moyano bloqueó todas las refinerías de petróleo de Capital y Gran Buenos Aires y amenazaba con “extender el conflicto a todo el país”.

El Gobierno no se opuso tajantemente a las protestas sociales por mejoras en las condiciones de ingreso, pero entiende ahora que ya no son “por la redistribución de la riqueza” [tal como reza el apotegma kirchnerista], sino que algunos gremios -casualmente los más sindicalizados y con salarios base más altos de la economía- encaran protestas durísimas sin agotar ninguna instancia previa. En lenguaje político, a mayor presión más será el poder de negociación.

¿La pelea política es entre el Gobierno y el ‘mundo del trabajo’? No, el último discurso de Cristina Fernández manifestó una disputa intestina profunda entre el peronismo encolumnado detrás de Moyano y la Casa Rosada. De hecho, la CGT oficial es la única central obrera que se muestra alineada con el Gobierno: por necesidad y heráldica política.

La CGT Celeste y Blanca que encabeza Luis Barrionuevo se muestra próxima al Peronismo Federal y lejos de las políticas oficiales. De hecho, algunos caciques sindicales encolumnados detrás del gastronómico sienten que el Gobierno a jugado en algunas oportunidades para Moyano en detrimento de sus propios gremios. En la otra vereda, la CTA que ahora lidera Pablo Micheli se declara abiertamente opositora y para el 8 de junio prepara un paro nacional.

El apoyo de los gremios moyanistas no es gratis: en moneda de cambio significa cargos políticos. La diferencia central en los últimos seis meses es la ausencia de “Él”; Néstor Kirchner ya no media entre los reclamos del “universo sindical peronista” y el ejercicio del poder personalista que desarrollaban los Kirchner.

La necesidad reciente de Cristina Fernández de expresar límites a Moyano pueden resultar un tiro por elevación: buscar en “nuevos sectores” (gremios opositores, empresariado industrial y la clase media) nuevos aliados para limitar las ambiciones del secretario general de la CGT.

Cronología: 2 al 12 de mayo

* Editor de FortunaWeb

13/5/2011

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