Con suba de tasas, el Tesoro renovó solo el 81,3% de los vencimientos y liberó pesos al mercado
La licitación de esta semana reflejó una mayor exigencia de los inversores ante la incertidumbre cambiaria y fiscal. La mayor parte de los $13,2 billones colocados se concentró en instrumentos de corto plazo, mientras que el Dual CER/TAMAR mostró una demanda sólida.
El Ministerio de Economía logró colocar $13,2 billones en la licitación de esta semana, pero solo renovó el 81,3% de los vencimientos que enfrentaba, lo que implicó una liberación neta de pesos al mercado por alrededor de $3 billones. La suba de tasas de interés que ofreció el Tesoro no alcanzó para atraer la totalidad de los fondos que vencían, en un contexto de creciente cautela por parte de los inversores ante la evolución de las variables macroeconómicas.
La mayor proporción de la colocación se concentró en bonos de corto plazo, especialmente Letras a Descuento (LEDES) y Letras ajustables por CER (LECER), que siguen siendo los instrumentos preferidos por los fondos comunes de inversión y los inversores institucionales que buscan minimizar la exposición a plazos más largos. Esta preferencia por el corto plazo refleja una lectura del mercado: nadie quiere quedar expuesto a la incertidumbre cambiaria y fiscal más allá de los próximos 30 o 60 días.
El Dual CER/TAMAR, un instrumento relativamente nuevo que ajusta por la mayor entre la inflación y la evolución del tipo de cambio, volvió a mostrar una aceptación destacada. Su demanda confirma que una parte de los inversores busca cobertura contra ambos riesgos —inflacionario y devaluatorio— sin tener que elegir de antemano cuál será el dominante en los próximos meses. Este bono se ha convertido en una de las pocas opciones de mediano plazo que logra captar interés en un mercado que, por lo demás, sigue apostando al muy corto.
Desde el punto de vista macro, la licitación deja un saldo neto expansivo. Liberar pesos en un contexto donde la base monetaria ya viene creciendo a tasas mensuales de dos dígitos no es una noticia menor. Aunque el BCRA sigue absorbiendo liquidez a través de pases y otros instrumentos, el Tesoro está inyectando pesos que luego el Banco Central deberá esterilizar. Es el clásico juego de traspaso de la pelota entre Palacio de Hacienda y Reconquista 266 que se ha repetido en los últimos años con resultados dispares.
Mirado en perspectiva comparada, esta dinámica no es exclusiva de Argentina. Países que enfrentan alta inflación y dudas sobre la sostenibilidad fiscal suelen ver cómo sus curvas de rendimientos se invierten fuertemente: los inversores exigen tasas más altas para plazos cortos y huyen de los compromisos de mediano y largo plazo. Lo que cambia en cada caso es la capacidad del banco central para absorber esa liquidez sin generar una espiral de tasas que termine afectando el costo de financiamiento del propio Estado.
Para el inversor local, el mensaje de esta licitación es claro: el mercado está exigiendo más tasa para renovar y, aun así, no renueva todo. Eso habla de una mayor selectividad y de una percepción de riesgo que no ha bajado a pesar de las señales de ajuste fiscal que viene dando el Gobierno. Quienes apuestan al carry trade en pesos siguen teniendo una ventana, pero cada vez más estrecha y con un stop loss más cercano.
La pregunta que queda abierta es cuánto tiempo podrá el Tesoro sostener esta estrategia de tasas crecientes sin que el costo de financiamiento se vuelva insostenible o sin que el BCRA tenga que subir agresivamente la tasa de política monetaria para defender la demanda de pesos. Por ahora, la licitación de esta semana muestra que el equilibrio es inestable: se coloca bastante, pero no lo suficiente, y el mercado sigue exigiendo más.