Caputo apaga la aspiradora de pesos y libera $3 billones al mercado
El ministro de Economía cedió a la presión de los bancos y expandió la base monetaria en $3 billones. Un giro que marca el fin de la fase más contractiva de la política monetaria y abre interrogantes sobre el futuro del crawling peg y la inflación.
El anuncio no sorprendió a quienes siguen de cerca la pulseada entre el Palacio de Hacienda y las entidades financieras. Tras semanas de tensión, Luis Caputo decidió desactivar el mecanismo que venía absorbiendo liquidez del mercado y liberó alrededor de $3 billones a la economía. La decisión, tomada bajo presión de los bancos, representa un cambio de signo en la política monetaria del Gobierno.
Desde hace meses, la “aspiradora de pesos” —principalmente a través de pases pasivos del BCRA y otros instrumentos de esterilización— había sido el pilar de la estrategia para contener la inflación y estabilizar las expectativas. Con esta expansión de la base monetaria, el Ejecutivo da por concluida esa fase más dura del ajuste monetario. Fuentes del sector financiero consultadas por FortunaWeb coinciden en que los bancos venían advirtiendo sobre los costos de mantener tasas reales tan altas por tanto tiempo.
El contexto macro que explica la movida
La medida llega en un momento en que la economía muestra signos de estabilización pero también de fatiga. La inflación mensual viene bajando, aunque sigue lejos de los niveles de un dígito. Al mismo tiempo, el superávit fiscal primario se sostiene, pero el pago de intereses de la deuda y la necesidad de acumular reservas complican el panorama. En este marco, mantener la aspiradora a full comenzaba a generar tensiones en el sistema bancario y en el crédito al sector privado.
Quien haya estudiado los ciclos de esterilización en economías emergentes reconocerá el patrón: llega un punto en que el costo cuasifiscal se vuelve insostenible o los reclamos del sector financiero se vuelven demasiado fuertes. Argentina no es la excepción. La decisión de Caputo recuerda, en parte, lo ocurrido en otros programas de estabilización donde la fase inicial de shock monetario da paso a una gradual normalización de la liquidez.
Qué cambia para el inversor y el mercado
La liberación de $3 billones implica, en los hechos, una mayor liquidez en el sistema. Eso puede traducirse en menor presión sobre las tasas de interés de corto plazo y, eventualmente, en un impulso al crédito. Sin embargo, también genera riesgos. El principal temor que circula en el mercado es que esta inyección monetaria termine alimentando expectativas de devaluación o renovando presiones inflacionarias si no viene acompañada de una señal fiscal creíble.
Desde la mirada comparada, el desafío argentino actual guarda similitudes con lo que vivieron Brasil en 2016-2017 o incluso Perú en fases de normalización post-ajuste. En todos los casos, el momento de soltar la esterilización fue políticamente delicado y requirió coordinación muy fina entre Tesoro y Banco Central.
El futuro del crawling peg y la inflación
Uno de los interrogantes que deja esta decisión es qué pasará con el crawling peg del 2% mensual. Hasta ahora, ese ancla cambiaria había sido el principal instrumento antiinflacionario junto con la absorción de pesos. Si la base monetaria crece de manera significativa, el Gobierno deberá reforzar la credibilidad fiscal para que el mercado no interprete esto como un relajamiento general.
Caputo, con su background en el sector financiero, sabe mejor que nadie que los bancos no presionan en vano. La liquidez excesiva genera problemas, pero la liquidez cero también. El equilibrio es delicado. Por ahora, la señal parece ser que el Ejecutivo confía en que el superávit fiscal primario le da margen para aflojar la cuerda monetaria sin que se desate una corrida.
Lecciones de historia reciente
No es la primera vez que un gobierno argentino modera su política monetaria contractiva ante presiones del sector financiero. Durante la convertibilidad y también en los años post-2002 hubo momentos similares. Lo que diferencia esta etapa es el contexto externo: tasas de la Fed que empiezan a bajar, un dólar global menos fuerte y un FMI que observa con atención la evolución de las reservas y la base monetaria.
La pregunta que vale la pena hacerse es si este movimiento es el comienzo de una normalización ordenada o el primer síntoma de que el programa original empieza a mostrar grietas. Por ahora, el mercado reaccionó con moderada calma: los bonos soberanos no mostraron movimientos bruscos y el dólar paralelo se mantuvo estable. Pero la sostenibilidad de este nuevo equilibrio dependerá, como casi siempre en Argentina, de la consistencia fiscal en los próximos meses.
En definitiva, Caputo optó por ceder terreno en la batalla de los pesos. Ahora comienza la etapa de demostrar que esa liberación de liquidez no compromete el sendero de desinflación. El reloj, una vez más, corre contra el tiempo.