Dólar oficial en máximos desde noviembre: qué evalúa el mercado ante la escasez de divisas
Pese al leve retroceso de la jornada anterior, el tipo de cambio oficial se mantiene en niveles elevados. Con reservas bajo presión y menor ingreso de divisas, el mercado anticipa tensiones de cara al segundo semestre.
El dólar oficial consolida su tendencia alcista y se ubica en uno de los niveles más altos del año, cercano a los máximos de noviembre pasado. Aunque registró un leve retroceso en la última rueda, la cotización mayorista se mantiene firme, reflejando la creciente preocupación por la dinámica de las reservas del Banco Central y la menor afluencia de divisas que se observa a medida que se acerca el segundo semestre.
Desde hace varias semanas, el BCRA viene interviniendo en el mercado de cambios con ventas netas para contener la brecha y sostener el ritmo de acumulación de reservas. Sin embargo, la estacionalidad del agro —con la cosecha ya avanzada— y la menor liquidación de exportadores están dejando su huella. Según datos del propio Central, las reservas netas se encuentran en territorio negativo si se descuentan los swaps con China y otras operaciones de financiamiento.
El mercado evalúa tres factores principales. En primer lugar, la dinámica de las reservas: el organismo acumuló divisas en los primeros meses del año gracias al superávit comercial y al acuerdo con el FMI, pero esa tendencia se está revirtiendo. En segundo lugar, la cercanía del segundo semestre, período históricamente más complicado para la balanza de pagos argentina por la estacionalidad de las exportaciones. Y por último, la menor afluencia de dólares del sector agroexportador, que ya completó gran parte de su ciclo de ventas.
Desde una perspectiva comparada, esta situación no es nueva. En ciclos previos de crawling peg —como el que se implementó entre 2018 y 2019—, la brecha entre el ritmo de devaluación y la inflación terminó generando atraso cambiario y posterior corrección abrupta. Aunque el actual esquema de “crawling peg” a 2% mensual busca evitar un salto discreto, la pregunta que se hacen los analistas es hasta dónde puede sostenerse sin ajustes más agresivos.
El impacto se traslada directamente al resto de los tipos de cambio. El dólar blue y los financieros (MEP y CCL) reaccionan con volatilidad, aunque por ahora mantienen una brecha contenida. Los importadores, por su parte, aceleran compras ante la expectativa de mayor presión cambiaria, lo que a su vez alimenta la demanda de divisas y complica aún más la hoja de balance del BCRA.
Mirando hacia adelante, el segundo semestre se presenta como un período de prueba para la política cambiaria. Sin un acuerdo nuevo con el Fondo que aporte oxígeno fresco y con la necesidad de honrar vencimientos de deuda en moneda extranjera, el Central deberá administrar con mayor cautela sus reservas. Algunos analistas ya hablan de la posibilidad de un “dólar soja 4” o incentivos similares para atraer liquidación, aunque desde el Gobierno se descarta por ahora cualquier medida que distorsione aún más el mercado.
En términos históricos, Argentina ha enfrentado recurrentemente este tipo de tensiones estacionales. Lo que diferencia este episodio es el contexto de superávit fiscal primario y la intención declarada de llegar a un tipo de cambio de equilibrio sin grandes saltos. Si el dólar oficial sigue consolidando su tendencia alcista sin que la inflación acompañe en igual medida, el atraso cambiario podría convertirse en el principal desafío de la segunda mitad del año.
El mercado, mientras tanto, sigue con atención cada movimiento de las reservas y cada declaración oficial. Porque, como suele recordarse en estos casos, en materia cambiaria los precios no solo reflejan lo que está pasando: también anticipan lo que se teme que ocurra.