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09/03/2018

La guerra comercial que Trump puede perder

Por Dani Rodrik* / A diferencia de otros períodos proteccionistas en Estados Unidos, la política de Trump puede perjudicar más la economía de su país.
La decisión de Trump arancelar las importaciones de acero y aluminio puso a la potencias a un paso de una guerra comercial con EE.UU.

En materia de política comercial, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hasta el momento ladró mucho pero mordió poco. Sin embargo, esto puede estar cambiando. En enero, elevó los aranceles sobre los lavarropas y las células solares importados. Ahora, ha ordenado fuertes aranceles sobre el acero y el aluminio importado (25% y 10%, respectivamente), basando la decisión en una excepción de seguridad nacional, rara vez utilizada, a las reglas de la Organización Mundial de Comercio.

Muchos analistas han reaccionado exageradamente frente a la posibilidad de aranceles, prediciendo una “guerra comercial” o algo peor. Un experto definió los aranceles al acero y al aluminio como las restricciones comerciales más significativas desde 1971, cuando el presidente Richard M. Nixon impuso un recargo del 10% sobre las importaciones en respuesta al déficit comercial de Estados Unidos, y predijo: “Tendrá enormes consecuencias para el orden comercial global”. El Wall Street Journal escribió que los aranceles de Trump eran “la mayor torpeza política de su presidencia” -una afirmación remarcable a la luz de los pasos en falso de la administración en cuanto a Rusia, el FBI, Corea del Norte, la inmigración, la tributación, el nacionalismo blanco y mucho más.

La realidad es que las medidas comerciales de Trump hasta la fecha representan poca cosa. En particular, empalidecen cuando se las compara con la escala y el alcance de las políticas proteccionistas de la administración del presidente Ronald Reagan en los años 1980. Reagan elevó los aranceles y ajustó las restricciones sobre un amplio rango de industrias, entre ellas los textiles, automóviles, motocicletas, acero, madera, azúcar y electrónica. Se sabe bien que presionó a Japón para que aceptara restricciones “voluntarias” a las exportaciones de autos. Impuso aranceles del 100% sobre determinados productos electrónicos japoneses cuando Japón supuestamente no mantuvo altos los precios de los microchips exportados.

De la misma manera que las políticas de Trump violan el espíritu, si no la letra, de los acuerdos comerciales de hoy, las restricciones comerciales de Reagan explotaban resquicios en los acuerdos existentes. Se alejaban tanto de las prácticas prevalecientes que el temor a un “nuevo proteccionismo” se volvió generalizado. “Existe un gran peligro de que el sistema se derrumbe”, escribió un abogado comercial, “o de que colapse en una sombría repetición de los años 1930”.

Esas advertencias resultaron ser alarmistas. La economía mundial no se vio muy afectada por el retroceso temporario durante los años 1980 de la tendencia hacia la liberalización comercial. En verdad, puede incluso haberse beneficiado. El proteccionismo de Reagan actuó como una válvula de seguridad que dejó escapar cierto vapor político, impidiendo así mayores alteraciones.

Y una vez que la macroeconomía de Estados Unidos mejoró, el ritmo de la globalización se aceleró significativamente. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la OMC (que explícitamente prohibió las restricciones “voluntarias” a las exportaciones utilizadas por Reagan) y el boom de las exportaciones de China ocurrieron en los años 1990, al igual que la eliminación de las restricciones que todavía perduraban en cuanto a las finanzas transfronterizas.

El proteccionismo de Trump bien puede tener consecuencias muy diferentes; la historia no tiene por qué repetirse. Por un lado, aún si su impacto general sigue siendo limitado, las restricciones comerciales de Trump tienen más bien una característica unilateral y provocativa. Gran parte del proteccionismo de Reagan era negociado con los socios comerciales y estaba destinado a aliviar la carga económica sobre los exportadores.

