De vender sábanas en Neuquén a ser el principal proveedor local de Vaca Muerta
La historia de los Kreplak muestra cómo una empresa familiar argentina puede pivotear de una blanquería a convertirse en proveedor clave de servicios para la industria petrolera en Vaca Muerta. Un caso de adaptación, reinversión y visión de largo plazo.
Carlos y Ema Kreplak llegaron a Neuquén hace cuatro décadas con poco más que ganas de empezar de cero. Migraron desde Buenos Aires, abrieron primero un estudio contable y, al ver que el rubro no terminaba de despegar, decidieron cerrar y apostar por algo completamente distinto: una blanquería en el centro de la ciudad.
Lo que empezó vendiendo sábanas, toallas y cortinas para el hogar creció de manera sorprendente. En pocos años la tienda se convirtió en referencia local. Pero los Kreplak no se conformaron. Observaron el boom petrolero que ya se insinuaba en la provincia y empezaron a diversificar.
Hoy su grupo empresarial es uno de los principales proveedores locales de Vaca Muerta. Desde ropa de trabajo ignífuga, elementos de seguridad industrial, insumos de limpieza para campamentos petroleros hasta logística de catering y lavandería industrial para las operadoras y las empresas de servicios. Pasaron de atender familias neuquinas a ser parte de la cadena de valor de los yacimientos no convencionales.
El primer gran pivot
El salto ocurrió a mediados de los 2000, cuando el desarrollo de Vaca Muerta empezó a tomar velocidad. Carlos cuenta que vieron que las empresas que llegaban necesitaban de todo: desde uniformes certificados hasta productos de higiene para los campamentos. Decidieron invertir en stock especializado y en certificaciones que las grandes operadoras exigen.
“Al principio era vender guantes y botas. Después nos pidieron que armáramos paquetes completos de indumentaria para cada cuadrilla. Luego vino la ropa ignífuga, los EPP de última generación y finalmente la logística completa de lavado y reposición”, explica Ema en una charla reciente.
La empresa familiar tuvo que profesionalizarse rápido. Incorporaron a sus tres hijos en roles clave: uno se ocupa de la parte financiera, otro de las compras y certificaciones internacionales, y la menor maneja la operación logística. Hoy emplean a más de 80 personas en forma directa y trabajan con una red de subproveedores que supera los 200 en temporada alta.
Claves de la supervivencia familiar
Los Kreplak repiten una frase en cada entrevista: “El mayor riesgo de una empresa familiar es confundir la familia con la empresa”. Por eso implementaron un protocolo claro de gobernanza: las decisiones estratégicas se toman en reuniones de directorio con agenda formal, los sueldos son de mercado y existe un consejo externo que revisa los números cada trimestre.
Esta estructura les permitió sobrevivir a los vaivenes del sector petrolero argentino. Cuando en 2019-2020 la actividad cayó fuerte por la pandemia y la falta de inversiones, ellos ya habían diversificado hacia minería, construcción y hasta exportación de insumos a Chile. Cuando Vaca Muerta volvió a acelerarse en 2021-2022, estaban listos para escalar.
El rol del Estado y las regulaciones locales
Un factor que ayudó fue el marco de “proveedor local” que impulsaron tanto el gobierno provincial como las operadoras. Las empresas que se radicaron en Neuquén y Añelo recibieron incentivos para comprar bienes y servicios dentro de la provincia. Los Kreplak invirtieron en un depósito de 4.000 m² en la zona industrial de Neuquén y otro en Añelo para reducir tiempos de entrega.
Hoy facturan en dólares por los contratos con las grandes petroleras, aunque los costos siguen atados en gran medida a la inflación local. Eso genera un desafío permanente de gestión de precios y de tesorería.
Lecciones para otras empresas familiares
El caso Kreplak es interesante porque no se trata de una startup tecnológica ni de una multinacional. Es una pyme que empezó con un negocio tradicional y fue capaz de leer el contexto, reinvertir utilidades y profesionalizarse sin perder el control familiar.
En un país donde la mayoría de las empresas son familiares, su trayectoria deja varias preguntas útiles: ¿cuántas blanquerías, ferreterías o distribuidoras del interior están hoy en condiciones de dar el mismo salto si aparece un clúster productivo cerca? ¿Qué hace falta para que más empresas argentinas pasen de vender al consumidor final a integrarse a cadenas globales de valor?
Por ahora, los Kreplak siguen creciendo. Acaban de firmar un contrato para proveer servicios de lavandería industrial a tres nuevos rigs que llegarán en los próximos meses. La familia que vendía sábanas en Neuquén ahora lava overoles que se usan a 3.500 metros de profundidad en el shale. Y, según ellos, recién están empezando.