Diego Santilli: del PRO porteño a la Casa Rosada, el recorrido de un sobreviviente político
De sus inicios en el macrismo porteño hasta su rol en el gobierno de Milei, Diego Santilli encarna la figura del político que sabe adaptarse a cada ciclo sin perder protagonismo. Un recorrido por sus mutaciones.
Diego Santilli no es un ideólogo. Tampoco es un outsider. Es, en cambio, uno de los pocos sobrevivientes del PRO que logró transitar sin grandes heridas el paso del macrismo porteño al gobierno nacional de Javier Milei. Su trayectoria es un caso de estudio sobre cómo se construye y mantiene influencia en la política argentina de las últimas dos décadas.
Nacido en Buenos Aires en 1967, Santilli comenzó su carrera pública como secretario de Deportes durante la gestión de Aníbal Ibarra en la Ciudad. Pero fue con Mauricio Macri que encontró su verdadero hábitat. En 2007 se convirtió en vicejefe de Gobierno porteño y desde entonces ocupó roles clave: legislador, jefe de Gabinete y, finalmente, vicejefe de nuevo con Horacio Rodríguez Larreta.
Su estilo bajo perfil y su capacidad para tejer alianzas lo convirtieron en un operador confiable. Durante la pandemia, cuando Larreta y Santilli se posicionaron como una alternativa “racional” al kirchnerismo, el vicejefe ganó visibilidad nacional. La elección legislativa de 2021 marcó un pico: ganó la interna de Juntos por el Cambio en la provincia de Buenos Aires contra Cristian Ritondo y se convirtió en diputado nacional.
Sin embargo, el estallido de la interna entre Larreta y Patricia Bullrich en 2023 lo dejó en una posición incómoda. Santilli acompañó la candidatura de Bullrich, que terminó tercera. Cuando Javier Milei ganó el balotaje, muchos esperaban que el santillismo quedara marginado. Ocurrió lo contrario.
En los primeros meses del gobierno libertario, Santilli se movió con discreción pero eficacia. Mantuvo puentes con el macrismo duro y con sectores del peronismo bonaerense. Su cercanía con figuras como Guillermo Francos y su conocimiento del Congreso lo volvieron útil para la negociación de la Ley Bases y el paquete fiscal. Hoy ocupa un rol de enlace entre la Casa Rosada y los bloques dialoguistas.
El recorrido de Santilli ilustra un fenómeno más amplio: en la política argentina actual, la supervivencia depende menos de la coherencia ideológica y más de la capacidad de leer el mapa de poder en tiempo real. No es casual que haya pasado de defender el gradualismo de Macri-Larreta a acompañar, con matices, el ajuste drástico de Milei.
Sus críticos lo acusan de oportunismo. Sus defensores hablan de pragmatismo. Lo cierto es que, a sus 57 años, Santilli sigue teniendo despacho propio en el Congreso y acceso directo a la quinta de Olivos. Pocos de su generación pueden decir lo mismo.
La pregunta que queda abierta es cuánto puede estirarse esa elasticidad. Mientras el gobierno de Milei mantenga niveles de apoyo razonables, Santilli seguirá siendo un interlocutor válido. Si el escenario cambia drásticamente, el “sobreviviente” tendrá que decidir nuevamente de qué lado queda. Por ahora, su instinto lo mantiene cerca del poder.