Dólar a $1.500: el techo del año y lo que espera la City para los próximos meses
La cotización oficial del dólar mayorista tocó los $1.500 por primera vez en 2025, rompiendo semanas de calma cambiaria. Analizamos qué factores lo impulsaron y cuáles son las proyecciones de analistas de la City para el segundo semestre.
El dólar mayorista cerró la semana por encima de los $1.500, su valor más alto del año. Después de un primer trimestre caracterizado por relativa estabilidad, el tipo de cambio oficial acumula una devaluación mensual de casi 3%, por encima del crawling peg del 2% que venía manteniendo el Banco Central.
La movida no pasó desapercibida en la City. Operadores consultados coinciden en que el salto responde a una combinación de factores: mayor demanda estacional de divisas, menor liquidación del agro por precios internacionales débiles y una recomposición parcial de reservas que ya muestra signos de agotamiento. El BCRA compró USD 180 millones en la última rueda, pero el saldo neto del mes es apenas positivo.
¿Por qué ahora?
Vale separar dos cosas. Por un lado, el crawling peg del 2% mensual venía siendo más lento que la inflación núcleo, lo que generaba una apreciación real del peso. Por otro, el mercado empezó a descontar que el Gobierno podría necesitar ajustar el ritmo de devaluación para evitar una brecha demasiado amplia entre el oficial y los dólares financieros. El dólar CCL llegó a operar a $1.620, ampliando la brecha al 8%.
Un informe de la consultora 1816 señala que las reservas netas siguen en terreno negativo y que el superávit comercial de los primeros cinco meses del año ya es 18% inferior al del mismo período de 2024. “El BCRA está interviniendo más de lo que admite públicamente”, afirma un analista que pide reserva de su nombre.
Expectativas para los próximos meses
La mayoría de los economistas de bancos y consultoras relevados por FortunaWeb proyectan que el dólar mayorista terminará el año entre $1.780 y $1.920. Eso implica una devaluación adicional acumulada de entre 19% y 28% para el segundo semestre.
Eduardo Levy Yeyati, en una nota reciente, recordó que los regímenes de crawling peg tienden a acelerarse cuando las reservas se estancan y la inflación no cede al ritmo esperado. “La pregunta no es si habrá una corrección, sino cuándo y de qué magnitud”, escribió.
Desde una consultora local se proyecta que el BCRA podría pasar a un crawling del 2,5%-3% mensual a partir de julio, coincidiendo con el pico de liquidación de la cosecha gruesa. Otro sector del mercado, más optimista, cree que si el FMI destraba el desembolso de la segunda revisión del acuerdo, el Central podría sostener el ritmo actual hasta fin de año.
El rol de los dólares financieros
El MEP y el CCL se convirtieron en los termómetros más sensibles. Ambos cotizaron con volatilidad en las últimas dos semanas, pero sin llegar a los picos de octubre de 2024. Los carry traders siguen presentes, aunque con posiciones más cortas que hace tres meses. La tasa en pesos, aún positiva en términos reales para los plazos fijos más cortos, actúa como ancla parcial.
Un dato que llama la atención: el volumen operado en el MULC cayó 22% respecto de abril. Menos oferta y más demanda selectiva. Eso explica por qué el Central tuvo que vender en varias ruedas a pesar de que el agro todavía está liquidando.
Riesgos y escenarios alternativos
Antes de sacar conclusiones definitivas, conviene listar los riesgos. El principal es una aceleración de la inflación núcleo que fuerce al BCRA a devaluar más rápido para no perder competitividad. El segundo, una reversión de flujos financieros si el contexto externo se complica (suba de tasas en EE.UU. o caída de commodities).
En el escenario base de la mayoría de los bancos extranjeros, el dólar oficial llegaría a $1.850 hacia diciembre con una brecha controlada por debajo del 15%. En el escenario más pesimista, que incluye una sequía moderada en la campaña 2025/26, el tipo de cambio podría superar los $2.100.
Qué debería mirar el inversor
Lo importante no es tanto el nivel nominal del dólar, sino la brecha y la evolución de las reservas netas. Mientras la brecha se mantenga por debajo del 12%-15% y el BCRA siga acumulando reservas (aunque sea a ritmo lento), el mercado interpretará que el esquema se sostiene. Si la brecha se ensancha y las reservas caen, la presión sobre el crawling peg será mayor.
Quien diga que sabe exactamente a cuánto va a estar el dólar en seis meses miente o se equivoca. Lo que sí es claro es que el período de relativa calma cambiaria que vivimos desde febrero está llegando a su fin. El segundo semestre demandará más precisión técnica del equipo económico y, sobre todo, mayor credibilidad en la hoja de ruta fiscal.
El dato relevante acá es que, por primera vez en el año, el mercado empezó a poner en precio una corrección cambiaria más rápida. Si el Gobierno logra anclar expectativas con el superávit primario y una inflación que siga bajando, el ajuste del crawling peg puede ser ordenado. Si no, la historia argentina enseña que estas tensiones suelen resolverse de manera más abrupta.