La inversión de Haaland en gomitas para el pelo: de un tic personal a marca registrada
El goleador noruego del Manchester City se convirtió en socio de una empresa de hair ties. Un caso que muestra cómo los deportistas de élite diversifican su portafolio más allá de las marcas deportivas tradicionales.
El delantero noruego Erling Haaland, uno de los futbolistas más letales del planeta, sorprendió esta semana al anunciar su ingreso como socio inversor en una startup sueca de accesorios para el cabello. La empresa, especializada en gomitas y bandas elásticas de alta calidad, convirtió un detalle estético del jugador en una marca registrada.
Según fuentes cercanas a la operación, Haaland descubrió el producto durante un viaje y comenzó a usarlo habitualmente para sujetar su característica coleta. El vínculo personal derivó en una inversión minoritaria que, más allá del monto no revelado, busca escalar la marca en el segmento lifestyle y sport.
Desde el punto de vista financiero, el movimiento no es aislado. Cada vez más atletas de élite buscan activos alternativos que generen ingresos pasivos y diversifiquen sus carteras más allá de contratos publicitarios con multinacionales deportivas. En un contexto donde el valor de imagen de un jugador top puede superar los USD 50 millones anuales, invertir en marcas nicho permite retener mayor upside a largo plazo.
La empresa sueca, que ya había registrado un crecimiento de tres dígitos en ventas online durante 2024, vio en Haaland la combinación perfecta entre visibilidad global y autenticidad. El noruego no solo invierte capital: su imagen será parte central de la próxima campaña, que busca posicionar el producto entre deportistas y consumidores jóvenes.
"Convertir un hábito personal en un negocio es una de las formas más genuinas de branding", señaló un ejecutivo del sector de lifestyle sports en conversación off the record. En Argentina, casos como el de Lionel Messi con sus propias marcas o el de otros deportistas que invierten en startups locales muestran un camino similar.
Desde la lente macro, este tipo de operaciones reflejan la madurez del mercado de inversión en atletas. Family offices y fondos especializados en sports tech ya destinan entre 5% y 15% de sus portafolios a este segmento, buscando retornos que combinan exposición a consumo discrecional con el crecimiento del personal branding digital.
La jugada de Haaland llega además en un año clave: con el Mundial 2026 en el horizonte, su exposición mediática está en punto máximo. Convertir esa visibilidad en equity de una marca emergente, en lugar de un pago fijo por endorsement, podría resultar financieramente más inteligente que las fórmulas tradicionales.
Vale separar dos cosas: no se trata de un capricho de millonario, sino de una decisión que combina storytelling auténtico con una tesis de negocio escalable. La empresa ya opera en varios mercados europeos y planea expansión a Latinoamérica y Asia en 2026.
Para los inversores locales que siguen la carrera de Haaland como fenómeno deportivo y de marca, este movimiento refuerza la idea de que el verdadero valor de un atleta de élite ya no reside solo en sus goles, sino en su capacidad de monetizar su identidad de formas no lineales.
El caso también deja una lección para el ecosistema de inversión argentino: en un país con alta inflación y restricción de divisas, diversificar hacia activos intangibles y marcas globales con historias personales fuertes puede ser una estrategia defensiva con upside asimétrico.