Economía

Día del Niño: por qué los centros comerciales abiertos son clave para las ventas

La CAME destaca el rol de los centros comerciales abiertos como espacios de encuentro familiar y motor de ventas para el Día del Niño. En un contexto de consumo moderado, estos circuitos urbanos ofrecen alternativas accesibles y cercanas.

Publicado el 22 de julio de 2026, 04:25 hs

El Día del Niño, que se celebra el tercer domingo de agosto, vuelve a poner en el centro de la escena el consumo familiar y el rol de los comercios de cercanía. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), los centros comerciales abiertos se consolidan como espacios privilegiados tanto para el encuentro social como para las ventas, especialmente en un año marcado por la cautela del gasto.

Estos circuitos urbanos —calles peatonalizadas, avenidas con comercios a la calle y galerías tradicionales— ofrecen una experiencia distinta a la de los shoppings cerrados: cercanía, precios más accesibles y la posibilidad de combinar compras con paseo familiar. La CAME relevó que en las últimas ediciones del Día del Niño, los centros comerciales abiertos captaron alrededor del 35% de las ventas totales del rubro juguetería y artículos infantiles en las ciudades relevadas.

La ventaja comparativa es clara. Mientras los grandes centros de compra dependen de la afluencia masiva en un solo punto, los centros abiertos distribuyen el flujo comercial por varias cuadras, permitiendo que negocios de barrio, jugueterías independientes y locales de indumentaria infantil compitan con oferta variada. En ciudades como Rosario, Córdoba, Mendoza y varias del conurbano bonaerense, estos espacios han impulsado iniciativas conjuntas: descuentos coordinados, sorteos, inflables y actividades recreativas que atraen familias sin necesidad de grandes inversiones publicitarias.

Desde una perspectiva macro, el dato no es menor. El consumo privado representa más del 70% del PIB argentino y, en contextos de ingresos estancados, cada peso que se gasta en el comercio minorista tiene un efecto multiplicador local. Según estimaciones habituales de la CAME, cada mil pesos vendidos en un centro comercial abierto generan entre 2,2 y 2,8 veces ese valor en actividad económica indirecta (transporte, servicios, proveedores locales).

El desafío este año es doble. Por un lado, la inflación acumulada y la pérdida de poder adquisitivo obligan a las familias a priorizar. Por otro, los comercios enfrentan costos operativos crecientes. En ese marco, los centros comerciales abiertos funcionan como una red de contención: permiten al comerciante reducir gastos de marketing individual al trabajar de manera colectiva y al consumidor encontrar opciones más económicas que en cadenas grandes.

En Buenos Aires, el circuito de Palermo, Villa Urquiza y Caballito ha preparado propuestas específicas. En La Plata —ciudad con fuerte tradición de centros a la calle— la Cámara de Comercio local armó un programa de “Día del Niño en la calle” que incluye descuentos del 15 al 25% en más de 180 locales adheridos. Experiencias similares se repiten en Mar del Plata, Bahía Blanca y San Miguel de Tucumán.

Mirado en perspectiva comparada, el modelo argentino de centros comerciales abiertos tiene similitudes con los “high streets” europeos o los “main streets” de ciudades medianas estadounidenses. En todos los casos, el éxito depende de tres factores: coordinación entre comerciantes, apoyo municipal en materia de seguridad y limpieza, y una oferta que combine precio, calidad y experiencia. Cuando falla uno de estos ejes, el espacio pierde atractivo frente a las alternativas cerradas o digitales.

La CAME viene insistiendo desde hace varios años en la necesidad de políticas públicas que fortalezcan estos circuitos: beneficios impositivos temporarios, líneas de crédito blandas para mejoras edilicias y campañas de promoción conjunta. En un país donde más del 60% del empleo privado se genera en PyMEs, sostener el comercio de proximidad no es solo una cuestión de ventas de juguetes en agosto: es parte de la estructura económica que mantiene vivas las economías locales.

Para este Día del Niño, la expectativa es moderada pero positiva. Las familias buscarán opciones accesibles, priorizarán el regalo útil por sobre el capricho y valorarán la posibilidad de vivir la jornada como un paseo. Los centros comerciales abiertos, con su mezcla de informalidad y organización, parecen bien posicionados para captar esa demanda.

En definitiva, más allá de las cifras de facturación que se conocerán la semana próxima, lo relevante es entender que estos espacios cumplen una función social y económica que trasciende una fecha puntual. Son puntos de encuentro donde se teje parte del tejido comercial argentino, especialmente en momentos en que el consumo necesita todos los estímulos posibles.

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