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Opinión

14/11/2011

Llegó la hora de pagar los votos

Por Enrique Szewach *
Enrique Szewach
Escribe

Seguramente, hubo gente que votó a la Presidenta más allá de su bolsillo. Seguramente hubo gente que no la votó, a pesar de su bolsillo.

Pero lo cierto es que, independientemente de las razones que llevaron al 54% de los ciudadanos/as del país que finalmente votaron, a elegir la continuidad del kirchnerismo, el Gobierno actuó, en estos años, como si lo único que les importara a los votantes fuera la situación económica de corto plazo.

Así, el precio de los servicios públicos se mantuvo congelado para alegría de la mayoría de los ciudadanos de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano bonaerense. Así, las jubilaciones mínimas tuvieron fuertes aumentos reales. Así la masa salarial (empleo por salarios) del sector público y privado formal, se incrementaron bien por encima de la inflación y de la productividad de la economía.

Así, el poco crédito disponible se orientó al consumo de bienes durables, a tasas relativamente bajas. Así, se otorgaron subsidios monetarios a distintos sectores de la población y se regalaron desde el fútbol para todos a netbooks. Así, se mantuvieron bajos los precios que reciben los productores de gas y petróleo, para no presionar sobre los precios finales de los derivados.

Todo esto generó un clima general de bonanza económica.
Una parte de ese clima se sustenta en un cambio importante de los precios de los productos que la Argentina exporta desde el sector agroindustrial –mejora de los términos del intercambio. Es decir, parte de la bonanza se basa en elementos firmes y relativamente estructurales, más allá de las caídas coyunturales que podamos ver en los próximos meses/años de dichos precios. Se produce más soja y la vendemos, en diversas formas, más cara.

En ese aspecto, somos claramente más ricos. Otra parte de la bonanza resulta de la particular relación industrial con Brasil, en especial del sector automotriz, que fabrica autos y autopartes, para satisfacer el aumento de la demanda de ese país y que también tiene una mezcla de coyuntura y estructura.

Pero otra parte de esta bonanza no tuvo una base sólida. Por el contrario, sólo fue posible por la “herencia recibida” por la abundancia de dólares provenientes de la mencionada soja, por el uso de stocks acumulados o por el abuso de la emisión monetaria como mecanismo de financiamiento.

El congelamiento de tarifas sólo fue posible dada la capacidad instalada excedente de la década del 90 en los sectores proveedores de energía. Si hubiera habido que, además, invertir en serio, el monto en subsidios hubiera explotado.

Obviamente, esto no ha sido gratuito. El deterioro del stock de capital en el sector energético es evidente. A su vez, al no remunerar adecuadamente a los productores locales, la exploración y producción de petróleo y gas ha estado cayendo, demandando cada vez más importaciones y más dólares. En el caso del transporte, hubo alguna renovación en el transporte automotor de pasajeros, pero no es el caso del transporte ferroviario, que ajustó por calidad. Mientras que el caso de subterráneos es “mixto”. Hubo alguna inversión en ampliación de la red, pero con visibles ajustes a la baja de la calidad total del servicio.

Lo mismo ha ocurrido con el deterioro de la infraestructura vial y su no actualización y modernización, de lo que dan cuenta, desgraciadamente, los muertos y heridos en las rutas argentinas.
Todo esto se financió con mayor presión impositiva, no sólo a los exportadores agroindustriales y energéticos, si no también al resto de la producción que compensó con escala y mayores precios. Y cuando esto no alcanzó, se usaron los fondos de las ex AFJP, las reservas en dólares del Banco Central y la emisión monetaria (más inflación).

Ahora, lo que queda claro, es que se están agotando los recursos para el componente “artificial” de la bonanza. La gente lo intuye y compra dólares para protegerse de un eventual nuevo “manotazo” a los stocks. Los empresarios lo saben y esperan para ver a quién le toca pagar o pretenden “influir” para no ser ellos y que sean “otros”. El Gobierno también lo sabe, y apuesta a la policía y al acuerdo social. A la Argentina le ha llegado la hora de pagar la fiesta macroeconómica de estos años. Cuanto antes y más profesionalmente lo hagamos, menores serán los costos.

Barrer debajo de la alfombra y echarle la culpa a una conspiración, aunque la hubiere, nunca será una solución.

* Economista

Fuente: PERFIL

14/11/2011

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