Economía

CAME y FISFE alertan por la caída de la actividad: qué datos preocupan

Las dos entidades que representan a pymes industriales y comerciales advirtieron que la recesión se profundiza. Revisamos los números sectoriales y el contexto macro que explica la contracción.

Publicado el 19 de julio de 2026, 08:35 hs

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y la Federación de la Industria de Santa Fe (FISFE) expresaron en las últimas horas su preocupación por la caída sostenida de la actividad económica. Los datos que manejan no son alentadores: en marzo la industria pyme cayó 9,4% interanual y el comercio minorista acumula una baja de 13,2% en el primer trimestre.

Según el último informe de CAME, el Índice de Actividad Industrial Pyme (IAIP) registró en marzo una contracción de 2,8% respecto de febrero, completando así cuatro meses consecutivos de baja. El sector más golpeado fue el de materiales para la construcción, con una caída interanual superior al 25%. FISFE, por su parte, relevó en Santa Fe una merma de 11% en la producción industrial del primer trimestre, con especial impacto en maquinaria agrícola, autopartes y alimentos procesados.

El contexto macro que explica la contracción

Esta evolución no sorprende si se miran los agregados. El consumo privado viene cayendo desde noviembre, tal como muestra el indicador de consumo de la consultora Orlando Ferreres & Asociados, que acumula una baja de 7,8% en los primeros tres meses del año. La inversión bruta interna, según el EMAE del INDEC, se contrajo 8,1% en enero-febrero.

El ajuste fiscal y la fuerte compresión de salarios reales explican gran parte del fenómeno. La licuación inflacionaria redujo el poder adquisitivo de jubilaciones y salarios del sector privado registrado en alrededor de 18% desde diciembre. Al mismo tiempo, las tasas reales positivas en pesos desincentivan el consumo financiado y el crédito productivo sigue prácticamente congelado.

Desde el lado de la demanda externa, las exportaciones industriales también muestran debilidad. Brasil, principal socio comercial, creció apenas 0,2% en el primer trimestre y la demanda de manufacturas argentinas cayó 6%.

¿Cuánto más puede caer la actividad?

Vale separar dos cosas. Por un lado, el ajuste necesario para recomponer los desequilibrios macro que dejó el gobierno anterior. Por el otro, la velocidad y la profundidad del ajuste. Los datos de CAME y FISFE sugieren que la recesión ya está afectando el tejido productivo de manera significativa.

La buena noticia es que la inflación mensual viene bajando de manera consistente: de 25,5% en diciembre a 11% en marzo según estimaciones privadas. Eso permite pensar en una estabilización que, si se sostiene, podría dar lugar a una recuperación gradual desde el segundo semestre. La mala noticia es que los sectores que más dependen de la demanda interna (textil, calzado, muebles, electrodomésticos) están sufriendo caídas que en algunos casos superan el 20% interanual.

Qué piden las entidades

Tanto CAME como FISFE reclaman medidas concretas para sostener el empleo y la producción. Entre ellas mencionan la necesidad de recomponer el crédito productivo a tasas razonables, revisar la presión tributaria sobre las pymes y evitar una apreciación cambiaria que termine perjudicando la competitividad de las manufacturas. También piden mayor diálogo con el Gobierno para que las decisiones de política económica tengan en cuenta el impacto sectorial.

Una mirada más larga muestra que Argentina ya vivió ciclos similares: fuerte ajuste macro seguido de recesión profunda y, eventualmente, recuperación. Lo que cambia cada vez es la capacidad del tejido productivo de sobrevivir al ajuste. En esta ocasión, el stock de deuda de muchas pymes es más alto y la liquidez del sistema financiero más baja que en ciclos anteriores.

El desafío para las próximas semanas será determinar si la baja de la inflación es suficiente para que las familias recomiencen a consumir o si será necesario algún tipo de impulso adicional. Mientras tanto, los datos de CAME y FISFE sirven como alerta temprana de que la recesión ya no es solo un dato macro: se está traduciendo en menos producción, menos ventas y, en muchos casos, menos empleo.

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