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Opinión

17/06/2011

Una burguesía nacional que (no) hace política

El 95% de las industrias argentinas no tiene "conciencia de sector".

Opinión. Por Juan Pablo De Santis *

No existen simplificaciones convenientes para hablar del matrimonio política-dinero, y mucho menos de empresarios. Con la llegada del kirchnerismo al poder, el empresariado industrial es uno de los que primero se ha beneficiado con el crecimiento de la economía, pero quizás es uno de los últimos en sentarse a debatir en conjunto a qué modelo económico apostarán su capital.

Las diferencias de criterio entre los industriales se deben a una cuestión de reconocimiento de las necesidades: en Argentina el 95% de las empresas manufactureras son PYME y el 5% es considerada como “grande”, según el ministerio de Industria.

El caso de los grandes

Este último grupo configura una mayoría en términos públicos: poseen mayor acceso a despachos oficiales, integran las cámaras empresarias de mayor poder de lobby y acceso a medios de comunicación.

¿Acaso hay empresarios que no hagan política? Un buen diplomático de los negocios sabe que para negociar con el Estado hay que mostrar el hambre, pero no las ganas de comer. Pero queda claro que el poder político no es ocupar un cargo público, sino ejercer intervención en las estructuras de la economía.

En el actual contexto del país, las centrales fabriles están encabezadas por hombres de cintura política. Por caso, el actual presidente de la UIA, José Ignacio De Mendiguren, fue Ministro de la Producción durante la presidencia interina de Duhalde y Director del Banco Nación. La entidad que conduce representa los intereses de los conglomerados industriales más grandes.

El problema de los chicos

Desde el inicio de la década del ’70, los empresarios Pyme perdieron una gran cuota de representación gremial y capacidad organizativa debido a la tempestades económicas y políticas. La periodista María Seoane -en su libro El burgués maldito recapitula una interesante referencia histórica: hacia 1974 la Confederación General Económica (CGE) nucleaba 2.000 cámaras y 1,3 millones de afiliados. Actualmente ninguna cámara pyme que reúna al menos el 20% de esta concentración.

El 14 de junio un grupo de 300 pequeños y medianos empresarios lanzaron una agrupación llamada José Ber Gelbard, quién fue ministro de economía de Héctor Cámpora y Juan Domingo Perón, y bajo el lema “Las Pymes hacemos política“. El movimiento está conformado por empresarios pyme de diversos sectores (metalúrgicos, calzado, marroquinería…) decididos a apoyar a la gestión económica-productiva del kirchnerismo.

Dos hechos contradictorios vinculan a la economía kirchnerista con los pequeños empresarios: la política de promoción del mercado interno y exportaciones hizo florecer a pequeñas empresas, pero la gestión de la coyuntura económica perjudica notablemente sus chances de crecimiento.

Puntos calientes

La falta de un índice de precios confiable e inflación elevada, la carencia de crédito barato y de fácil acceso, alta presión tributaria sobre medianos contribuyentes y el persistente nivel de 34% de empleo en negro [después de 8 años de crecimiento económico] son temas que afectan al corazón del desarrollo de las pequeñas industrias y que no se pueden agotar en el apoyo u oposición a un gobierno.

Los pequeños empresarios pueden hacer política, pero sus posturas se pueden ver fuertemente debilitadas si no logran cohesión para proponer una visión de conjunto y críticas ante el partido de Gobierno. La fortaleza de un grupo radica también en el reconocimiento de las necesidades colectivas (más allá de las banderías particulares).

La autocrítica más profunda que debe imponerse la burguesía nacional es la falta de conciencia sectorial. Desde el retorno de la democracia en 1983 este fue el problema de fondo que más fuerte impactó sobre los empresarios pymes. Los años de “políticas pro-mercado” produjeron una fuerte disgregación en este conjunto: algunos cayeron presos de los beneficios particulares mientras otros directamente no encontraron cabida.

El gran desafío gremial que enfrenta el 95% de las industrias del país (todas ellas pequeñas y medianas) es lograr un mecanismo de representación sólido que se mantenga en el tiempo más allá de una elección.

* Editor de FortunaWeb
Twitter @juanpdesantis

17/6/2011

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