Caída de la participación salarial: U$S 7.000 millones menos para los asalariados en seis meses
La porción de los trabajadores en el PBI bajó a 42,9% en el segundo trimestre de 2026, acumulando una pérdida de 4,1 puntos en el semestre. El dato marca una transferencia de ingresos hacia el sector empresario.
La participación de los asalariados en el producto bruto interno se redujo de manera significativa en la primera mitad de 2026. Según los datos disponibles, cayó al 42,9% en el segundo trimestre, lo que representa una pérdida adicional de 2,3 puntos porcentuales respecto del primer trimestre, cuando ya había bajado 1,8 puntos. En total, la caída acumulada en seis meses supera los 4 puntos.
La información fue publicada originalmente por Tiempo Argentino el 18 de octubre de 2026. Esta dinámica implica una transferencia de ingresos desde los trabajadores hacia los empresarios por un monto cercano a los 7.000 millones de dólares en el semestre, medido a precios constantes.
El nivel actual se ubica lejos del 50,2% que se había registrado en 2017. La brecha acumulada desde entonces supera los 7 puntos porcentuales, lo que refleja un cambio estructural en la distribución del ingreso en la economía argentina.
Desde una perspectiva macro, la caída de la participación salarial se explica por la combinación de una fuerte devaluación inicial, inflación que licuó salarios en términos reales y un ajuste fiscal que recortó empleo público y transferencias. Las empresas, por su parte, lograron recomponer márgenes gracias a precios que subieron más rápido que los costos laborales.
Vale notar que este tipo de transferencia no es inédita en la historia económica local. En ciclos previos de ajuste, la participación de los asalariados también cayó en los primeros trimestres para luego estabilizarse o revertirse parcialmente cuando la actividad se recupera. La diferencia actual radica en la magnitud y en el contexto de inflación aún elevada.
El dato tiene implicancias directas sobre el consumo privado, que representa más del 60% de la demanda agregada. Una menor masa salarial real limita la recuperación del mercado interno y puede extender la fase recesiva, incluso si la inflación sigue bajando.
Desde el lado fiscal, la caída de la participación laboral también afecta la recaudación de aportes previsionales y de impuesto a las ganancias de cuarta categoría. Aunque el Gobierno logró superávit primario en los primeros meses, parte de ese resultado se sostiene sobre una base imponible que se contrae.
Antes de sacar conclusiones definitivas, conviene esperar los números del tercer trimestre. La estacionalidad y la posible desaceleración inflacionaria podrían modificar levemente la tendencia, aunque difícilmente reviertan el cuadro acumulado en lo que va del año.
El desafío de política económica pasa por compatibilizar la necesidad de recomponer márgenes empresariales con una recuperación salarial que no vuelva a desequilibrar las cuentas públicas ni el frente cambiario. Hasta ahora, el ajuste recayó de manera desproporcionada sobre los ingresos del trabajo.