Caputo apaga la aspiradora de pesos: liberó $3 billones y cedió a la presión bancaria
El ministro de Economía expandió la base monetaria en $3 billones tras la presión de los bancos por los elevados rendimientos de las Leliq y pases. La decisión marca un giro en la política de absorción de liquidez y reaviva el debate sobre el impacto en la inflación y las tasas.
El ministro de Economía, Luis Caputo, decidió este miércoles desactivar parcialmente la “aspiradora de pesos” que el Banco Central venía operando a través de pases y Leliq. Según datos oficiales y estimaciones de mercado, la medida implicó una expansión de la base monetaria de alrededor de $3 billones en una sola jornada.
La decisión llega después de semanas de fuerte presión de las entidades bancarias, que veían cómo sus balances se veían afectados por los elevados rendimientos que ofrecían los instrumentos pasivos del BCRA. Los bancos argumentaban que mantener tasas reales tan altas para absorber liquidez estaba erosionando su rentabilidad y limitando el crédito al sector privado.
Desde el Palacio de Hacienda confirmaron que se optó por una relajación controlada de la esterilización. Fuentes del equipo económico indicaron que el objetivo es evitar una contracción excesiva de la liquidez que pudiera generar tensiones en el sistema financiero, aunque admitieron que el movimiento implica un aumento de la base monetaria que deberá monitorearse de cerca en las próximas semanas.
El contexto de la “aspiradora”
Desde la asunción del actual gobierno, el BCRA había priorizado una política agresiva de absorción de pesos para anclar expectativas inflacionarias. Los pases a tasa elevada se convirtieron en la principal herramienta: llegaron a superar los $30 billones en stock. Esta “aspiradora” permitió reducir la emisión monetaria asociada al déficit fiscal, pero generó costos crecientes en términos de intereses pagados por el Central.
El giro de Caputo se produce en un momento en que la inflación mensual muestra una tendencia a la baja —aunque todavía en niveles elevados— y cuando el Tesoro busca cerrar el año con superávit primario consistente. Sin embargo, analistas advierten que liberar liquidez de esta magnitud puede complicar el sendero desinflacionario si no viene acompañado de una mayor demanda de pesos.
Reacción de los mercados y los bancos
Los bancos celebraron la medida. Ejecutivos de las principales entidades señalaron que el exceso de esterilización estaba generando distorsiones en el mercado de crédito y en la curva de tasas. Con esta liberación, parte de esos fondos podrán destinarse a préstamos o a la compra de títulos públicos, lo que alivia la presión sobre los spreads bancarios.
En el mercado de bonos, los títulos soberanos en pesos reaccionaron con subas moderadas, aunque los operadores advierten que el movimiento puede aumentar la brecha entre la tasa de política monetaria y la inflación esperada. El dólar blue y los tipos de cambio financieros mostraron poca reacción inicial, lo que sugiere que, por ahora, la confianza en el ancla fiscal se mantiene.
Mirada comparada y lecciones históricas
La tensión entre esterilización fuerte y rentabilidad bancaria no es nueva en Argentina. Durante el ciclo 2016-2018, el BCRA también recurrió masivamente a Leliq (entonces Lebac), lo que generó un “carry trade” masivo que terminó complicando la salida cuando las condiciones externas cambiaron. En Brasil, durante la fase de ajuste post-2015, el Banco Central optó por una combinación de tasas altas pero con gradual liberación de liquidez vinculada a mejoras fiscales, un camino que Caputo parece intentar replicar.
La pregunta que vale la pena hacerse es si esta expansión de $3 billones es un ajuste puntual o el inicio de un cambio de régimen. Quien haya estudiado los ciclos de flujos de capital en emergentes sabe que relajar la absorción de pesos demasiado temprano puede alimentar una nueva ronda de depreciación e inflación, especialmente si la Fed mantiene tasas elevadas por más tiempo.
Desde el punto de vista institucional, la medida refuerza la coordinación entre Palacio de Hacienda y el BCRA, pero también pone de manifiesto los límites de una estrategia que dependía casi exclusivamente de la esterilización para controlar la inflación. Economistas como Pablo Gerchunoff han recordado en columnas recientes que ningún programa de estabilización argentino logró consolidarse sin una combinación creíble de ajuste fiscal, ancla cambiaria y recomposición de demanda de base monetaria.
¿Qué sigue para el inversor y la economía real?
Para el inversor retail, el movimiento implica que las tasas de los fondos money market y los plazos fijos probablemente bajen en las próximas semanas, reduciendo el carry en pesos. Eso puede empujar parte de esa liquidez hacia instrumentos dolarizados o hacia la demanda de bienes durables, con el consiguiente impacto en precios.
En la economía real, las pymes y sectores productivos pueden recibir algo de alivio crediticio si los bancos efectivamente vuelcan parte de esos $3 billones al crédito. Pero el riesgo latente es que, si la inflación no sigue bajando al ritmo esperado, el BCRA tenga que volver a subir tasas más adelante, con el consecuente efecto contractivo.
Caputo eligió ceder ante la presión bancaria con el argumento de que una crisis de liquidez en el sistema financiero sería más costosa que una relajación controlada. La historia argentina muestra que estas decisiones suelen ser políticamente inevitables pero macroeconómicamente riesgosas. El éxito de la movida dependerá de si el superávit fiscal se sostiene con holgura suficiente como para absorber esta inyección sin que se dispare nuevamente la expectativa de emisión.