Nicola Catena: el inmigrante italiano que fundó la dinastía del Malbec argentino
Llegó a Mendoza con 17 años, compró 11 hectáreas y sentó las bases de lo que hoy es una de las bodegas más prestigiosas del mundo. La historia de cómo un joven de Basilicata inició la saga familiar que popularizó el Malbec en los cinco continentes.
Nicola Catena llegó a Argentina en 1892 con apenas 17 años, un baúl y la convicción de que el Nuevo Mundo ofrecía lo que Italia no podía darle en ese momento. Nacido en Basilicata, en el sur de Italia, no imaginaba que estaba empezando una de las sagas empresariales más exitosas de la vitivinicultura mundial.
Con el tiempo, esas 11 hectáreas que compró en el distrito de Luján de Cuyo se convertirían en el núcleo de Catena Zapata, bodega que hoy exporta a más de 70 países y cuya etiqueta insignia, el Malbec Argentino, se cotiza en las mejores mesas del planeta. Pero antes de los puntajes de 100 puntos y las subastas en Nueva York, hubo décadas de trabajo duro, adaptación y visión.
De Basilicata a Mendoza
Como miles de inmigrantes de su generación, Nicola huyó de la pobreza rural y las limitaciones económicas del sur italiano. Al llegar a Buenos Aires, tomó el tren hacia el oeste buscando tierra y trabajo. En Mendoza encontró lo que buscaba: suelos aluvionales, sol abundante y un microclima que, aunque distinto al de Europa, resultaba promisorio para la vid.
En 1902, con el dinero ahorrado de sus primeros años como peón y pequeño comerciante, compró sus primeras 11 hectáreas en el paraje de La Pirámide. Plantó variedades que conocía: Malbec, Bonarda y algo de Criolla. No era un visionario romántico; era un inmigrante práctico que necesitaba alimentar a su familia.
El salto generacional
Nicola nunca imaginó que su hijo Domingo Catena sería quien llevaría la empresa a otro nivel. Domingo expandió las plantaciones, modernizó las prácticas y, sobre todo, entendió que el futuro pasaba por la calidad y no solo por el volumen. Pero el verdadero punto de inflexión llegó con la tercera generación: Nicolás Catena Zapata.
Nicolás, nieto del fundador, estudió en la Universidad de California Davis y regresó a Mendoza convencido de que el Malbec argentino podía competir con los mejores Cabernet Sauvignon del mundo. En los años 80, cuando la mayoría de las bodegas locales seguían produciendo vino de mesa barato, Nicolás apostó por viñedos de altura, rendimientos controlados y elaboración de precisión.
La reinvención del Malbec
El Malbec había llegado a Argentina en el siglo XIX traído por Michel Aimé Pouget. Pero fue la familia Catena la que entendió su potencial en los suelos mendocinos. A diferencia de su pariente francés, que casi desapareció después de la filoxera, en Mendoza encontró un hogar donde expresaba taninos más suaves, acidez vibrante y aromas de fruta madura con notas florales.
En 1994, Nicolás Catena presentó el primer Malbec de altura de Argentina. Los críticos internacionales primero se mostraron escépticos. Luego llegaron los reconocimientos. Robert Parker, James Suckling y Decanter comenzaron a dar puntajes que antes parecían reservados solo para Burdeos y Napa.
El legado actual
Hoy Catena Zapata es sinónimo de Malbec premium. Laura Catena, bisnieta de Nicola, dirige la bodega junto a su hermano y mantiene la misma obsesión por la calidad y la investigación que caracterizó a su padre. La familia no solo produce vino: financia estudios enología, colabora con universidades y preserva el patrimonio vitícola mendocino.
La historia de Nicola Catena es, en esencia, la historia de la inmigración productiva argentina. Un joven que llegó sin nada, compró tierra, trabajó con lo que tenía y dejó una plataforma que sus descendientes supieron multiplicar. En un país donde a veces se relativiza el esfuerzo de varias generaciones, la trayectoria de esta familia muestra que la visión de largo plazo y la reinversión sistemática pueden construir empresas que trascienden fronteras.
Lecciones para el inversor actual
Desde la perspectiva de quien sigue mercados y empresas, la dinastía Catena ilustra varios principios útiles. Primero, la importancia de entender el terroir propio en lugar de copiar modelos extranjeros. Segundo, la paciencia: pasaron más de 100 años entre las primeras hectáreas de Nicola y el reconocimiento global. Tercero, la reinversión constante de utilidades en investigación y calidad antes que en distribución de dividendos.
En tiempos donde muchos buscan el “negocio rápido”, la historia de los Catena recuerda que las grandes fortunas vitivinícolas argentinas se construyeron con ciclos largos, adaptación constante y foco en la calidad por encima de la cantidad.
Hoy, cuando abrís una botella de Catena Zapata Malbec Argentino, no estás tomando solo vino. Estás bebiendo la historia de un inmigrante de 17 años que decidió jugársela en un país que todavía no era lo que es hoy.