FORTUNA WEB

Youtube

G Plus

Facebook

Twitter

 

Economía

07/02/2017

Mucho, poquito o nada

Por Gustavo Lazzari | Argentina debe replantear con urgencia la ecuación fiscal. Cuánto nos saca el estado y qué es lo que debe darnos. No hay mucho tiempo para actuar y decidir.

No se trata de deshojar la margarita sino de analizar la ecuación fiscal argentina, sin dudas nuestro principal problema. Podemos hacer una matriz de la cual obtenemos las combinaciones posibles entre exacción fiscal y prestación del gasto público. Analizaremos tres opciones:

  1.  Puede haber países donde el estado extrae “mucho” (presiones tributarias superiores al 45%) pero a la vez la prestación es satisfactoria para la población. Podría ser el mentado caso de los países escandinavos donde la presión tributaria es elevada (aunque con tendencia decreciente) y la prestación es elevada, pese a que en los últimos años se está discutiendo cada vez más el estado de bienestar.
    Cabe destacar que esta ecuación de “mucho – mucho” fue una consecuencia y no una causa del progreso de dichos países. Noruega, Suecia y Finlandia han tenido un marcado desarrollo capitalista privado (básicamente por su seguridad jurídica) previo al crecimiento del estado.
  2.  Otra combinación puede ser “poquito-poquito” es decir países donde el estado está casi ausente, ni cobra impuestos ni ofrece absolutamente nada. Somalia y otros estados fallidos  pueden ser un buen ejemplo. Nada por nada. Ni se cobran impuestos ni el estado ofrece las mínimas garantías de progreso. Ni se respeta la propiedad ni se ofrecen servicios sociales básicos.
  3. Por último podemos ver el caso argentino. “Mucho por nada”. Esa es nuestra ecuación fiscal. Muchos impuestos y casi ninguna contraprestación.  Cada mes una Pyme tiene once vencimientos impositivos en veinte días hábiles. Más de un impuesto cada dos días. ¿A cambio de qué?

Argentina es una economía de permisos. El estado obliga a todas las empresas e individuos a pedir permiso mediante costosos trámites para ejercer una libertad que es previa, incluso, a la existencia del estado. La Constitución Nacional es violada de punta a punta. Es el estado el que debe pedir permiso a los ciudadanos y no al revés. La hemos leído mal y lo que es peor, la enseñamos mal en las escuelas. Todo para crear nuevos agentes tributarios.

El estado argentino en sus tres niveles cobra impuestos escandinavos cercanos al 45% de en relación al PIB y ofrece bien poco en materia de seguridad jurídica, protección de derechos y ni hablar de prestaciones básicas de servicios públicos. Un estudio del IEERAL muestra que la sumatoria de las  tasas “legales” de impuestos (de las tres jurisdicciones) son superiores a las de Noruega.

No tiene sentido destacar las características de la prestación de servicios públicos por parte del estado argentino en sus tres niveles. Basta decir que la desconfianza en la justicia es tal que los únicos delitos que se denuncian son los que tienen que ver con el cobro de seguros y los homicidios. En materia de robo a la propiedad la gente denuncia no para buscar justicia porque sabe que no va llegar sino como un trámite obligatorio para las aseguradoras.

Para el resto de los servicios públicos es creciente la participación de la oferta privada aunque regulada e ineficaz.

De esta manera  el contribuyente financia dos “gastos públicos”: El oficial que no usa y el privado que prefiere. Así la educación, salud y seguridad privada están sustituyendo a la pobre oferta pública.

El estado, aún en la actual administración, poco aporta para tornarse atractivo. Toda vez que las iniciativas públicas tienen ante todo un prioritario objetivo recaudatorio. (Ejemplo, las multas de tránsito y el estacionamiento público)

El estado argentino es caro y no ofrece nada atractivo a cambio. Implica por tanto, la ecuación propicia para explicar una marginalidad tributaria cercana al 35/40% del PIB.

