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Opinión

07/01/2014

Capitanich en su labertino

Sintonía fina y corrupción. La carta al lector de la revista Fortuna escrita por su editor, Ceferino Reato.
A Capitanich le espera un un año duro.
A Capitanich le espera un un año duro.

Por Ceferino Reato (*)

Jorge Capitanich, el jefe de Gabiente en quien la Presidenta delegó la gestión cotidiana del Gobierno a causa de sus problemas de salud, está tropezando con las pujas internas del kirchnerismo y las dificultades derivadas de una situación social y económica que no es, ciertamente, la que pintan ni el relato oficial ni las estadísticas del INDEC.

En su nuevo rol, Capitanich debe, por un lado, esquivar las zancadillas del secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, entre otros rivales, y, por el otro, atender los problemas que se han ido acumulando en los últimos meses: inflación, subsidios, presión fiscal, demandas salariales, retraso y cepo cambiarios, pérdida de reservas, falta de inversiones, etcétera.

El dilema de Capitanich es que su arsenal para enfrentar esas dificultades empuja al Gobierno hacia el centro ideológico, algo que fastidia no solo a muchos militantes del kirchnerismo sino a la propia Cristina Kirchner. En otras palabras: ¿cómo hacer un ajuste o, si se prefieren otras palabras, la sintonía fina del modelo sin que el relato oficial quede deshilachado?

Además, las denuncias sobre presuntos casos de corrupción que afectan al corazón del poder político, es decir a la Presidenta , introducen un “ruido político” adverso: ¿cómo recortar subsidios al consumo o a la producción cuando los perjudicados leen que Lázaro Báez pagó tanto dinero para rentar cuartos de dos hoteles de los Kirchner que ni siquiera usó?

Porque el recorte de subsidios puede ser muy racional, pero a nadie le gusta perderlos y menos cuando tanto dinero público se escabulle en lugares tan cuestionados. No son sólo las sospechas de corrupción sino también los gastos en Fútbol para Todos, las pensiones para los ex “presos políticos” o el agujero negro de Aerolíneas Argentinas.

En ese marco, Capitanich está viendo pasar la “luna de miel” que provocó su nombramiento y que tanto fue afectada por el error del Gobierno de permitir, por un cálculo político menor, que Córdoba se incendiara con la presión policial y la ola de saqueos, y que luego contagiara a buena parte del país.

Con este panorama, no sorprende que los pronósticos de los empresarios y los analistas anticipen un 2014 más duro que el año que dejamos atrás. Sin embargo, esto no tiene por qué ser así; el resultado depende, en alguna medida, de lo que podamos aportar cada uno de nosotros en beneficio de este gran país.

(*) Editor ejecutivo de la revista Fortuna

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