Economía

Brecha de precios entre productor y consumidor cayó a 4,02 veces en noviembre

Según el relevamiento de CAME, la brecha entre lo que recibe el productor y lo que paga el consumidor se redujo levemente en noviembre. Analizamos qué significa este número, qué productos explican la mejora y por qué sigue siendo alta en el contexto argentino.

Publicado el 21 de julio de 2026, 03:45 hs

La brecha de precios entre lo que recibe el productor y lo que paga el consumidor final promedió 4,02 veces en noviembre, según el Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD) que elabora la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

Se trata de una leve mejora respecto de octubre, cuando la brecha había cerrado en 4,11 veces. Es el registro más bajo desde marzo de este año. Sin embargo, sigue siendo un múltiplo elevado: por cada peso que recibe el productor, el consumidor paga más de cuatro.

¿Qué significa esta brecha?

La brecha no es una ganancia pura de intermediarios. Incluye costos de transporte, almacenamiento, procesamiento, empaquetado, impuestos, logística, margen de comercialización y, en algunos casos, ineficiencias estructurales. En Argentina, donde la cadena de valor agroalimentaria es larga y fragmentada, estos costos suelen ser más altos que en países con cadenas más integradas.

El IPOD de CAME mide 24 productos agropecuarios en origen (precios que recibe el productor) y compara con los precios de góndola en supermercados y verdulerías de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano. No es un promedio ponderado por consumo nacional, pero sí un indicador útil para seguir la evolución mes a mes.

Productos que más aportaron a la baja

En noviembre, la brecha más alta se registró en la naranja (9,15 veces), la manzana (7,68 veces) y la pera (7,14 veces). En el otro extremo, con brechas más bajas, aparecieron el pollo (2,29 veces), el huevo (2,49 veces) y la carne de novillo (2,92 veces).

La caída general se explicó principalmente por mejoras en productos de la canasta de frutas y hortalizas. En el caso de la papa, por ejemplo, la brecha bajó de 6,8 a 4,9 veces. El tomate redondo también mostró una reducción significativa.

Desde el lado de la carne, el novillo mostró una brecha estable pero alta en términos históricos. El precio que recibió el ganadero subió, pero el precio al consumidor subió en proporción similar. El pollo, en cambio, mantuvo una de las brechas más bajas del mes, lo que refleja una cadena más integrada y con menor cantidad de eslabones.

Contexto de 2024

En lo que va del año, la brecha promedio del IPOD se ubicó en 4,7 veces, por encima del 4,3 registrado en 2023. El pico del año se dio en julio (5,4 veces), mes en el que la devaluación post-PASO de 2023 ya había quedado atrás y los precios al consumidor se ajustaron con rezago.

La brecha de 4,02 de noviembre es consistente con un escenario de inflación que viene bajando, aunque sigue siendo alta. En países de la región con cadenas de valor más eficientes, como Chile o Uruguay, las brechas suelen ubicarse entre 2,5 y 3,5 veces en promedio.

Por qué no baja más

Varios factores explican que la brecha argentina se mantenga estructuralmente elevada:

  • Altos costos logísticos y de energía.
  • Impuestos que se aplican en varios eslabones de la cadena.
  • Márgenes de comercialización elevados en algunos rubros concentrados.
  • Falta de integración vertical en muchas producciones (el productor vende a un acopiador, que vende a un industrial, que vende a un distribuidor, etc.).

En el caso de las frutas, la brecha es especialmente alta porque hay mayor pérdida en el traslado y necesidad de selección y empaquetado. En carnes y huevos, la cadena está más industrializada y los márgenes son más ajustados.

Qué debería mirar el inversor o el tomador de decisiones

Para un inversor que sigue la inflación y los precios relativos, esta brecha es un dato relevante. Cuando la brecha sube fuerte, suele anticipar presión alcista futura en los precios al consumidor. Cuando baja, como en noviembre, puede ser una señal de alivio transitorio en la inflación de alimentos.

Sin embargo, la volatilidad mes a mes es alta. Lo más útil es mirar la tendencia de tres o seis meses. En ese sentido, desde el pico de julio la tendencia es levemente a la baja, aunque aún no se consolida una mejora estructural.

Desde el lado de la política pública, la brecha alta sigue siendo un argumento para discutir políticas de competitividad, reducción de costos logísticos y mayor transparencia en las cadenas de valor. Pero las soluciones no son rápidas ni mágicas.

En síntesis

La brecha de 4,02 veces en noviembre es una noticia levemente positiva en un contexto de inflación a la baja, pero sigue reflejando las ineficiencias históricas de la cadena agroalimentaria argentina. Mientras no se ataquen los costos estructurales (logística, impuestos en cascada, falta de escala en algunos eslabones), será difícil que el múltiplo baje de manera consistente por debajo de 3,5-4 veces.

El dato de diciembre, que se conocerá en las próximas semanas, será clave para confirmar si la tendencia a la baja se mantiene o si se trata de un alivio estacional.

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