Economía

Radiografía del empleo: el 90% de los nuevos ocupados necesita trabajar más horas para aumentar sus ingresos

Un informe revela que la mayor participación laboral disimula la pérdida de empleo formal y el avance de la precariedad. Aunque el desempleo se contiene, los ingresos reales de los hogares siguen bajo presión.

Publicado el 14 de julio de 2026, 11:25 hs

Gráfico de barras mostrando evolución del empleo formal versus informal en Argentina
Ámbito Financiero — Economía

El mercado de trabajo argentino atraviesa una transformación silenciosa pero profunda. Según un reciente informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, el 90% de los nuevos ocupados que lograron insertarse en el último año necesita aumentar sus horas trabajadas para mejorar sus ingresos reales. No se trata de un mero ajuste coyuntural: es un cambio estructural que combina pérdida de puestos formales con un aumento de la participación laboral para compensar la caída del poder adquisitivo.

Más gente trabajando, pero con menor calidad

La tasa de empleo subió en los últimos trimestres. Esa es la buena noticia que suele destacarse en los comunicados oficiales. Sin embargo, detrás de ese dato se esconde una realidad menos amigable: gran parte de esa expansión se explica por trabajadores que entran al mercado no porque encuentren mejores oportunidades, sino porque los ingresos del hogar ya no alcanzan.

"La mayor participación laboral está evitando un salto del desempleo, pero no alcanza para recomponer los ingresos", sintetiza el documento. En términos concretos, el 90% de quienes se incorporaron recientemente lo hizo en empleos donde el aumento de horas es la única vía para intentar subir el ingreso. Eso habla de subempleo disfrazado de ocupación plena.

Formalidad en retroceso

El empleo registrado privado viene perdiendo terreno desde hace varios trimestres. Las contribuciones a la seguridad social caen en términos reales y el sector público, que históricamente actuó como amortiguador, también muestra signos de estancamiento por las restricciones fiscales.

En paralelo, crecen las ocupaciones informales y las modalidades precarias: monotributistas sociales, trabajadores por cuenta propia sin aporte jubilatorio y changas en plataformas digitales. Estos empleos suelen carecer de indemnización, obra social de calidad y aportes previsionales. El resultado es una mayor vulnerabilidad ante cualquier shock.

Ingresos que no cierran

Pongamos números. Un asalariado formal promedio en la Ciudad de Buenos Aires necesita hoy alrededor de 45 horas semanales para llegar a cubrir la canasta básica de una familia tipo. Hace cinco años esa misma canasta se cubría con poco más de 35 horas. La brecha se explica por la combinación de salarios reales deprimidos y una inflación que, aunque bajó, sigue erosionando el poder de compra mes a mes.

Para los hogares de ingresos medios y medios-bajos, la estrategia predominante es clara: todos los miembros en edad de trabajar lo hacen, y muchos acumulan dos o tres ocupaciones. El "pluriempleo" ya no es excepción, es la norma en amplios sectores.

¿Qué dice la historia reciente?

Este fenómeno no es nuevo, pero se aceleró en los últimos dos años. Durante la salida de la pandemia, muchos esperaban una recomposición rápida del empleo de calidad. En cambio, lo que se vio fue un "rebote estadístico" impulsado por la informalidad y el cuentapropismo.

Estudios comparados muestran que Argentina presenta una de las tasas de informalidad más altas de la región para su nivel de desarrollo. Países como Chile o Uruguay, con instituciones laborales más estables, lograron mantener mayor proporción de empleo registrado incluso en contextos de bajo crecimiento.

Las implicancias de largo plazo

El deterioro de la calidad del empleo tiene consecuencias que van más allá del bolsillo inmediato. Menos aportes jubilatorios hoy significan jubilaciones más bajas mañana. Menos acceso a crédito formal, menor capacidad de ahorro y una transmisión intergeneracional de la vulnerabilidad.

Desde la lente del inversor, este escenario también importa. Un mercado laboral débil limita el consumo privado, que representa más del 60% del PIB. Empresas de consumo masivo, retail y servicios ya lo están sintiendo en sus balances. Al mismo tiempo, una fuerza laboral con baja productividad y alta rotación desalienta la inversión en capital humano.

¿Hay margen para revertir la tendencia?

Revertir esta dinámica requiere más que un rebote cíclico. Se necesita una combinación de estabilidad macroeconómica sostenida, incentivos a la formalización (reducción de la carga tributaria sobre el trabajo) y políticas activas de capacitación que eleven la productividad.

Mientras tanto, el dato del 90% de nuevos ocupados que deben trabajar más horas para ganar un poco más es una radiografía incómoda pero necesaria. Muestra que, detrás de las tasas de empleo que "no están tan mal", hay millones de argentinos corriendo más rápido solo para quedarse en el mismo lugar.

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