Las restricciones voluntarias a las exportaciones (RVE) de los años 1980 sobre los autos y el acero, por ejemplo, estaban administradas por los países exportadores. Esto les permitía a las empresas japonesas y europeas complotarse para aumentar los precios de sus exportaciones al mercado estadounidense. Por cierto, estas empresas inclusive pueden haberse vuelto más rentables gracias a las restricciones comerciales de Estados Unidos. Existen pocas probabilidades de que a los exportadores surcoreanos de lavarropas o a los exportadores chinos de células solares les vaya a ir igual de bien hoy. El unilateralismo de Trump causará un mayor enojo entre los socios comerciales y, en consecuencia, es más factible que genere represalias.

Otro contraste con las medidas de la era Reagan es que estamos viviendo en una etapa más avanzada de la globalización, y los problemas que la han acompañado son mayores. La presión a favor de la híper-globalización en los años 1990 ha creado una profunda división entre quienes prosperan en la economía global y comparten sus valores, y quienes no. Como resultado de ello, las fuerzas del nacionalismo y del nativismo probablemente sean más poderosas que en cualquier otro momento desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Si bien las políticas de Trump supuestamente apuntan a restaurar la justicia en el comercio global, es más lo que exacerban estos problemas de lo que los mejoran. Como señalan Jared Bernstein y Dean Baker, los aranceles de Trump probablemente beneficien a una pequeña minoría de trabajadores en industrias protegidas a expensas de una gran mayoría de otros trabajadores en industrias en dificultades y otras partes. Los desequilibrios y las desigualdades generados por la economía global no se pueden resolver protegiendo a unas pocas industrias bien conectadas políticamente y apelando a consideraciones de seguridad nacional claramente ridículas como excusa. Ese proteccionismo es un artilugio, no una agenda seria para una reforma comercial.

Una agenda de reforma seria, por el contrario, controlaría la protección de las compañías farmacéuticas y los profesionales capacitados como los médicos, tal como sostienen Bernstein y Baker. Abordaría los temores sobre el dumping social y la autonomía para establecer políticas al renegociar multilateralmente las reglas de la OMC. Y apuntaría a áreas donde las ganancias a partir del comercio siguen siendo muy grandes, como la movilidad internacional de los trabajadores, y no a áreas que benefician solamente a intereses especiales.

Sin embargo, el grueso del trabajo tiene que hacerse en el terreno doméstico. Reparar el contrato social doméstico requiere de un rango de políticas sociales, impositivas y de innovación para sentar las bases para una versión del New Deal del siglo XXI. Pero con sus recortes a los impuestos corporativos y su desregulación, Trump está avanzando en la dirección contraria. Tarde o temprano, la naturaleza desastrosa de la agenda doméstica de Trump se volverá evidente hasta para sus propios votantes. En ese momento, una guerra comercial anticuada puede parecer irresistible, para ofrecer distracción y protección política.

*Profesor de Economía Política Internacional en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy en la Universidad de Harvard

Copyright: Project Syndicate, 2018

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9 pensamientos en “La guerra comercial que Trump puede perder”

  1. Juancho:
    Las políticas de Donald Trump y el Macrismo guardan más similitudes con los populismos para ricos de las Reganomics que el populismo para pobres más clásico de los peronchos.
    Ambos son un circo de Mc Arthismo económico a favor de determinados grupos minoritarios concentrados. Como en su momento a principios de los ’80 en una visita a Argentina lo comentó sin piedad Paul Samuelson aclarando que eran fascismos de mercado.
    En el caso del norte el economista surcoreano Ha-Joon Chang el año pasado a Clarín había pronosticado que terminaría en mayor inequidad social, sectores muy puntuales altamente beneficiados y una caída económica en términos promedio.

    Acá los resultados son similares pese a una propaganda que auguraba “Pobreza Cero” y ahora la posterga para años mejores, incluso apretando a voceros privados como la UCA que alertan la gravedad, el famoso “Próximo Semestre” y los “Brotes Verdes”, “más Educación y Salud Pública” en estado calamitoso, una economía primarizada y un sistema financiero altamente especulativo y blanqueos para un delincuente 1% son sus resultados más que obvios.

