Economía

El dólar le gana a la inflación: junio marca un quiebre que el bolsillo ya resiente

Publicado el 30/06/2026 15:00 hs

Billetes de dólares y pesos argentinos apilados sobre una mesa con gráficos de inflación y mora crediticia
iProfesional — Finanzas

En junio el dólar oficial acumuló más variación que la inflación, pero la mora récord en créditos y la fragilidad del consumo revelan que cualquier corrección cambiaria cae sobre una economía con límites claros.

Junio de 2025 dejó un dato que pocos esperaban tan pronto: el dólar oficial acumuló una variación mayor a la inflación mensual. Según datos del BCRA y el INDEC, el tipo de cambio mayorista trepó 4,8% mientras el IPC se ubicó en torno al 4,1%. Es la primera vez en varios meses que el crawling peg supera el ritmo de los precios.

El dato no es menor. Durante gran parte del actual programa económico, el ancla cambiaria había sido el principal instrumento para contener la inflación. Ahora ese ancla comienza a soltarse, aunque de manera controlada. La pregunta que vale la pena hacerse es si se trata de un ajuste técnico necesario o del primer síntoma de que el esquema cambiario llega a sus límites.

Quien haya seguido los ciclos argentinos reconocerá el patrón: cuando el dólar oficial empieza a ganarle a la inflación, suele ser porque la brecha se había comprimido demasiado y el Banco Central necesita recomponer competitividad. Sin embargo, esta vez el contexto es distinto. La economía real muestra señales de agotamiento que hacen que cualquier corrección caiga con más fuerza sobre el bolsillo.

Los números de mora crediticia hablan por sí solos. Según el último informe del BCRA, la mora en préstamos personales alcanzó un récord de 8,7% en mayo, el nivel más alto desde la salida de la pandemia. En tarjetas de crédito la situación es aún más delicada: supera el 12% en varios bancos. Familias que ven cómo sus ingresos en pesos se licúan más lento que el dólar y que, al mismo tiempo, enfrentan cuotas que se indexan por CER o por UVA, terminan eligiendo no pagar antes que recortar aún más el consumo.

Este fenómeno no es solo financiero. Refleja una economía que ya muestra el límite del ajuste. El consumo masivo cayó 6,2% interanual en el primer semestre según estimaciones privadas, y el sector comercio y servicios acumula tres meses consecutivos de contracción. En términos comparados, la dinámica recuerda lo que se vio en Brasil entre 2015 y 2016, cuando el ajuste fiscal y cambiario se superpuso con una fuerte caída del poder adquisitivo.

Desde la perspectiva internacional, el caso argentino vuelve a ilustrar una verdad que Dani Rodrik y otros economistas han señalado: en economías emergentes con alta dolarización de expectativas, el tipo de cambio no es solo un precio relativo; es un ancla de confianza. Cuando esa ancla se mueve, aunque sea levemente, genera efectos de segunda ronda que el modelo de estabilización no siempre logra anticipar.

El Gobierno sostiene que se trata de un “recalibramiento ordenado” y que la brecha sigue en niveles manejables. De hecho, el dólar blue y los financieros se mantienen relativamente estables, lo que sugiere que el mercado no percibe todavía un riesgo de ruptura. Pero la realidad del sector productivo es otra. Importadores con acceso al MULC reportan demoras crecientes en la aprobación de giros, y exportadores del complejo agroindustrial advierten que la competitividad ya se está erosionando frente a pares regionales como Uruguay y Paraguay.

Aquí aparece la tensión central del momento: el dólar oficial puede ganarle a la inflación en los papeles, pero si esa ganancia no se traduce en mayor ingreso de divisas ni en recuperación del crédito, termina siendo un ajuste que paga el sector más frágil de la sociedad. La mora récord no es un dato aislado; es la señal de que el colchón social del ajuste se está agotando.

Mirado en perspectiva histórica, pocos programas de estabilización en América Latina lograron combinar crawling peg por debajo de la inflación durante más de 18 meses sin generar distorsiones de precios relativos. Chile en los 90 y Perú en la década siguiente lo hicieron con éxito, pero contaban con anclas fiscales mucho más sólidas y con menor dolarización de pasivos. Argentina, con un stock de deuda en moneda local indexada y una memoria inflacionaria aún fresca, juega en otra liga.

El desafío inmediato para las autoridades es cómo administrar este nuevo equilibrio sin que el dólar se convierta en un acelerador de expectativas. La hoja de ruta oficial habla de convergencia gradual hacia un régimen más flexible, pero los mercados ya empiezan a preguntar a qué velocidad y con qué respaldo de reservas. Mientras tanto, el bolsillo de los hogares y las PyMEs sigue siendo el amortiguador silencioso de la corrección.

Lo interesante no es tanto que el dólar le haya ganado a la inflación en junio. Lo relevante es qué tan sostenible resulta ese cruce en una economía donde la mora ya marca récords y donde el consumo muestra claros signos de fatiga. El segundo semestre pondrá a prueba si este recalibramiento es el comienzo de una normalización o el preludio de una nueva tensión cambiaria.

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