A un año del "comprá dólares, campeón": qué pasó con los ahorristas que le creyeron a Caputo
La frase del ministro se convirtió en meme, pero los que siguieron el consejo de dolarizar parte de sus ahorros hoy tienen un resultado mixto. Un año después, analizamos si Caputo tuvo razón frente a los que pedían devaluación fuerte.
Hace exactamente un año, en medio de la transición entre el gobierno de Alberto Fernández y la asunción de Javier Milei, el entonces futuro ministro de Economía Luis Caputo soltó una de las frases más recordadas —y criticadas— de la era actual: "comprá dólares, campeón".
La expresión, pronunciada en una entrevista informal, fue rápidamente convertida en meme por opositores y analistas que veían en ella un guiño a la dolarización de carteras en un contexto de fuerte incertidumbre cambiaria. Paradójicamente, lejos de frenar la fuga hacia el dólar, la frase pareció legitimar lo que ya estaba ocurriendo: una dolarización masiva de ahorros por parte de familias y empresas que buscaban protección ante la devaluación que todos daban por descontada.
Hoy, transcurrido un año, vale la pena mirar con datos qué les pasó a quienes le hicieron caso. La respuesta no es tan binaria como el debate público sugiere.
El contexto de la frase
Cuando Caputo habló, el dólar blue cotizaba alrededor de los 950-1.000 pesos y el oficial rozaba los 370. El nuevo gobierno llegaba con reservas netas negativas, un cepo asfixiante y un consenso casi unánime entre analistas de que una corrección cambiaria fuerte era inevitable. En ese marco, recomendar comprar dólares no parecía una herejía, sino una obviedad de supervivencia financiera.
Sin embargo, los que pedían una devaluación abrupta y unificación cambiaria temprana argumentaban que mantener el tipo de cambio atrasado terminaría generando una nueva crisis de balance de pagos. Caputo, en cambio, apostó a una estabilización gradual, con crawling peg del 2% mensual inicial y fuerte ajuste fiscal como ancla.
Qué pasó con el dólar
Quienes compraron dólares blue a fines de 2023 o principios de 2024 pagaron entre $950 y $1.200 según el momento exacto. Hoy el blue se negocia en torno a los $1.280-$1.300. Es decir, en el mejor de los casos ganaron alrededor de un 35-40% nominal en pesos, pero perdieron contra la inflación acumulada en el mismo período, que supera el 180%.
Medido en dólares, el poder adquisitivo de esos billetes verdes se erosionó. Pero ese no es el único cálculo relevante. El que compró dólares y los mantuvo evitó la licuación que sufrieron los plazos fijos en pesos durante los primeros meses del gobierno, cuando las tasas reales fueron fuertemente negativas.
Comparación con otras opciones
El ahorrista que en cambio se quedó en plazos fijos tradicionales perdió contra la inflación en los primeros seis meses, aunque luego las tasas reales positivas de 2024 le permitieron recuperarse parcialmente. Quien optó por instrumentos indexados (como los CER o los dollar-linked) tuvo rendimientos reales modestos pero positivos.
Mirado en perspectiva comparada, la experiencia argentina de 2024 se parece más a lo ocurrido en Turquía entre 2018 y 2020 que a un clásico programa de estabilización ortodoxo. En ambos casos, la autoridad económica resistió la devaluación grande inicial, acumuló reservas lentamente y toleró una apreciación real del tipo de cambio como precio de la estabilización inflacionaria.
Según datos del Banco Central, la tenencia de dólares en poder del sector privado no bancario aumentó unos 8.000 millones de dólares entre diciembre de 2023 y octubre de 2024. No fue una dolarización de balances corporativos masiva, pero sí una clara preferencia de los hogares por el billete verde como reserva de valor.
La mirada de Caputo
El ministro suele recordar la frase en off the record con una sonrisa. Argumenta que, en ausencia de un plan de estabilización creíble, recomendar dolarizar era lo responsable. Una vez que el programa comenzó a mostrar resultados —caída de la inflación mensual, recomposición de reservas, calma cambiaria—, el consejo perdió sentido y el propio Caputo empezó a desalentar la compra de dólares para atesoramiento.
Tiene un punto: quien le creyó en diciembre de 2023 evitó la fuerte licuación que sufrieron los depósitos en pesos durante el primer trimestre. Pero también es cierto que el que esperó y compró dólares en mayo o junio de 2024, cuando el blue ya había bajado a $1.050, hoy está prácticamente empatado contra la inflación.
Lecciones para el ahorrista argentino
La experiencia de estos doce meses confirma varios axiomas que la historia local ya había enseñado. Primero, que en contextos de alta inflación e incertidumbre, el dólar sigue siendo el activo refugio por defecto. Segundo, que el timing importa enormemente: comprar en el pico de pánico suele ser caro. Tercero, que ningún activo es bueno o malo en abstracto, sino en relación con el escenario macro que finalmente se materializa.
Desde una perspectiva más amplia, el caso ilustra la tensión permanente en la que vive la política económica argentina: la necesidad de estabilizar sin generar una recesión tan profunda que haga insostenible el programa. Caputo optó por evitar la devaluación grande inicial y tolerar una apreciación real transitoria. Hasta ahora le salió bien en términos de inflación y reservas, aunque el costo recesivo fue alto.
Para el ahorrista sofisticado, la lección es clara: diversificar entre dólar, instrumentos indexados y algo de exposición a tasas reales positivas cuando el contexto lo permite. Creer ciegamente en una sola narrativa —ya sea la de los "devaluadores" o la de los estabilizadores gradualistas— suele ser una mala estrategia de inversión.
Un año después, la frase "comprá dólares, campeón" sigue siendo un buen meme. Pero como guía de inversión, demostró ser parcialmente correcta en el corto plazo y menos obvia de lo que parecía en el mediano. Como casi todo en la economía argentina, el veredicto final dependerá de lo que ocurra en los próximos 18 meses.