Notas

Los tres multimillonarios que gastaron sus fortunas de las formas más extrañas

Desde un refugio antibombas en Nueva Zelanda hasta un yate convertido en mausoleo flotante: tres billonarios tomaron decisiones con su dinero que desafían toda lógica financiera y personal.

Publicado el 12 de julio de 2026, 13:10 hs

Tres multimillonarios excéntricos en sus proyectos más extraños, collage con yate, búnker y mansión abandonada
Ámbito Financiero — Negocios

Tres multimillonarios con fortunas que superan los miles de millones de dólares decidieron destinar parte importante de su patrimonio a proyectos que, a simple vista, parecen salidos de una película de ciencia ficción o de una novela de humor negro. Sus decisiones siguen siendo tema de debate en círculos financieros y de inversión: ¿fueron genialidades visionarias, caprichos de egos desmedidos o simplemente formas de combatir el aburrimiento extremo que da tener más plata de la que se puede gastar en tres vidas?

El búnker neozelandés de Peter Thiel

El cofundador de PayPal y primer inversor en Facebook, Peter Thiel, es uno de los nombres más respetados (y temidos) del ecosistema de venture capital. Con una fortuna estimada en más de 10.000 millones de dólares, Thiel decidió destinar parte importante de su patrimonio a construirse un refugio antibombas de lujo en Nueva Zelanda. No un búnker cualquiera: uno con helipuerto, generadores independientes y capacidad para resistir un colapso civilizatorio.

La decisión generó todo tipo de reacciones. Mientras algunos lo vieron como una jugada coherente con su visión apocalíptica del futuro (Thiel es conocido por financiar proyectos de longevidad y de escape de la “decadencia occidental”), otros lo interpretaron como la máxima expresión del “prepper” millonario. Comprar ciudadanía neozelandesa y construir un refugio en un país que aparece en casi todos los rankings de “mejores lugares para sobrevivir al fin del mundo” no es, desde el punto de vista de un inversor sofisticado, una jugada absurda. Es una forma de cobertura contra riesgos geopolíticos y de cola. Pero el monto invertido y la obsesión con la privacidad siguen llamando la atención.

El mausoleo flotante de Roman Abramovich

El ex dueño del Chelsea y uno de los oligarcas rusos más visibles antes de la invasión a Ucrania, Roman Abramovich, sorprendió al mundo cuando se supo que había convertido uno de sus superyates en un proyecto funerario flotante. El Eclipse, uno de los yates más grandes y caros del planeta (valorado en más de 500 millones de dólares), fue equipado con un sistema de criopreservación y un “departamento funerario” que, según rumores que nunca fueron desmentidos del todo, permitiría preservar su cuerpo en caso de muerte hasta que la tecnología permita resucitarlo.

Más allá de lo extravagante de la idea, lo interesante desde el punto de vista financiero es cómo Abramovich estructuró la propiedad del yate a través de sociedades offshore en Islas Vírgenes Británicas y Caimán, minimizando impuestos y protegiendo el activo de eventuales sanciones. El caso ilustra cómo incluso decisiones que parecen puramente excéntricas pueden tener una ingeniería financiera sofisticada detrás.

El paraíso artificial de Larry Ellison

El fundador de Oracle, Larry Ellison, con una fortuna que ronda los 200.000 millones de dólares, compró casi el 98% de la isla hawaiana de Lanai. Su plan: convertirla en un “paraíso sustentable” con agricultura hidropónica, energía 100% renovable y un sistema de gobernanza propio. Hasta ahora invirtió más de 500 millones de dólares en el proyecto, que incluye un resort de lujo, una universidad experimental y un centro de investigación de longevidad.

Lo curioso es que Ellison, uno de los inversores más exitosos de la historia de la tecnología, parece estar usando la isla como laboratorio para probar ideas que luego podrían escalar a nivel global. Desde el punto de vista de un inversor, Lanai es una posición concentrada en un activo ilíquido con un horizonte de retorno de varias décadas. Una apuesta que pocos family offices se animarían a replicar.

¿Qué nos dice esto sobre el dinero y la racionalidad?

Cuando se tiene una fortuna tan grande que los retornos del mercado tradicional ya no mueven la aguja, la asignación de capital se vuelve más filosófica que financiera. Los tres casos muestran que incluso las mentes más brillantes del capitalismo pueden tomar decisiones que, medidas con los criterios habituales de riesgo-rentabilidad, parecen irracionales.

Desde el punto de vista conductual, estos comportamientos se explican por lo que los psicólogos llaman “efecto de riqueza”: una vez cubierta la seguridad financiera intergeneracional, el dinero pasa a ser un instrumento para perseguir objetivos que tienen más que ver con el estatus, la inmortalidad o la curiosidad que con el rendimiento financiero.

Para el inversor retail argentino que lee estas líneas, el ejercicio es útil: recordarnos que incluso quienes tienen acceso a los mejores asesores del mundo terminan tomando decisiones que desafían los manuales de finanzas. Tal vez la lección más sana sea que, más allá de cuánto dinero se tenga, la racionalidad financiera siempre compite con impulsos mucho más primitivos.

Y vos, ¿qué harías si mañana despertaras con 5.000 millones de dólares en la cuenta? ¿Comprarías una isla, te construirías un búnker o seguirías invirtiendo en FCI y bonos como hasta ahora?

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