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Economía

05/06/2012

Los senderos del dólar que se bifurcan

Por Fernando Amador Agra *

Las presiones sobre el valor del dólar, que se acentuaron en octubre de 2011, derivaron en una profundización del control de cambios con un monitoreo ex ante de la AFIP sobre los potenciales compradores de divisas, crispando los nervios de los inversionistas y logrando como contrapartida una pérdida de depósitos en dólares en el sistema bancario.

Seis meses después, confusas regulaciones mediante, nos encontramos con nuevas reglamentaciones que, según la opinión de algunos analistas, intentan salvar las dificultades para adquirir divisas para poder viajar al exterior, mientras que otros sostienen que es un avance más sobre los derechos individuales.

Conjuntamente a las medidas implementadas se conjuga el discurso oficial que nos convoca a atesorar en “pesos”, a desdolarizar nuestros comportamientos económicos, que en el actual escenario de inflación se transforma en una verdadera oda al patriotismo.

Las restricciones a las importaciones y la actual “batalla” contra nuestra adicción al dólar manifiestan la necesidad de divisas, por cierto escasas, que tienen las autoridades económicas, la cual se enfrenta con la demanda de quiénes buscan un eficaz refugio de valor junto con los que deben afrontar compromisos con el exterior producto de su actividad económica.

Como simultáneamente no se quiere dejar deslizar el valor del tipo de cambio nominal para no convalidar expectativas de depreciación de la moneda local, la táctica elegida fue actuar sobre las cantidades racionando el mercado cambiario.

En este estado de situación, que alimenta aún más la incertidumbre sobre el devenir del mercado cambiario, el denominado “dólar blue” se afirma como el tensiómetro del mercado y se corre el riesgo de que se transforme en la variable de referencia de los formadores de precios y coordine las expectativas inflacionarias.

La economía necesita un “ancla nominal” y la reforma a la carta orgánica del BCRA nos hace dirigir la mirada hacia otro lado, ante la creencia de que allí no lo encontraremos.

Los efectos de la estrategia cambiaria desarrollada son más que evidentes; incertidumbre en torno al valor del dólar, depositantes en dólares inquietos, el mercado inmobiliario que tiende a contraerse, actividades industriales penando por conseguir insumos importados para continuar produciendo y un mercado paralelo, aunque reducido, que acapara la atención de todos los actores e incentiva la imaginación para adquirir dólares, preciado tesoro.

El andamiaje de política construido, si bien está logrando el objetivo perseguido (ser el principal receptor de la oferta de dólares disponibles), es a costa de pérdida de credibilidad y eficacia a mediano plazo.

Este escenario es digno de un cuento de Borges: la cuestión cambiaria está transitando por senderos que se bifurcan. Las autoridades corren el riesgo de quedar atrapadas dentro del laberinto regulatorio que diseñaron. Como expresó el poeta Leopoldo Marechal, de todo laberinto se sale por arriba …

* Director de la Licenciatura en Economía de la UCES

5-4-2012

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