    También actos propagandísticos como el “pagar los impuestos con alegría” dejó al desnudo una hipocresía total de funcionarios evasores con cuentas off shore, con familiares y testaferros en el blanqueo, y que además aconsejaban “invertir en el país” mientras dejaban sus ahorros durmiendo en el exterior.
    Otro de los items fue la punta de lanza de un ajuste tarifario que eliminara subsidios del Estado y recuperara inversión en infraestructura apoyada en la iniciativa privada, también quedó trunco desde el vamos a sabiendas de experiencias previas que esta “iniciativa” solo pensaba en márgenes de rentabilidad y no en inversiones.
    La red eléctrica sigue atada con alambres con cortes que desnudan una nula inversión en estos dos años. Lo único que se recuperó y se ve en la bolsa son las fabulosas y obscenas ganancias del sector, repitiendo un dejà vu de los ’90.
    Por otro lado se aumentó la dependencia externa en combustibles fósiles llegando a totales de importación récord en décadas y con una producción local cada vez más menguante que refleja claramente el “éxito de los CEOs” que proclamaban el autoabastecimiento.
    El Macrismo, emulando los populismos para ricos del norte, se enfocó una fuerte transferencia de recursos a sectores concentrados “amigos”, lo que muchos críticos allá denominaron un “capitalismo de amigotes”.
    El ministro, y principal CEO de las energéticas, entre sus grandes rebuznos auguró a fines de Noviembre que su enésimo ajuste tarifario sólo incidiría en escaso un 1% del IPC de Diciembre, y lo anunció sin sonrojarse y sin que nadie pidiera su cabeza.
    Lo que resultaba una falsedad, empíricamente demostrada un año atrás. Era una obviedad que auguré ya en Noviembre, luego la inflación pisó de nuevo el acelerador en un verano caliente, el verde se disparó y ahora nadie sabe que hacer porque hasta el timo de Ponzi con las LEBACs esta empezando a desarmarse demasiado temprano y hay alertas amarillas.
    La especulación financiera, burda bicicleta, y el endeudamiento estéril están a la orden del día, dejando un “presente chino” a las generaciones venideras de 100 años de deuda externa y un pedaleo total de la actual con una nula cancelación de capital y nuevos intereses.
    En el gobierno de “los expertos y lo mejorcito que hay” resultó además que “eliminar la inflación será la cosa más simple que tenga que hacer si soy Presidente” (sic), de enero del 2015 supera con creces la capacidad de los “más dotados” de Cambiemos que protagonizan papelones al mejor estilo K del “me quiero ir” como el ministro de Hacienda ante los periodistas especializados en España el mes pasado.

  2. El alcance de las medidas de Trump serán tan limitadas como su diluido poder político donde se idolatra a un mercado que no es lo que el ciudadano común cree. Este realmente posee la sartén por el mango, (y el mango también) en mil formas amañadas.
    No se trata del mercado idílico de la utopía soñada por Adam Smith, el mercado real y el comercio mundial a nivel global esta en un 80% concentrado en manos de unas 100 empresas, y lo que puedan decidir los gobiernos ante semejante poder ya es es realmente secundario cuando incluso hay individuos cuyas fortunas superan los PBI de muchos países.
    En estos casos no se cumplen las condiciones, escritas en letra chiquita, de competencia perfecta que requieren para regir las supuestas “leyes de mercado” .
    Discutir sobre el alcance de decisiones gubernamentales ante semejante poder de las corporaciones “devine abstracto” sabiendo muy bien todos en que baza descanzan todos los ases de la partida.

