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Opinión

25/07/2011

Las tapas de The Economist

La principal revista económica del mundo y la crisis financiera internacional.
Ceferino Reato

Ceferino ReatoOpinión. Por Ceferino Reato *

Las tapas de The Economist suelen tener esa magia de las grandes revistas de captar de manera perfecta la esencia de la principal noticia de su contenido. En esta ocasión, luego de una serie de advertencias, la crisis de la deuda soberana en Europa llegó a Italia y ahí ya el problema se vuelve muy delicado, al punto de colocar al borde del abismo al Euro, que se ha convertido en el símbolo, en el corazón, de la Europa continental unida.

Mientras el contagio se circunscribía a Grecia, Irlanda y Portugal era una cosa; pero Italia es la tercera economía más importante de la Zona Euro y la tercera emisora de títulos públicos más grande de todo el mundo.

Los italianos deben alrededor de un cuarto de toda la deuda pública de la Zona Euro y sus títulos están en manos de bancos y aseguradoras de toda esa región.

¿Y luego qué? Si Italia no resiste, si el ajuste de emergencia votado por el Parlamento, no funciona, los principales perjudicados serían los bancos franceses, que a fin del año pasado eran titulares de casi 120 mil millones de dólares de esa deuda. Y se agravarían los problemas de sus vecinos españoles, que, por otro lado, han puesto en un jaque continuo al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

La relación entre Producto Bruto Interno y deuda pública es alta en Italia ya que alcanza al 120 por ciento. De acuerdo con el artículo que abre el suplemento de The Economist de esta edición, Italia también registra un crónico problema de crecimiento, pero no es insolvente dados su superávit fiscal primario, su pujante sector exportador y el vencimiento promedio de su deuda, que es de siete años.

The Economist es optimista con relación a Italia, en parte también porque considera que su sistema bancario es más fuerte de lo que parece.

Hay dificultades sí en el plano político, donde el premier Silvio Berlusconi aparece desgastado pero el ajuste fue aprobado por el Parlamento en tiempo récord, tal vez porque los italianos saben reaccionar de manera creativa frente a las emergencias.

Mientras tanto, los países europeos seguían demorando el acuerdo sobre un nuevo plan de salvataje para Grecia.

Alemania, que lleva la voz cantante porque lidera la región y es el país que más dinero debería poner, exige un mayor esfuerzo a los griegos pero también reclama que los bancos renuncien a parte de sus acreencias. El problema es cómo imponer una pérdida financiera a los tenedores de bonos sin que eso sea tomado por las agencias de clasificación crediticia como una moratoria. Mario Blejer, ex presidente del Banco Central, ofrece una solución, extraída de un pasaje del Talmud, en las páginas 92 y 93.

* Editor Ejecutivo de Revista Fortuna

25/7/2011

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