Opinión

Abrazos, sintonía fina y el algoritmo del oficialismo

El jefe de Gabinete busca blindar la relación con el PRO mientras el vocero oficial profundiza su aislamiento y el publicista de Milei queda expuesto por el uso de bots en redes. Un día que desnuda las tensiones internas del Gobierno.

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Enjambres de IA que infiltraron redes y erosionaron la confianza pública

El martes 26 de agosto de 2026, en una velada a beneficio del Museo Nacional de Bellas Artes, el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, no dejó pasar la oportunidad de fortalecer lazos con el principal socio parlamentario del oficialismo. Frente a empresarios y referentes del mundo del arte, Francos se acercó en dos ocasiones a Mauricio Macri, lo llamó “amigo” y mantuvo con él una cálida charla. Quedaron en volver a hablar pronto.

A pesar de las críticas reiteradas de Javier Milei a la gestión económica de Macri —a la que equiparó en más de una ocasión con el kirchnerismo—, el “Colo” necesita mantener sintonía fina con el PRO. No solo para blindar la agenda legislativa en el Congreso, sino también porque en su horizonte aparece, cada vez con más nitidez, la posibilidad de candidatearse a gobernador de la provincia de Buenos Aires en 2027.

El gesto no fue menor en un contexto donde el oficialismo depende del apoyo amarillo para avanzar con sus iniciativas. La relación, aunque tensa en lo discursivo, se muestra pragmática en la práctica.

En paralelo, el vocero presidencial, Manuel Adorni, volvió a tropezar. Durante la conferencia de prensa habitual afirmó que el asesor Santiago Caputo perdía terreno en la comunicación oficial en beneficio del karinista Santiago Oría. La declaración descolocó tanto a la facción caputista como a la “karmelita” y le valió una reprimenda inmediata. Minutos después de salir de la oficina del consultor en el Salón Martín Fierro, Adorni publicó un posteo que desmentía su propia afirmación. Su aislamiento dentro de la estructura comunicacional se profundiza: fue el único funcionario que abandonó la reunión antes de que Milei encabezara la charla con legisladores en Casa Rosada.

Al mandatario, según indicios, no pareció importarle demasiado. Llegó una hora antes de su exposición, se metió en su despacho y se puso a mirar televisión. Le encantó la explicación que dio el diputado Damián Arabia justificando el rechazo a los proyectos opositores que reclaman intervención estatal por la morosidad. Lo abrazó, lo felicitó, insultó a los periodistas que le preguntaron al ingresar y le entregó en mano un ejemplar de Economics in One Lesson, el clásico de Henry Hazlitt. Arabia se convirtió en uno de los pocos privilegiados que Milei destacó públicamente en las últimas semanas.

Mientras tanto, en el terreno digital, uno de los principales artífices de la comunicación libertaria sufrió un traspié revelador. Santiago Oría, cineasta, camarógrafo presidencial y pieza clave en el ascenso dentro de la estructura de LLA, escribió una serie de posteos cuestionando a la oposición. Casi de inmediato recibió decenas de comentarios que comenzaban con la palabra “reply”. Según especialistas libertarios que trabajan a diario la batalla digital, se trata de una instrucción habitual para que robots amplifiquen las publicaciones. Las cuentas automatizadas no quitaron el término por defecto y dejaron al descubierto el uso sistemático de bots para alimentar el algoritmo a favor del oficialismo.

Fuentes de la tropa violeta que conviven a pocos metros de sus despachos son más explícitas: “Usa centenares de bots a diario y tiene a 80 tipos reales que les paga todos los meses para que hablen bien del Gobierno e instalen temas en la opinión pública”. Oría se encarga de filmar al mandatario, editar las imágenes y difundir los videos tanto en las redes oficiales de Milei como en cuentas paraestatales. También coordina que el jefe de Estado no sea expuesto a iluminación ni planos que perjudiquen su imagen.

El episodio desnuda una paradoja del oficialismo: mientras pregona la meritocracia y la transparencia, su aparato de comunicación digital parece descansar en gran medida en la misma lógica de amplificación artificial que critica en sus adversarios. El algoritmo, como se vio el martes, no distingue entre militancia orgánica y militancia sintética.

En un Gobierno que se presenta como disruptivo, los abrazos con el PRO, los tropezones del vocero y los bots del publicista presidencial revelan que la política sigue siendo, en buena medida, la continuación de las viejas artes por otros medios. Solo que ahora, además, con un algoritmo de por medio.

Adaptado de El Cronista

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