Quizás convenga repasar a Juan Bautista Say que en 1850 decía: “Estado no es manco ni puede serlo. Tiene dos manos, una para recibir y otra para dar, dicho de otro modo, la mano ruda y la mano dulce. La actividad de la segunda está necesariamente subordinada a la actividad de la primera.

En rigor, el Estado puede tomar y no dar. Esto se observa y se explica por la naturaleza porosa y absorbente de sus manos, que retienen siempre una parte y algunas veces la totalidad de lo que ellas tocan. Pero lo que no se ha visto jamás ni jamás se verá e incluso no se puede concebir es que el Estado dé al público más de lo que le ha tomado.”

Sugiero releer los dos últimos renglones. “lo que no se ha visto jamás ni jamás se verá e incluso no se puede concebir es que el Estado de al público más de lo que le ha tomado.”

La quimera argentina de un estado megalómano y que no nos cueste nada, no sólo es inmoral y antieconómica. Es impensable.

Estamos viendo si debatimos una reforma tributaria. El ministro Dujovne y el equipo económico actúa como si tuviera tiempo. Grosero error.

Argentina debe replantear con urgencia la ecuación fiscal. Cuánto nos saca el estado y qué es lo que debe darnos. No hay mucho tiempo para actuar y decidir. La africanización de la economía argentina crece a un ritmo mayor que la desafricanización de Africa. Más pronto que tarde quizás algún distraído nos confunda en un fraternal abrazo.

 

Por Gustavo Lazzari,  economista y colaborador de Libertad y Progreso.

 

 

Un pensamiento en “Mucho, poquito o nada”

  1. Gustavo
    Es correcto, pasamos como a un poste a Suecia, (48%), y las estimaciones ya en el 2015 daban una presión fiscal del 60%, que siguió subiendo en el 2016, (algunos topes fijos siguieron tal cual, al igual que muchos mínimos para este 2017 que datan de los ’90 y aumento la cuota impositiva con los impuestos proporcionales incluidos en cada tarifazo).
    Esto explica porque en el 2016, junto a varios horrores del gobierno, aumentaron los indicadores del crecimiento de la economía marginal.

    Allá por el 2003, la presión fiscal era del orden del 26%.

    Las contraprestaciones por su parte son paupérrimas, es decir que tenemos simplemente un estado depredador que no cumple sus objetivos básicos.
    Como lo acotamos?, bueno lamentablemente han desperdiciado tiempo de oro con objetivos erróneos y difícilmente puedan ahora ponerle el cascabel al gato porque los créditos políticos de Cambiemos se consumen a pasos agigantados.

    Como los ves efectuando una racionalización del Estado, del monstruoso empleo improductivo disfrazado y el recupero de los resortes de control de la economía para lograr mayor transparencia en un mercado totalmente cartelizado?
    Reordenando las modificaciones de transferencias de recursos de la población a grupos concentrados?
    Exigiendo a las empresas de servicios inversiones acorde a los nuevos cuadros tarifarios?, que hasta ahora no han efectuado y esto ya parece un dejà vu de los ’90.
    Se hizo fuera de toda ética un blanqueo sólo con fines recaudatorios para tapar un bache fiscal momentáneo. No se hizo un pacto más amplio y la economía marginal siguió creciendo a la espera de otro “último blanqueo”.

    Debo reconocer por segunda vez, desde tus tiempos de Atlas que coincido contigo en el nudo central del artículo y que los tiempos de la actual administración se acaban.
    Pero es algo intrínseco de ellos mismos, nunca tuvieron un plan global, llegaron al poder, devolvieron favores a los grupos que los encumbraron y creyeron que con un par de medidas ruinosas el rumbo de la economía se corregiría por si sólo y se están dando cuentas ahora que “la mano invisible” fue una artimaña ad hoc de Adam para tratar de cerrar un endeble modelo, (ya lo sentenció el Mago ante el Capitolio en el 2008, los mercados no se autorregulan).

Deja un comentario

Expertos