Waps: del boom del e-commerce a la convocatoria de acreedores
La marca cordobesa de chatitas virales busca reestructurar sus deudas tras un fuerte derrumbe de ventas. En el expediente judicial, su fundador atribuye la crisis al desplome del consumo, el salto de costos y la invasión de productos importados chinos.
La historia de Waps es, en muchos sentidos, un microcosmos de lo que vivió buena parte del consumo masivo argentino entre 2020 y 2024. Nació en plena pandemia como un caso casi perfecto de adaptación digital: una marca de calzado casual, con foco en las famosas “chatitas” de goma y tela, que explotó en Instagram y Mercado Libre. En menos de tres años pasó de ser una pyme cordobesa desconocida a vender cientos de miles de pares por mes, con envíos a todo el país y una comunidad de seguidores que convertía cada modelo nuevo en viral.
Hoy, esa misma empresa presentó una convocatoria de acreedores en los tribunales de Córdoba. El expediente, al que tuvo acceso FortunaWeb, es un documento crudo: ventas caídas más de 60% en los últimos 18 meses, stock acumulado que no se mueve, costos operativos que se multiplicaron por 4,5 en pesos corrientes y una presión impositiva y financiera que terminó por asfixiar la estructura. El fundador, en la exposición de causas, no ahorra detalles: “El desplome del consumo interno, el aumento desmedido de los costos logísticos y energéticos y la irrupción masiva de productos importados de origen asiático generaron una combinación letal”.
El boom y la ilusión de escalabilidad
Entre 2020 y 2022 Waps parecía seguir el guion perfecto del e-commerce latinoamericano. Precios accesibles, diseños juveniles, campañas virales en TikTok y una logística que, gracias a los fletes baratos de la pandemia, llegaba a Ushuaia o Jujuy con márgenes razonables. En 2021 facturó más de $1.800 millones (ajustados por inflación de entonces) y llegó a emplear a 180 personas entre planta, depósito y equipo de marketing digital.
Pero la escalabilidad resultó frágil. La empresa invirtió fuerte en stock anticipado, en publicidad paga y en un canal propio que nunca terminó de despegar del todo. Cuando en 2023 el consumo empezó a contraerse, el colchón desapareció de golpe. A diferencia de las grandes cadenas de indumentaria, Waps no tenía respaldo financiero ni acceso fácil al crédito blando. Y a diferencia de las marcas premium, no podía trasladar los aumentos de costos al precio final sin perder volumen.
La competencia importada: el factor que nadie vio venir con tanta fuerza
Uno de los puntos más insistentes del expediente es la entrada masiva de calzado asiático a través de couriers y envíos postales. Desde 2022, el gobierno había flexibilizado las importaciones de paquetes de hasta US$ 3.000 por envío para “facilitar el comercio electrónico”. Lo que en teoría era una medida pro-consumidor terminó siendo, para muchas pymes locales, una vía de elusión arancelaria. Chatitas idénticas al modelo estrella de Waps llegaron a venderse en Mercado Libre a menos de la mitad del precio, sin IVA pleno ni aranceles de importación.
“Es competencia desleal lisa y llana”, dice el documento judicial. El dato es elocuente: según estimaciones del sector, el share de calzado importado en el segmento bajo y medio saltó de 18% en 2021 a 41% en 2024. Waps, que producía casi todo en su planta de Córdoba, vio cómo su costo laboral y energético la dejaba fuera de juego frente a productos que entraban prácticamente libres de derechos.
El ajuste que llegó tarde
La empresa intentó reaccionar. Redujo plantilla a 65 empleados, renegoció contratos con proveedores, cortó casi toda la publicidad paga y lanzó una línea más económica. Nada alcanzó. La inflación de costos (especialmente energía, fletes y materiales plásticos) corría más rápido que cualquier ajuste de precios. Al mismo tiempo, el poder adquisitivo del público objetivo —mujeres y adolescentes de clase media baja y media— se derrumbó con la devaluación de diciembre de 2023 y el ajuste fiscal posterior.
En el último trimestre de 2024 las ventas cayeron a menos de un tercio de su pico histórico. El stock, valuado en más de $2.200 millones a costo de reposición, se convirtió en un lastre. Los proveedores, que habían financiado la expansión, empezaron a exigir pago al contado. Los bancos, con el Riesgo BCRA 1, cortaron las líneas. El default operativo era cuestión de semanas.
Lecciones de un caso que no es aislado
Waps no es la primera ni será la última pyme del consumo masivo que termina en convocatoria. Su trayectoria repite un patrón que se vio en varias categorías durante el ciclo 2021-2025: explosión digital durante la pandemia, inversión en crecimiento sin suficiente colchón financiero, shock inflacionario y cambiario, y competencia importada que aprovecha las grietas regulatorias.
Desde el punto de vista macro, el caso ilustra dos problemas estructurales argentinos. Primero, la dificultad de sostener industrias livianas frente a la combinación de altos costos no transables y apertura desordenada al comercio. Segundo, la vulnerabilidad del canal pyme de e-commerce cuando el consumo se contrae bruscamente: sin escala, sin diversificación de mercados y sin acceso a crédito de largo plazo, el modelo se vuelve insostenible.
El expediente judicial ahora entra en la etapa de verificación de créditos y propuesta de acuerdo. El objetivo declarado del fundador es reestructurar la deuda, cerrar la planta bajo un esquema de menor escala y volver a competir, esta vez con mayor foco en el canal mayorista y en productos diferenciado. Si lo logra, Waps pasará a ser una marca más chica, menos viral, pero quizá más viable. Si no, se sumará a la larga lista de empresas que el ajuste post-2023 se llevó por delante.
En Córdoba, mientras tanto, quedan 65 familias pendientes del resultado y un galpón lleno de chatitas que, por ahora, nadie quiere comprar ni siquiera a precio de liquidación.