De los rayos cósmicos a la minería: startup argentina levanta u$s2M para explorar el subsuelo
Ab Astra desarrolló una tecnología basada en muones cósmicos que promete abaratar y volver más precisa la detección de minerales críticos, con menor huella ambiental. La ronda semilla de u$s2 millones le permitirá escalar su plataforma en proyectos locales y regionales.
Una startup argentina acaba de cerrar una ronda semilla de u$s2 millones para llevar al terreno industrial una tecnología que nació en la física de partículas: la detección de muones cósmicos para mapear el subsuelo con precisión inédita y a costos significativamente menores que los métodos tradicionales.
La empresa se llama Ab Astra y fue fundada en 2021 por un equipo que combina físicos de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), ingenieros de la UBA y expertos en geofísica. Su propuesta es reemplazar o complementar las campañas sísmicas y de perforación exploratoria —que pueden costar millones por pozo— con un sistema pasivo que aprovecha los rayos cósmicos que bombardean continuamente la Tierra.
Los muones son partículas subatómicas que atraviesan la materia de forma predecible. Al medir cómo se atenúan o se desvían al pasar por diferentes densidades rocosas, es posible construir tomografías tridimensionales del subsuelo sin necesidad de perforar ni usar explosivos. La tecnología ya se usó experimentalmente en la pirámide de Keops y en volcanes; Ab Astra la industrializó para la minería de litio, cobre, oro y otros minerales críticos.
“Estamos reduciendo entre un 40% y un 60% los costos de la fase inicial de exploración y cortando drásticamente el tiempo de obtención de datos”, explica el CEO de la compañía, que prefiere no aparecer con nombre en esta nota hasta el cierre formal de la ronda. La inversión fue liderada por un family office local con experiencia en deeptech y contó con participación de inversores ángeles del ecosistema de ciencia y tecnología argentino, además de un fondo chileno interesado en la transición energética regional.
El contexto global juega a favor. La demanda de minerales críticos para baterías, energías renovables y electromovilidad se multiplicó en los últimos años. Según el Banco Mundial, la producción de litio, níquel, cobalto y grafito deberá crecer entre 4 y 6 veces para 2040. Argentina, con su triángulo del litio, está en el centro de esa carrera, pero enfrenta críticas por el impacto hídrico y ambiental de los métodos convencionales de exploración.
La tecnología de Ab Astra promete mitigar parte de ese problema: al ser pasiva, no genera vibraciones, no requiere agua en la fase de medición y reduce la cantidad de perforaciones exploratorias fallidas. “Es como pasar de una radiografía a una resonancia magnética del suelo”, grafican desde la startup.
Los u$s2 millones servirán para terminar el desarrollo de la segunda generación de detectores —más livianos y con mayor resolución angular—, desplegar dos pilotos comerciales en la Puna catamarqueña y salteña durante 2026, y armar un equipo comercial que ya mantiene conversaciones con dos grandes mineras que operan en la región.
Desde el punto de vista macro, la noticia refuerza una tendencia que viene ganando tracción en el ecosistema argentino: la exportación de conocimiento científico aplicado a industrias extractivas de alto valor. En un país que históricamente tuvo dificultades para escalar startups de hardware y deeptech, cerrar una ronda de este tamaño en un segmento tan específico es un hito.
Queda por ver si la tecnología logra la validación definitiva en condiciones reales de salar y si puede competir en escala con las soluciones satelitales y de IA que también avanzan en el sector. Por ahora, Ab Astra se posiciona como una de las pocas empresas latinoamericanas que lleva física de partículas al corazón de la minería verde que el mundo reclama.
El desafío siguiente será doble: técnico y geopolítico. Técnico, porque los muones siguen siendo una fuente de ruido estadístico que exige tiempo de medición y algoritmos robustos. Geopolítico, porque los minerales críticos ya son parte de la rivalidad estratégica entre China, Estados Unidos y Europa. Quien domine las tecnologías de exploración eficiente tendrá una ventaja comparativa real en la próxima década.