    No es delito en el Norte que un billonario decida dar a los congresistas suculentos aportes, en otros lugares se los denominarían sobornos, con el fin de que estos promulguen leyes favorables a sus interese personales, allá esto es una práctica común y 100% legal.
    Frente a esta plutocracia el concepto democrático de “una persona, un voto” queda transformado en una grotesca caricatura y desde este enfoque queda explicado el hecho de una sociedad del 1% versus el 99% restante o que unos 50 individuos poseen la misma riquezas que la mitad del plantea más pobre.
    Trump no es actor de ninguna guerra comercial, es sólo un mero espectador, quizás desde un privilegiado palco, pero mero espectador al fin como el 99,9999999 % del planeta.
    Su propia estupidez y ceguera le impiden ver que en una gran pelea de elefantes donde las hormigas deben, por su bien, dar un paso al costado y apartarse.

  3. Si pero
    El progresismo dejo el tendal ruinoso de infraestructura edilicia en USA .ESCUELAS HODPITALES TRENES QUE SE CAEN etc ..
    Obama recibió una deuda menor al,50 % del PIB y entregó el País con una deuda inconmensurable .
    Esta bien se trata de una deuda que externa es solamente un 30 %
    EL 70 % esta comprada por bancos y ciudadanos estadounidenses ..
    NOS HACE FALTA UN TRUMP
    EN ARGENTINA.

    EL PERONISMO EL PROGRESISMO dejo un país atrasado con gente del,CONURBANO¡haciendo!en las letrinas sin servicios esenciales
    Y CON UN GASTO PÚBLICO DEL 50% del PIB .

  4. TIEMPOS De CONVERTIBILIDAD en SAN ISIDRO VINO LA EMPRESA FRANCESA AGUAS ARGENTINA Y NOS TENDIÓ EL SERVICIO CLOACAL Y CON UNA PLANTA DEPURADORA .CARLITOS NOS EXIMIO DE PAGAR LA CONEXIÓN a la red por tanto años de desagote dl,pozo negro
    SOY DE LA ¡ZONA NORTE SAN ISIDRO ! MARTÍNEZ

    ALTOS DE MARTÍNEZ Lotearon y alegremente compramos terreno en los 1970 y .CONSTRUIMOS L A CASA Y esperamos los servicios esenciales …en los,1980 llegó la red de agua gas. pagados por los FRENTISTAS
    EN LOS 1980 los de la última dictadura largaron 10.000 líneas de TE a 500 dólares pagados al contado con TE y FUNCIONANDO

  5. SIN MERCADO ARGENTINA SEGUIRÁ En EL FONDO DEL ABISMO

    NECESITAMOS UN TRUMP EN ARGENTINA

    LO DE LA DÉCADA DE LOS 90 fue solo,apertura y REVALUACION .

    ENTRE EL PRESIDENTE PROVISORIO DUHALDE Y EL DE AFIP ABAD ME ROBARON UN 30 % de mi pensión

    A ESE BEBEFICIO YA LE HABÍAN APLICADO LA QUITA POR LEY DEL 30 % porque me quitaron otro 30 % ???!!!

    ESO QUIEREN DE VUELTA ?
    A ESOS SINVERGUENZAS ?!!!!

  6. SERGIO
    si usted tuviera ahorros se los dejaría a los DUHALDE ?LENICOV LAVAGNA?

    EN ESTE PAÍS
    ¡¡,Que la plata la ponga otro !!!

  7. CRLOS H.
    SIGAN CON EL RELATO …La deuda De EE.UU es 70 % interna financiada,por bancos ciudadanos etc,.

    VIERON ??!!!!

    VIVA TRUMP !!!!!

  8. Sergio y Carlos H .
    REPASEN HISTORIA .
    ¿CÓMO SALIÓ USA de la crisis del ¿30 ?

    ¡¡CON OBRAS PÚBLICAS !!

    EL SR PRESIDENTE INGENIERO MAURICIO MACRI Es lo que puede ser .DESARROLLISTA

    Y LE VOTARE En las próximas presidenciales .

    Soy del 42 y si se da que EL SR PRESIDENTE pueda enderezar para el,camino del,MERCADO DE LA PROSPERIDAD DEL DESARROLLO .
    ESE camino que tomaron los grandes de nuestra edad que nos pasaron por arriba

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