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A fondo

07/03/2014

Jorge Lapeña: “El pago a Repsol no puede ser un valor caprichoso”

El ex secretario de Energía de Raúl Alfonsín cree que el valor a pagar a Repsol debería ser explicado por el Gobierno, que Vaca Muerta no debe ser la única opción para YPF y que los subsidios energéticos crearon una situación explosiva. Por Magdalena Ruiz Guiñazú
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El tema Repsol-YPF ha traído diversas reacciones. Como sabemos el gobierno de Cristina Kirchner se comprometió a lanzar una importante emisión de deuda a elevadas tasas de interés para indemnizar a Repsol por las acciones de YPF que le arrebatara dos años atrás. Una de las reacciones fue la de la Bolsa porteña en la que, un día después, las acciones de YPF bajaron un 3% mientras que en Nueva York subían las de Repsol.

—No sé si atribuirlo directamente a esta operación —opina Jorge Lapeña, ex Secretario de Energía de 1983 a 1988—, ya que la Bolsa puede subir o bajar por múltiples razones. Lo importante es que el Gobierno haya normalizado y terminado esta operación más allá de que haya sido acertada la estatización. La expropiación por causa de utilidad pública lleva implícito un pago del expropiante (en este caso el Estado) al expropiado. No haberlo hecho ponía al país fuera de la ley porque la confiscación (quitar un bien sin remunerarlo) es un hecho prohibido en la legislación argentina. Por otra parte, ubicaba a nuestro país (y a la propia YPF) en una situación muy vulnerable frente a la Justicia nacional e internacional. Me parece entonces que lo ocurrido normaliza la situación institucional de la Argentina y el haberlo hecho en este momento creo que es importante (y lo destaco) porque si no, hubiera quedado como primer tema a resolver por el próximo gobierno entrante.

—Algunos dicen que el acuerdo con Repsol es el primer paso para que podamos entrar en los mercados internacionales de deuda.

—Evidentemente el Gobierno está tratando de normalizar su situación con el mundo en materia financiera. Fíjese que el Club de París es una asignatura pendiente. Ha habido una oferta pero todavía no ha prosperado. Es fundamental que se arregle con esta institución que reúne a los países cuyos bancos de exportación le han prestado a la Argentina. Se deben capital más intereses atrasados. También esto es una manera de acceder a los mercados voluntarios de crédito. Me parece, entonces que ésta es una acción tomada en este contexto.

—Por curiosidad, ingeniero Lapeña ¿cuánto hubiera costado, en su momento, pagar la expropiación de Repsol?

—Mire, el valor patrimonial de la compañía está ubicado entre 5.000 y 8.000 millones de dólares. De manera tal que, pensando que YPF o Repsol sea dueño del 51%, estaríamos hablando de un valor que oscila entre 4.000 y 5.000 millones de dólares. La pregunta que usted me hace la debería contestar el Gobierno, con toda precisión y frente al Congreso. Es decir, este no puede ser un valor caprichoso sino que es un valor que tiene que surgir de una tasación que debe hacer el gobierno argentino. Y esa tasación debe también responder a una marcha de cálculo en la cual se justifiquen todos y cada uno de los números. ¿Por qué se llegó a esa cifra y no a otra parecida, superior o inferior? Y como la tasación y el pago son la parte esencial de una expropiación esto debería haber sido tratado (la tasación previa) en el momento en que se discutió la ley de expropiación. Es decir, hace dos años. Entonces, de la aprobación que se haga o la conciliación que decida, el Congreso tendrá que pedir explicaciones y el Gobierno deberá brindarlas en forma detallada y fundamentar los resultados que ha obtenido. Creo que esto también implica que el gobierno explique su propio discurso de otrora. Recordemos que, en aquel momento, decía “Repsol ha vaciado a YPF”. Y por una empresa que está vaciada no pueden pagarse 5.000 millones de dólares. O no estaba “vaciada” o no estaba “del todo vaciada” o la cifra de 5000 millones de dólares no tiene justificativo. Una empresa vaciada vale cero. En aquel momento, quizás en el fragor de los debates, los que ahora son ministros como Kicillof y De Vido brindaron argumentos que hoy tendrán que ser analizados en el momento de aprobar esta operación realizada con Repsol.

—El acuerdo entra en plena vigencia recién el 7 de mayo ¿es así?

—Bueno, esto es lo que han firmado pero debe ser ratificado por el Parlamento.

—¿Puede Repsol exigir un arbitraje internacional?

—Por lo que he leído (porque no he tenido acceso al documento firmado) creo que se ha reservado algunas cuestiones para resolverlas en un arbitraje pero desconozco cuáles son puntualmente esos temas.

—¿Usted concuerda con los empresarios que señalan que este es el primer paso para que Argentina vuelva a los mercados internacionales de deuda?

—Sí, estoy de acuerdo porque la operación de expropiación sin haberle pagado al expropiado es una operación prohibida por la ley argentina y no usual en un negocio global. Con este episodio la Argentina aparecía como un país confiscador cosa que quedaría aclarada mediante el pago correspondiente. Esto normaliza la situación. He escuchado las declaraciones del señor Brufau (CEO de Repsol) donde señala que la solución es amigable y se ha llegado a un mutuo entendimiento. Desde ese punto de vista, entonces, la situación estaría normalizada.

