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Opinión

15/02/2013

¿Hacia un Papa Latinoamericano?

por Rosendo Fraga (*)
¿Quién reemplazará a Benedicto XVI?
¿Quién reemplazará a Benedicto XVI?
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¿Quién reemplazará a Benedicto XVI?

La abdicación del Papa adquiere importancia para América Latina dado que tres de cada cuatro habitantes de ella profesan el catolicismo. La matriz religiosa establecida por la colonización española y portuguesa -dos países de Europa homogéneamente católicos-, el fuerte mestizaje que se generó en esta parte del mundo y la combinación de la religiosidad católica con las devociones populares de la cultura tanto de origen indígena como afro -en algunos casos con formas sincréticas- son algunas explicaciones de este fenómeno.

Si bien las sectas cristianas de origen protestante han avanzado en las últimas décadas en algunos países, el crecimiento demográfico de la mayoría católica le ha permitido mantener una alta cantidad de fieles, aunque la mayoría de ellos fuera de la formalidad de las reglas del culto. A ello se ha sumado el incremento de los católicos en los Estados Unidos a consecuencia del aumento de la población de origen hispano. Ello hace que antes de promediar el siglo XXI la católica será la primera religión en dicho país.

Los católicos son la primera religión del mundo con más de mil millones de fieles (sumadas las distintas versiones del cristianismo; los latinoamericanos son casi la mitad de los católicos del mundo y hacia 2030 serán dos tercios por el crecimiento demográfico frente al decrecimiento en Europa y el aumento de la secularización en este continente (es la única región del mundo donde esto sucede; en el resto, la religiosidad en diversas formas y expresiones está en aumento). Por estas razones, la primera abdicación de un Papa en más de seiscientos años es relevante para la región.

Pese a ello, sólo 19 de los 117 cardenales electores son latinoamericanos. Teniendo cerca de la mitad de los católicos del mundo, America Latina tiene menos de un sexto de los cardenales que elegirán al nuevo Papa. La participación latinoamericana en el Consejo Cardenalicio fue aumentando durante el largo papado de Juan Pablo II, al mismo tiempo que se incrementaba la importancia de la región como porcentaje de la grey católica.

La posibilidad de un Papa latinoamericano ya estuvo cerca en 2005, cuando fue electo Benedicto XVI. Entonces, en las dos primeras rondas el más votado fue el Arzobispo de Buenos Aires (Bergoglio) y pudo haber sido electo en la tercera si no hubiese renunciado. Formalmente, argumentó que lo hizo para no dividir a la Iglesia, pero algunas versiones sostienen que dijo tener una tendencia hacia la depresión, situación que no lo hacía apto para la función.

Desde su llegada al Papado, el Papa alemán fue licuando el peso de América Latina entre los cardenales electores: fueron designados menos latinoamericanos y más europeos, africanos y asiáticos. Evitar un Papa de esta región parece haber sido uno de los objetivos de Benedicto XVI. En su visión, el catolicismo latinoamericano es menos ortodoxo en lo doctrinario y para él sólo un retorno a la fe tradicional permitiría la revitalización de la fe católica.

Por estas razones, no es fácil que sea electo un Papa latinoamericano. Los sectores más conservadores de la Iglesia europea prefieren incluso un Papa de África o Asia que uno latinoamericano. Es que en dichos continentes el catolicismo es una religión de minorías pero creciente. Normalmente, las religiones que son minoritarias en una sociedad tienden a ser más ortodoxas que las mayoritarias. Es el caso de los católicos británicos, durante siglos perseguidos por los protestantes. Es así como en materia doctrinaria resultan más conservadores los obispos africanos que los latinoamericanos. Ello coincide con el hecho de que participa normalmente más en el culto la minoría africana que es católica que la mayoría latinoamericana.

La abdicación del Papa seguramente ha sido por la causa que expuso: “No me dan las fuerzas”. Pero tiene lugar en el momento que han estallado escándalos en el Vaticano, no sólo por manejos financieros -algo que no es nuevo- sino también por las intrigas y luchas internas dentro de la burocracia vaticana. Este factor también jugará en la elección del nuevo Papa y estas luchas encubiertas por el poder, que últimamente dejaron de ser tan encubiertas, pasan a influir en la elección del nuevo Papa, que tendrá lugar a partir de mediados de marzo. Los escándalos por los abusos de sacerdotes a menores es uno de los temas que muestran la necesidad de una reforma en temas como el celibato y será una de las cuestiones a enfrentar por el nuevo Papa.

Si se eligiera un Papa no europeo, sería la primera vez en más de 1.500 años que ello sucede. Sólo en los primeros siglos de la Iglesia se eligieron algunos papas provenientes del Asia Menor y el Norte de Africa.

En este marco, siempre pueden surgir sorpresas, como también alternativas conciliatorias. Tal es el caso si fuera electo el Prefecto para las Iglesias Orientales, el cardenal Sandri. No sería una sorpresa dado que es considerado por los analistas uno de los papables. Tiene 69 años y durante el largo papado de Juan Pablo II fue el segundo del secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Sodano, lo que implica ser el tercero en las decisiones de la burocracia vaticana.

Benedicto XVI lo ascendió a un cargo de mayor jerarquía formal, pero de menor peso real dentro del Vaticano. Se trata de un argentino nacido en Buenos Aires e hijo de inmigrantes italianos, que ha desarrollado la mayor parte de su carrera sacerdotal en la diplomacia y la burocracia vaticana, siendo en los hechos casi un cardenal italiano pese a su nacimiento. Sería una forma de elegir un latinoamericano, optando en la realidad por alguien que representa a los cardenales italianos, quienes durante el segundo milenio han elegido a los papas.

En contra de Sandri puede jugar su falta de carisma, pero a lo mejor es quien tiene más aptitud para resolver los problemas internos del Vaticano. Que dos argentinos estén entre los papables -Bergoglio vuelve a ser mencionado aunque con pocas posibilidades por lo avanzado de su edad al tener 76 años- quizás puede explicarse por el hecho de que Argentina es el país latinoamericano más europeo y donde la inmigración italiana ha tenido mayor importancia relativa.

En conclusión: la abdicación del Papa es importante para América Latina porque tres de cada cuatro habitantes de la región son católicos; pese a ello, menos de un sexto de los cardenales electores son latinoamericanos (19 sobre 117); Benedicto XVI ha operado para debilitar la influencia latinoamericana en las decisiones de la Iglesia y por eso no es fácil que sea electo un Papa latinoamericano y hay alternativas intermedias como el cardenal Sandri, un papable que, aunque nacido en Argentina, representa más bien a los cardenales italianos tanto por origen como trayectoria.

(*) Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.
Especial para FortunaWeb.

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