De cuánto es la fortuna de Andrew Stanton, el cerebro detrás de Toy Story
El director y guionista de Toy Story y WALL·E acumuló una fortuna estimada en más de 100 millones de dólares gracias a su rol clave en los mayores éxitos de Pixar y Disney.
Andrew Stanton es uno de los nombres que explican por qué Pixar se convirtió en sinónimo de animación de calidad. Guionista principal de Toy Story (1995), director de Buscando a Nemo (2003), WALL·E (2008) y co-director de Toy Story 3, su huella está en prácticamente todos los grandes hitos del estudio. Esa trayectoria no solo le valió dos Oscars y múltiples premios, sino que también le permitió acumular una fortuna personal que se estima en alrededor de 120 millones de dólares según fuentes de la industria y reportes especializados.
La mayor parte de esa riqueza proviene de su larga relación con Pixar, primero como empleado clave y luego como accionista indirecto tras la venta del estudio a Disney en 2006 por 7.400 millones de dólares. Stanton figuraba entre los creativos que recibieron paquetes accionarios significativos. Además, sus bonos por desempeño en películas que generaron miles de millones en taquilla y merchandising (especialmente la saga Toy Story) engrosaron sus ingresos.
Según estimaciones de sitios como Celebrity Net Worth y reportes de Variety, Stanton habría percibido decenas de millones en compensaciones variables ligadas al rendimiento de Finding Nemo, WALL·E y las entregas de Toy Story. Su rol como guionista y director le permitió negociar puntos sobre la recaudación neta, una práctica poco habitual pero que se daba con los fundadores y creativos originales de Pixar.
Fuera de la animación, Stanton incursionó en live-action con John Carter (2012), una película que fue un fracaso comercial y que le costó parte de su reputación en Disney. Sin embargo, el revés no afectó materialmente su patrimonio: siguió cobrando por consultorías creativas y por su participación en las secuelas de Toy Story y otros proyectos de Pixar bajo el paraguas de Disney.
Hoy, con 59 años, Stanton mantiene un perfil bajo. Su fortuna no se compara con la de Steve Jobs o John Lasseter, pero lo ubica cómodamente entre los directores de animación más acaudalados del mundo. Buena parte de ese dinero está invertido en bienes raíces en California y en participaciones minoritarias en productoras independientes.
Su carrera demuestra que en la industria del entretenimiento el verdadero valor no está solo en la taquilla, sino en haber sido parte del equipo que definió un género entero. Toy Story no solo revolucionó la animación por computadora: también creó una máquina de generar riqueza que sigue pagando dividendos, literalmente, a quienes estuvieron ahí desde el primer fotograma.