—¿Qué ocurre entonces ahora con Vaca Muerta? Algunos dicen que este pago a Repsol abriría la puerta para que se presenten más inversores. Hasta ahora el único sería Chevron con 1.200 millones de dólares.

—Mire, tanto Repsol como la YPF actual (o como el Estado argentino) parecen tener una misma estrategia respecto a la solución del problema energético argentino: y consiste en poner en producción al yacimiento no convencional de Vaca Muerta. En su momento, en el año 2011, el señor Brufau hizo una declaración muy corta pero muy significativa: señaló que tenía grandes esperanzas en Vaca Muerta, que el desarrollo de este yacimiento requería unos 29.000 millones de dólares y que Repsol no tenía disponible esa cantidad de dinero. Por lo tanto, a partir de ese momento, él se disponía a buscar socios para compartir riesgos y realizar esa inversión en forma asociada. Si usted mira lo que ha pasado en estos años observará que YPF quiere invertir 37.000 millones de dólares en un programa a 5 años y también piensa en Vaca Muerta como una única salida al problema de la decadencia productiva argentina en materia energética. Al mismo tiempo está buscando desesperadamente socios de los cuales ha encontrado uno que es Chevron y con el que ha firmado un acuerdo secreto.

—¿Se habla de mil doscientos millones?

—Efectivamente. En una primera etapa y, luego, en caso favorable se pasaría a una mayor inversión que totalizaría unos 16.000 millones de dólares a compartir entre las dos empresas. No conocemos las condiciones de retribución ni las condiciones en las que cada socio realiza esas inversiones etc. Le reitero: esto es secreto. Y, recientemente, se ha firmado un acuerdo, un borrador, (del que se ha hablado mucho esta semana) con la empresa Petronas (empresa de Indonesia). Sería un acuerdo de las partes de trabajar con el fin de encontrar posibilidades de invertir en forma conjunta. Esta estrategia (que llamaría unidireccional) tiene un solo objetivo: poner en marcha Vaca Muerta. No la comparto. Yo creo que la Argentina simultáneamente debe enfocar varios objetivos: uno es Vaca Muerta, un yacimiento gigante cuya real potencialidad todavía no conocemos. Pero, por otra parte, hay objetivos convencionales que Argentina tiene que tratar de alcanzar. Le explico: tenemos que terminar de explorar todas las cuencas continentales sedimentarias que pertenecen a nuestro país. Sólo lo hemos hecho en un 25% de todas las posibilidades exploratorias a pesar de que tenemos una larga historia petrolera que se inicia el 13 de diciembre de 1907 con el descubrimiento del petróleo en Comodoro Rivadavia. Nos falta explorar todo lo demás: desde las costas de la provincia de Buenos Aires hasta Tierra del Fuego y en el talud oceánico en el que hemos hecho muy poca exploración y que es un lugar en el que el mundo está tratando de descubrir nuevo petróleo. Brasil, por ejemplo, ha hecho descubrimientos gigantescos que lo han posicionado en muy pocos años como una potencia petrolera mundial.

—¿Usted se refiere al yacimiento frente a San Pablo, no?

—Sí. Y los isleños de Malvinas están desarrollando una actividad muy importante al norte y al sur de las islas. Por lo tanto la Argentina es un país que hoy se encuentra entre las grandes potencias petroleras exploradoras: Brasil en el Norte e Inglaterra y los isleños en el Sur. Esto quiere decir que la Argentina debería enfrentar otros desafíos y no sólo poner todas sus cartas en Vaca Muerta. Por otra parte fíjese que Vaca Muerta (que sería una formación rocosa generadora de petróleo) que alberga recursos no convencionales (como shale-oil y shale-gas) tiene una superficie de 30.000 km2 de los cuales 17.000 están en la provincia de Neuquén y el resto en Mendoza. De toda esa superficie YPF tiene solamente 12.000 km2 cuadrados. Por lo tanto me parece una estrategia equivocada que YPF vaya, caso por caso, repitiendo el esquema Chevron. Me parece que hay que promover la afluencia de muchas empresas que vengan simultáneamente, bajo condiciones de licitación pública, con contratos-tipo conocidos de antemano, con reglas de juego bien definidas y bien publicitadas y lograr así una especie de fiebre del oro. Para que esto se entienda me refiero a la fiebre del inversor por venir y desarrollar un yacimiento de alta potencialidad que está entre los más grandes del mundo. Entonces, insisto: la estrategia que parece estar aplicando YPF (y que aplicaba Repsol) es ir buscando socio por socio y me parece que no es una estrategia conveniente para este momento. Estas son las cosas que habrá que discutir en una Argentina que se proponga resolver definitivamente el problema energético y acuerde una política de Estado que no varíe de gobierno a gobierno sino que permanezca a pesar de los cambios gubernamentales que puedan producirse y que pueda ser puesta en práctica (acuerdos mediante) diría que desde el 2015 en adelante. Estos últimos 10 años han demostrado que con la administración actual, la forma dogmática de pensar y expresarse de los funcionarios, es imposible acordar.

