De Bahía Blanca a Miami: cómo Total Carnes conquistó el mercado premium de carnes
Martín Ghiozzi, cofundador de Total Carnes, cuenta cómo pasó de modernizar la carnicería tradicional argentina a expandirse con locales, e-commerce y franquicias en Estados Unidos, junto a su familia.
La historia de Total Carnes no empieza en un boardroom de Miami ni en una feria internacional de alimentos. Arranca en los campos de Bahía Blanca, en una empresa familiar que decidió dejar de ser solo un proveedor de carne para convertirse en una marca de experiencia premium. Martín Ghiozzi, su cofundador, lo resume con una frase que suena simple pero que resume décadas de prueba y error: “Nos dimos cuenta de que no vendíamos cortes, vendíamos confianza y origen”.
Ghiozzi creció en el negocio familiar de faena y distribución. La crisis del 2001 los obligó a repensar todo. Mientras muchos exportadores argentinos se concentraban en el volumen hacia China o Europa, él y su esposa apostaron por algo distinto: reconstruir la carnicería tradicional pero con estándares de trazabilidad, cortes estandarizados y una relación directa con el consumidor final. Ese fue el germen de Total Carnes en la Argentina.
“Renovamos el modelo de la carnicería de barrio”, explica. Incorporaron mostradores fríos, sistemas de envasado al vacío, capacitaciones constantes al personal y, sobre todo, un control riguroso de la cadena de frío desde el feedlot hasta la góndola. En pocos años pasaron de tener una sola carnicería a una red de locales propios en Buenos Aires, con fuerte presencia en barrios de alto poder adquisitivo. El siguiente paso fue el e-commerce, que durante la pandemia se convirtió en un canal central.
Pero el verdadero salto ocurrió cuando decidieron cruzar el charco. Miami, con su comunidad latinoamericana y su gusto por la carne de calidad, parecía el destino lógico. No fue fácil. “Llegamos sin contactos y con la barrera del FDA y las regulaciones de importación de carne fresca”, recuerda Ghiozzi. Tuvieron que empezar importando cortes congelados y luego, tras obtener las certificaciones necesarias, pudieron traer carne fresca argentina.
Hoy Total Carnes tiene locales propios en el sur de Florida, un e-commerce que entrega en todo Estados Unidos y un incipiente sistema de franquicias. El producto estrella sigue siendo el asado argentino, pero adaptado al paladar local: cortes más magros, marinadas listas y packs pensados para el estilo de vida americano. La esposa de Martín y sus dos hijas juegan roles centrales: una se encarga del marketing y la marca, la otra de la operación diaria en los locales de Miami.
Ghiozzi no oculta que el modelo es 100% familiar. “Es una ventaja y un riesgo. Las decisiones se toman en la mesa del living, pero también los errores se pagan en familia”, dice. Esa cercanía les permitió pivotear rápido durante la pandemia: mientras muchos importadores de carne se paralizaron, ellos reforzaron el canal digital y mantuvieron la trazabilidad que los diferencia de competidores brasileños o uruguayos.
La clave, según él, estuvo en no competir solo por precio. “En Miami hay mucha carne buena. Lo que vendemos es la historia: pampa, feedlot controlado, animal de raza Angus y una familia que sigue cada corte desde Bahía Blanca hasta el asador del cliente”. Esa narrativa se traduce en precios que duplican a los de cadenas convencionales, pero que los consumidores premium están dispuestos a pagar.
El caso de Total Carnes ilustra un fenómeno más amplio: empresas familiares argentinas que logran internacionalizarse cuando logran combinar tres elementos que suelen faltar: control de calidad obsesivo, marca construida sobre la confianza y una segunda generación dispuesta a tomar riesgos. No es casualidad que Ghiozzi hable con orgullo de que sus hijas ya lideran áreas clave del negocio en Estados Unidos.
Mirando hacia adelante, el fundador ve oportunidades en expandir las franquicias a otras ciudades con fuerte presencia latina (Texas, Nueva York) y en desarrollar líneas de productos procesados premium (embutidos, snacks de carne). Pero insiste en que el corazón del negocio sigue siendo la carne fresca con origen verificable. “En un mundo donde todo se industrializa, la trazabilidad y la cercanía familiar siguen siendo el mayor diferencial”.
Para el lector argentino que sueña con escalar un negocio al exterior, el mensaje de Ghiozzi es claro: la internacionalización no empieza cuando abrís el primer local afuera. Empieza años antes, cuando decidís que la calidad y la marca valen más que el margen de hoy. Total Carnes tardó más de una década en llegar a Miami. Cuando llegó, ya llevaba el trabajo hecho.