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22/10/2013

Cuando el trabajo se convierte en una adicción

Pensar sistemáticamente en trabajo puede ser una trampa mortal. Los problemas más comunes de los “workaholic”. Qué opinan expertos.
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Por Samuel Acker (*) Para Petra Mintzek, el rendimiento siempre era importante. “Ya en la escuela tenía la sensación, a pesar de las buenas notas, que debería esforzarme más todavía”. Esta presión aumentó cuando, después del bachillerato, comenzó a estudiar para empleada bancaria. A pesar de que sus jefes la elogiaban, nunca estaba contenta con sí misma y hacía muchísimas horas extras no retribuidas. Cuando volvía a casa en la noche, pensaba sobre todo en el trabajo. Hoy, esta mujer alemana, de 42 años, que actualmente ejerce de profesora, sabe que era una adicta al trabajo, una “workaholic”.

Petra Mintzek no es la única persona que tiene este problema. La vida de los afectados sólo es el trabajo, con fases mínimas de recuperación mediante el sueño, la ingestión de alimentos y la higiene.

Muchas veces, las personas afectadas ni siquiera logran liberarse de los pensamientos sobre el trabajo durante su tiempo de ocio. Cuando no se puede trabajar porque hay que tomar días libres, los workaholics muchas veces no se sienten bien. “Necesitan permanentemente la sensación de ser productivos”, explica Rüdiger Trimpop, profesor de psicología empresarial de la Universidad de Jena.

La permanente carga de trabajo afecta mucho al cuerpo. Las consecuencias son dolores de cabeza, molestas estomacales, mareos e insomnio, explica Marianne Resch, profesora de psicología laboral en la Universidad de Flensburgo.

Petra Mintzek se refugió en la comida para reducir el estrés. Cuatro años después, con muchos kilos de peso acumulados, renunció a su empleo en el banco. Empezó a reorientarse y comenzó a hacer estudios universitarios orientados a la docencia en la enseñanza media. “Hasta la pasantía todo era más relajante”, dice. Sin embargo, durante la fase de prácticas recayó. “Cuando sólo lograba dormir tres horas a la semana, decidió acudir a un psicólogo”.

El primer paso para mejorar la salud consiste en reconocer la fijación enfermiza por el trabajo. “Después, para superar la adicción se necesita apoyo”, dice Trimpop. Por esto, los empleados afectados deberían informar cuanto antes de su situación a la familia y a los amigos.

La psicóloga Resch recomienda a los empleados enfermos que lo mejor que pueden hacer para crear una distancia interna respecto al trabajo es tomarse unas largas vacaciones. Al respecto, el psicólogo laboral Stefan Poppelreuter dice que una vez cargadas las pilas nuevamente, los workaholics deben aprender a dar la misma importancia a los compromisos privados que a los profesionales. Las citas con amigos o la familia sólo deberían cancelarse en casos absolutamente excepcionales.

Según Trimpop, un hobby compartido con otras personas puede ser una ayuda adicional para que los afectados superen su fijación enfermiza por el trabajo. Como ejemplo menciona el entrenamiento regular en un equipo de fútbol. “Eso les permite a los afectados entender que también se puede tener sensaciones de éxito al margen del trabajo”.

En Alemania hay tertulias de los “Adictos anónimos al trabajo”, donde los afectados pueden intercambiar sus experiencias. Estas reuniones también ayudaron a Petra Mintzek. Ella se enteró de la existencia de esos grupos en Internet. Desde entonces, se reúne cada dos semanas con otras personas afectadas. “Muchas veces todavía estoy tan fijada por el trabajo que cambio mil veces los ejercicios para mis alumnos. Sin embargo, siento que estoy recuperándome”.

(*) dpa.

22-10-2013

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