—Entonces, temas como explotar y poner en producción un yacimiento de esta magnitud implican debatir, discutir y contraponer ideas, que, por otra parte, ustedes como ocho ex Secretarios de Energía, se han preocupado en divulgar a través de sus documentos públicos.

—Sí, hace cinco años que venimos trabajando en esta idea. Hemos dejado de lado algunas diferencias lógicas, porque pertenecemos a partidos políticos diferentes, hemos actuado (dentro del período democrático) en momentos distintos y en gobiernos distintos. Sin embargo, hemos logrado enfocar una mirada sobre el sector energético y lanzar esta idea de que es posible, mirando al futuro, acceder a una política de Estado que definimos como la contraposición a la política de un gobierno. La política de Estado no cambia por un cambio de Gobierno. Próximamente presentaremos en el CARI (Consejo Argentino de Relaciones Internacionales) un compilado de los documentos que hemos publicado en estos años justamente acerca de “Política de Estado para el sector energético”.

—Sin duda estos dos años (2014-2015) se presentan complicados con un índice de inflación que tocará los precios de los combustibles.

—Serán dos años muy difíciles, en efecto, para la macro economía argentina. Por un lado, como decíamos, tenemos la inflación que el Gobierno ha negado en forma sistemática durante años y que ahora reconoce y ha llegado a coincidir con el número de los consultores privados y del Congreso: una inflación superando el 30% anual que, entre otras razones, tiene como causa la emisión monetaria que, en gran parte, está destinada a afrontar los subsidios que brinda el Tesoro para el funcionamiento del sector energético. Subsidios que han crecido el 50% con respecto al año anterior. Es una cifra superior a la inflación y estos subsidios energéticos totalizan prácticamente unos 100.000 millones de pesos por año y son el fruto de una incorrecta política energética que se fijó el gobierno en 2003 con el congelamiento tarifario. Y, le explico. Al congelar las tarifas la población deja de ver a la energía como un problema desde el punto de vista económico pero transfiere ese problema a dos actores centrales: las empresas del sector público como las eléctricas (que comienzan a tener resultados cada vez más negativos y dejan de invertir) con lo cual generan un sistema energético cada vez más endeble. Esto se ha visto muy bien en los cortes eléctricos que hemos padecido durante el mes de diciembre y enero donde se vio que las empresas distribuidoras (que están al borde de la cesación de pagos por esta ilógica política tarifaria) no habían hecho las inversiones suficientes como para ampliar la red de distribución y la ciudad de Buenos Aires y, en general, el área metropolitana en la que vive un tercio de la Argentina, no pudieron ni siquiera pasar la Navidad en paz. Es más: hubo piquetes, muertos, accidentes… Un problema mayúsculo y no un simple accidente. Por otra parte, al no explorar, estamos produciendo cada vez menos petróleo y gas. No descubrimos nuevos yacimientos y esto disminuye la producción de petróleo.

—Pero la demanda es creciente.

—Absolutamente. En el caso del gas, por ejemplo, esto nos ha obligado a importar cada vez una cantidad mayor desde Bolivia por los gasoductos y en barcos con gas licuado.

—¿Es cierto que el costo diario de la estadía en puerto de estos barcos es de alrededor de 63.000 dólares?

—Es una cifra enorme porque son máquinas o barcos de alta complejidad y alto costo. Entonces, tener anclado el barco mientras está descargando produce una cifra diaria enorme. Y para que usted se haga una idea de lo que significan estos subsidios: cuando el Gobierno importa gas paga 17 dólares el millón de BTU (el BTU es la unidad con la cual se compra el gas natural). Y, cuando lo vende en el mercado interno a todos nosotros, lo vende en promedio a tres dólares el millón de BTU. Quiere decir que 14 dólares son subsidios que salen el Estado, del Tesoro ¡de nosotros! hacia el sistema. Y esto es para que la gente no vea el impacto de esa política equivocada. La gente está viviendo en un limbo con un gas que no aumenta de precio; el Estado está pagando (por vía del Tesoro) la presión impositiva sobre los particulares que sería muy grand; e e igual el Tesoro está en déficit. Ese déficit se cubre con emisión y la emisión alimenta la inflación que, también a su vez, incrementa los costos de las empresas… Estamos ante una situación insostenible desde el punto de vista presupuestario y, por otro lado, la caída de la producción combinada con el incremento de la demanda obliga a importar cada vez más gas-oil, naftas, fuel-oil y gas natural. Esta factura ha llegado, el año pasado, a 12.000 millones de dólares —algunos dicen que aún más— y desbalancea a todo el comercio exterior argentino. No hay soja que aguante una factura en dólares (que hoy es de 12.000 millones por año) y que vaya creciendo alrededor del 25 al 30% anual. Es insostenible desde el punto de vista macroeconómico, como los subsidios, problemas que tenemos en 2014 y en 2015 y que serán heredados por el próximo gobierno.

 

Publicado en la edición 866 de Diario PERFIL. 

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