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Economía

15/12/2011

Bernardo Kosacoff: “Para competir hay que invertir más y mejor”

Uno de los economistas más escuchados por el Gobierno y sus técnicos dice que devaluar ya no es una opción para tener competitividad.
CAMBIO. Para el ex director local de la Cepal, "ya no se puede competir por precio".
CAMBIO. Para el ex director local de la Cepal, "ya no se puede competir por precio".

CAMBIO. Para el ex director local de la Cepal, "ya no se puede competir por precio".

Por Carmen López Imizcoz *

“Es muy difícil seguir avanzando con la competitividad-precio: no podemos pensar en una devaluación ni en una baja de salarios, tarifas o tasas de interés.” Este es el diagnóstico del reconocido economista especializado en Organización Industrial Bernardo Kosacoff, quien, en cambio, aconseja “generar riqueza siendo más eficientes”, es decir, “aumentar la inversión y su calidad: mejorar la gestión de calidad, desarrollar proveedores especializados, calificar los recursos humanos y dar más preponderancia a los esfuerzos de ciencia y tecnología”.

Para lograr este salto inversor cualitativo, “se requiere una tarea de sintonía fina: ver en cada sector, empresa, región, provincia, dónde están los problemas específicos que afectan a la producción y cómo se los corrige para que el país recomponga su capacidad de generar riqueza”, según el ex director de la oficina local de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que recibió a PERFIL en su casa de Palermo Hollywood el jueves, antes de que la Presidenta anunciara la creación de una subsecretaría de la Competitividad.

—Tras la reelección, ¿cambió la política económica?
—No. Hay nuevos dilemas económicos y cómo se administrarán es un interrogante. Tras la convertibilidad, hubo desempeños económicos muy positivos y cambios estructurales, como el aumento de la tasa de ahorro y el desendeudamiento. Pero surgieron cuatro temas a administrar: la inflación, la salida de capitales, los subsidios y la eficiencia y  productividad. En particular, es preocupante el déficit comercial manufacturero, de unos 30 mil millones de dólares. Algunos plantean que estos temas derivarán en una crisis. Pero hay margen técnico para no recurrir a una crisis para solucionarlos. Hay holguras menores que en el pasado reciente, sobre todo, en la disponibilidad de divisas y en los números fiscales. Pero aún hoy la Argentina tiene tres pilares para sostener su desarrollo sin recurrir a una crisis: la macro, el escenario internacional y la micro. En el escenario internacional, los horizontes son cada vez más breves, pero la Argentina aún está bien posicionada. En la microeconomía, venimos de nueve años muy buenos. El punto de partida de las empresas es muy positivo, sobre todo por su situación patrimonial y desendeudamiento. Pero hay que reconocer los problemas y actuar, no con medidas parciales, sino con consistencia para que los horizontes de los agentes económicos se agranden y se tomen decisiones a largo plazo.
—La Presidenta habló de “sintonía fina”. ¿Alcanza?
—Es una buena expresión, a la que habrá que ponerle contenido. Hay muchas  interpretaciones sobre la “sintonía fina”, que es el manejo de la política económica. Tras la convertibilidad, había una fuerte capacidad ociosa en el mercado de trabajo y en el aparato productivo. Además, hubo un cambio muy favorable en el contexto internacional, con buenos precios y más cantidades. En cinco décadas, la producción argentina de granos se estancó en 20 millones de toneladas y, en este siglo, es de unos 100 millones de toneladas. Tenemos cinco veces más volumen y precios que duplican el promedio histórico. Otros precios que nos favorecieron fueron los de nuestros insumos básicos, que exportamos. Entonces, la primera etapa posconvertilividad se vio muy favorecida por la competitividad-precio: teníamos un tipo de cambio muy alto, salarios muy bajos en términos de poder adquisitivo y de costos de producción, tarifas congeladas y muy baratas y tasa de interés real negativa, con lo cual se generó una notable recuperación.
—¿Esa competitividad-precio se perdió?
—Desapareció. La recuperación se dio porque también se duplicó la inversión del 11 al 22%, lo que permitió sostener el crecimiento.
—¿Alcanza con esa tasa de inversión?
—En términos históricos, es una tasa alta. La inversión debe verse con sintonía fina. Con el 11% no amortizábamos ni el capital. La tasa actual de 22-23% es alta, pero si la descomponemos, hay mucha construcción, recursos naturales, minería, turismo e inversión pública, que no compite con la privada, sino que es complementaria y positiva. La Argentina necesita tres o cuatro puntos más de inversión, que debe ser más selectiva, para reproducir la generación de riqueza, con la participación de las grandes empresas y, en especial, de las filiales de las transnacionales, que deben generar valor agregado en el país e integrarse a las cadenas globales.

“El mundo está cada vez más complicado”

—Los nuevos desafíos se deberán abordar en un contexto de desaceleración del  mundo desarrollado. ¿Cómo ve la repercusión local de la crisis internacional?
—El mundo está cada vez más complicado. No sólo porque se desaceleraron los países desarrollados sino porque hay que competir en cadenas globales de valor –fenómeno que empezó en los 70, pero que sigue vigente– y apareció el mundo asiático. El mundo asiático produce más, mejor y más barato y, encima, con guerras de divisas. Hay que competir muy fuerte. El desafío es mucho más complicado y es parte de la sintonía fina. Para exportar materias primas o commodities, las tareas de la Cancillería son muy menores, pero para entrar a los mercados con productos elaborados, sofisticados, se requieren procesos de negociación internacional de acceso a los mercados, acuerdos con Brasil, porque tenemos problemas y objetivos muy similares.

* De la redacción del diario Perfil

15-12-2011

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