Milei aventaja a Kicillof, pero los indecisos dominan el escenario electoral
A un año de las presidenciales de 2027, La Libertad Avanza lidera las preferencias con 29% frente al 20% del peronismo kirchnerista. Sin embargo, el 32% de indecisos en primera vuelta y el 23% en balotaje podría definir el resultado, según la última medición de Opinaia.
A falta de un año de las presidenciales de 2027, el mapa político argentino se presenta con un oficialismo que estabilizó su imagen tras meses de caída y una oposición peronista que aún no logra consolidar un liderazgo unificado. La última medición de Opinaia, realizada entre el 19 y el 25 de julio de 2026, captura ese contraste con nitidez y deja en evidencia un dato que puede resultar decisivo: el peso creciente de los indecisos.
En una consulta directa por la primera vuelta presidencial, La Libertad Avanza se ubica al frente con 29% de las preferencias, seguida por el peronismo kirchnerista con 20%. Ningún otro espacio individual supera el 9%. Sin embargo, un 32% de los consultados todavía no definió su voto. Esa cifra no es marginal; duplica los registros de indecisión que otras consultoras habían medido apenas semanas atrás y confirma una tendencia al alza.
El escenario se atenúa pero no desaparece en un eventual balotaje. Frente a Axel Kicillof, Javier Milei se impone 47% a 30%, pero un 23% declara no saber aún a quién elegir. Quienes siguen de cerca la evolución de las encuestas recordarán que en junio, en plena crisis por el caso Adorni, Proyección había registrado apenas 7,9% de indecisos en un balotaje entre ambos dirigentes, con un empate técnico. El salto a 23% en pocos meses sugiere que el electorado se encuentra en un momento de reacomodamiento más profundo de lo que las cifras de intención de voto sugieren a primera vista.
La foto de imagen de dirigentes refuerza el diagnóstico. Dentro del oficialismo, Patricia Bullrich lidera el ranking con el diferencial neto menos negativo (-3), por delante del propio Presidente (-8). Diego Santilli, Victoria Villarruel y otros completan un podio oficialista que, si bien negativo, luce menos castigado que el opositor. Del lado peronista, Kicillof acumula -40 y Cristina Fernández de Kirchner -37, mientras que Máximo Kirchner y Juan Grabois se ubican en los últimos lugares con diferenciales de -58 y -56 respectivamente. Ningún referente opositor logra colarse entre los mejor evaluados.
El humor social, por su parte, volvió a girar hacia lo económico. El desempleo escaló al 63% como principal preocupación —siete puntos más que en la medición anterior— y la pobreza subió al 59%, también siete puntos. La corrupción, que había ganado terreno durante el escándalo Adorni, retrocedió nueve puntos hasta el 47% tras la salida del ex jefe de Gabinete y la llegada de Diego Santilli. La inflación bajó al 37% y la inseguridad se mantuvo en torno al 40%. El pulso vuelve a marcarlo la economía, no los escándalos de corrupción, y eso condiciona tanto la agenda oficial como las chances opositoras.
Desde una perspectiva comparada, este tipo de escenarios de alta indecisión a un año de una elección no son infrecuentes en América Latina. Suelen resolverse en dos direcciones: o el oficialismo consolida su base a través de resultados económicos tangibles, o la oposición logra capitalizar el descontento con una figura que unifique al electorado anti-gobierno. En el caso argentino, el peronismo aún carece de ese candidato aglutinante, mientras que Milei mantiene una ventaja estructural en primera vuelta que solo se pone en duda en un balotaje si los indecisos se decantan mayoritariamente hacia el lado opositor.
El crecimiento del bloque indeciso no parece responder a un solo factor. La estabilización de la aprobación presidencial luego de la fuerte caída de meses previos, combinada con el deterioro de los indicadores sociales (desempleo y pobreza), genera un electorado que evalúa pero no termina de comprometerse. Ese 23-32% puede convertirse en el árbitro de 2027. Quien logre capturarlo —ya sea con resultados concretos o con una narrativa convincente— tendrá la ventaja decisiva.
Por ahora, el escenario luce favorable al oficialismo, pero la volatilidad de la opinión pública argentina en contextos de alta inflación y ajuste aconseja cautela. Los números de hoy no son un pronóstico; son una foto de un electorado que, en gran medida, sigue mirando y esperando.