Mora récord en familias: bancos estatales lanzan líneas para reestructurar deudas
Ante el salto histórico de la morosidad en créditos al consumo, entidades como Banco Nación y BNA+ amplían programas de refinanciación con plazos más largos y tasas más blandas. El objetivo es evitar un círculo vicioso de defaults que termine afectando la demanda interna.
La mora en créditos al consumo alcanzó en los últimos meses niveles que no se veían desde la salida de la convertibilidad. Según datos del BCRA, el porcentaje de cartera en atraso superó el 8% en el segmento de préstamos personales, un récord para la serie post-2003. Frente a este escenario, los bancos estatales decidieron reforzar líneas específicas de reestructuración para evitar que las familias endeudadas caigan en default masivo.
Banco Nación y su unidad digital BNA+ lanzaron en las últimas semanas dos programas orientados a deudores con hasta 90 días de atraso. El primero permite refinanciar saldos con plazos que se extienden hasta 48 meses y tasas que, en algunos casos, se ubican 15 puntos porcentuales por debajo de las que rigen en el mercado abierto. El segundo, más agresivo, incluye una quita parcial de intereses punitorios para quienes regularicen antes de los 60 días.
La medida no es aislada. Otras entidades públicas y privadas siguen el mismo camino, aunque con menos visibilidad. La decisión responde a un doble cálculo: por un lado, contener el deterioro de la cartera propia; por el otro, evitar que un ajuste abrupto del consumo familiar termine afectando la actividad económica en un contexto de recuperación todavía frágil.
Desde el punto de vista macro, el aumento de la mora tiene una explicación clara. La inflación acumulada desde diciembre de 2023 licuó parte de los ingresos reales, mientras que los salarios y jubilaciones recuperaron terreno con rezago. Al mismo tiempo, muchas familias recurrieron al crédito para cerrar brechas de consumo básico. Cuando el ajuste fiscal y monetario se profundizó, esa deuda se volvió insostenible para un segmento amplio de la clase media baja y media.
"Es un fenómeno que ya vimos en otras crisis emergentes", explica un analista de un think tank local. "Primero sube la mora en tarjetas y personales, luego aparecen los programas de refinanciación masiva y, si no se logra estabilizar el ingreso real, termina en una reestructuración más profunda o en quitas generalizadas".
El Banco Central viene monitoreando el tema con atención. En su última comunicación de política monetaria reconoció que el crédito al sector privado muestra "deterioro moderado pero acelerado" en el segmento minorista. Fuentes del organismo indicaron que se evalúa flexibilizar algunos límites regulatorios para facilitar las reestructuraciones, siempre que no comprometan la solvencia de las entidades.
Desde la vereda opuesta, economistas más críticos sostienen que estos programas, si bien alivian en el corto plazo, pueden terminar postergando el problema. "Refinanciar deuda a tasas reales negativas es una forma encubierta de licuar pasivos, pero genera incentivos perversos para el futuro", advierten. El precedente más cercano es lo ocurrido entre 2019 y 2020, cuando la pandemia forzó moratorias masivas que luego complicaron la recuperación del sistema financiero.
Para el inversor y el tomador de decisiones empresariales, el dato es relevante por dos razones. Primero, porque una mora elevada y prolongada suele anticipar menor dinamismo en el consumo masivo, lo que impacta en sectores como retail, autos y electrodomésticos. Segundo, porque el fortalecimiento de los bancos estatales en este nicho puede alterar la competencia en el mercado de crédito al consumo en los próximos trimestres.
En perspectiva comparada, Argentina no es un caso único. Brasil enfrentó un salto similar de mora en 2015-2016 y respondió con un programa de refinanciación masiva (Desenrola) que recién dio resultados visibles dos años después. En Turquía, la combinación de alta inflación y devaluación también obligó a los bancos a extender plazos drásticamente. La lección común es que las reestructuraciones funcionan mejor cuando van acompañadas de una estabilización visible del ingreso real.
Por ahora, los programas que se están lanzando en Argentina son voluntarios y selectivos. No hay una moratoria general como la de la pandemia. Eso sugiere que las autoridades confían en que la desaceleración inflacionaria y la recuperación gradual de salarios terminen por mejorar la capacidad de pago de las familias. Si esa apuesta se cumple, la mora podría estabilizarse antes de fin de año. Si no, es probable que veamos una segunda ronda de medidas más agresivas.
Lo que está claro es que el endeudamiento de las familias dejó de ser un tema marginal para convertirse en una variable macro relevante. En un país que históricamente resolvió sus desequilibrios con inflación y devaluación, la reaparición de la mora récord obliga a repensar cómo se articula la política monetaria, cambiaria y de ingresos en la nueva etapa.