FORTUNA WEB

Youtube

G Plus

Facebook

Twitter

 

Opinión

14/02/2013

Claves para decidir en un año crucial

Por Juan Carlos De Pablo (*)
0214_cristina_saluda_fortunaweb
0214_cristina_saluda_fortunaweb
2013 es un período de 365 días en el calendario, un casillero en muchos cuadros estadísticos, y un lapso irrelevante para la toma de decisiones en Argentina. Por eso vengo diciendo que, referido al año que acaba de comenzar, más que hablar de 2013 tiene sentido hablar del arranque de 2013.
¿A qué claves políticas y económicas hay que prestarle atención para armar una composición de lugar que nos sirva para tomar decisiones?
En el plano político, se reafirma el estilo K de conducción. Se adopta una decisión, frente a las críticas se duplica la apuesta y se espera que el adversario-enemigo no tenga más remedio que acercarse, con los pantalones bajos. Funcionó exitosamente en Río Gallegos y en Santa Cruz; y en el gobierno nacional hasta la resolución del ministerio de Economía 125, de marzo de 2008, cuando el sector agropecuario al oficialismo le hizo “perder el invicto”, cosa que no le perdonarán jamás.
Formalmente, en octubre próximo los argentinos renovaremos parcialmente las cámaras de Diputados y Senadores. Pero como bien se dice, dicha elección es mucho más que una simple consulta electoral de medio período porque se juega la chance de que Cristina Fernández de Kirchner pueda nuevamente ser candidata presidencial, en 2015. A la luz de las encuestas de opinión profesionalmente más confiables, las marchas de setiembre y noviembre del año pasado y la determinación de 28 senadores y 107 diputados nacionales, de no votar cambios en la Constitución por lo menos hasta diciembre de 2013, hay que adoptar las decisiones sobre la base de que a fines de 2015 habrá cambio presidencial.
En el plano económico, la clave está en el hecho de que al Poder Ejecutivo Nacional la población no le cree nada. No me canso de repetir, particularmente delante de mis colegas que piensan que se pueden efectuar recomendaciones técnicas ignorando el gobierno que las va a aplicar, que la política económica –y por consiguiente los resultados- nunca se da en el vacío, sino en un escenario internacional y en un contexto político específicos.
Cuando el gobierno no es creíble, cuando quien busca alguna pista para conjeturar cuál puede ser el próximo paso en materia de política económica, está totalmente desorientado, el horizonte decisorio se achica. Esta es la razón fundamental por la cual, en serio, en Argentina no se puede hablar de 2013. Desde la crisis internacional desatada en el segundo semestre de 2007 los extranjeros que operan con nosotros dejaron de exigir pronósticos detallados, con decimales, porque ellos tampoco saben qué les va a ocurrir en sus propias tierras.
Tomemos la cuestión salarial. Entiendo perfectamente a un dirigente empresario, cuando pretende cerrar una negociación con vigencia anual, y no hablar más del asunto hasta el mismo mes de 2014. Pero también entiendo perfectamente a un dirigente sindical, cuando pretende negociar ahora un acuerdo, y cuando lo cierra comenzar… ¡la próxima negociación!
Quien no entienda esto, que conteste el siguiente interrogante: ¿a qué precio en pesos comprometería usted hoy la entrega de un producto, o la prestación de un servicio, con fecha noviembre de 2013? Pues bien, partamos de la base de que los demás no son más tontos que cada uno de nosotros.
En 2013, entonces, parafraseando a Antonio Machado, “se hará camino al andar”. No hay que tomar las decisiones sobre la base de que el Poder Ejecutivo, finalmente, entenderá que los diagnósticos que no coinciden con el relato no son producto de conspiraciones para que fracase el “nuevo modelo de país”. Por el contrario, hay que adoptarlas sobre la base de que continuará con lo que está haciendo, es decir, con un aumento del gasto público y la emisión monetaria bien por encima del aumento del tipo de cambio en el segmento oficial del mercado de cambios, sin sinceramiento de las tarifas de los servicios privatizados o concesionados durante la década de 1990.
He venido diciendo, desde hace varios años, que la correcta interpretación de las “tasas chinas” que caracterizaron la evolución del PBI a partir de 2003, tiene que arrancar en 1998, es decir, que lo que ocurrió fue una fortísima reactivación, luego de una fortísima recesión, con ayuda de la mejora de los términos del intercambio y las inversiones en infraestructura realizadas durante la década de 1990.
Pero si esto es así (¡y lo es!), la reactivación estaba llamada a agotarse. Ocurrió en 2012, y para el año en curso el “crecimiento” esperado está más cifrado en buenas noticias provenientes del exterior (soja, reactivación de Brasil) que en estímulos locales. ¿Cuánto más intentarán hacer crecer el gasto público y la cantidad de dinero, para que el consumo reactive la economía y mejore las chances electorales del oficialismo?
¿Viene un nuevo Rodrigazo? No tengo cómo saberlo. Pero, entonces; ¿no viene el Rodrigazo? Tampoco tengo cómo saberlo. No estoy haciendo la apología de la ignorancia, estoy pinchando el globo de la seudo sabiduría. Claro que sería muy bueno tener respuestas adecuadas a las preguntas relevantes, pero esto no genera automáticamente la aparición de dichas respuestas.
Por eso 2013 requiere que cada uno de nosotros focalice la atención y la acción. No pierda tiempo leyendo o escuchando debates principistas o totalizadores, porque es exactamente eso: una pérdida de tiempo. La clave decisoria está en entender la dinámica a la que lleva esta forma de encarar la política-política, y la política económica, para actuar en consecuencia. Lo demás queda para los futuros historiadores económicos del período que nos toca vivir.
(*) Especial para FortunaWeb.

 

 

Expertos