Economía

EE.UU. activa contrato de u$s400 millones para misiles AMRAAM en F-16 argentinos

Publicado el 01/07/2026 12:40 hs

Caza F-16 volando con misiles AIM-120 AMRAAM bajo las alas
iProfesional — Economía

El Departamento de Estado norteamericano aprobó la venta de misiles aire-aire AIM-120 AMRAAM para modernizar la flota de cazas F-16 que incorporará la Fuerza Aérea. El acuerdo, por casi u$s400 millones, busca elevar la capacidad disuasiva del país.

El Departamento de Estado de Estados Unidos notificó al Congreso la intención de avanzar con un acuerdo de venta militar por casi u$s400 millones que dotará a los futuros F-16 de la Fuerza Aérea Argentina con misiles aire-aire AIM-120 AMRAAM, uno de los sistemas más avanzados en su categoría.

La operación incluye la provisión de 84 misiles AMRAAM, junto con equipamiento de apoyo, repuestos, entrenamiento y logística asociada. Según la notificación oficial, el valor estimado ronda los u$s393 millones. Se trata de una activación concreta del proceso iniciado meses atrás, cuando se confirmó la adquisición de 24 cazas F-16 de segunda mano a Dinamarca y Países Bajos.

¿Por qué los AMRAAM importan?

El AIM-120 es un misil “fire-and-forget” de largo alcance (hasta 160 km en sus versiones más modernas) con capacidad all-weather y guía radar activa en la fase terminal. Su incorporación representa un salto cualitativo respecto del armamento actual de la flota de Mirage y A-4, que data de los años ’70 y ’80. En términos prácticos, mejora sustancialmente la capacidad de superioridad aérea y disuasión en un teatro de operaciones que incluye el Atlántico Sur.

Desde el punto de vista macroeconómico, la operación se enmarca en el esquema de financiamiento que el Gobierno argentino viene estructurando para la modernización de la defensa. Aunque el monto no es marginal (equivalente a casi 0,1% del PBI anual), se financia en gran medida con líneas de crédito del propio gobierno estadounidense y con fondos previamente asignados al presupuesto de defensa. No implica, por lo tanto, un desembolso íntegro de reservas en el corto plazo.

Contexto regional y comparado

Chile opera F-16 con AMRAAM desde hace más de 15 años. Brasil, con sus Gripen NG, cuenta con misiles de tecnología similar. La Argentina, en cambio, venía arrastrando un atraso tecnológico notorio en materia de aviación de combate. La llegada de los F-16 con misiles de última generación acorta esa brecha, aunque no la elimina: la flota seguirá siendo relativamente modesta en cantidad y dependerá de la disponibilidad de repuestos y horas de vuelo.

El acuerdo también envía una señal política. Washington autorizó la transferencia de un sistema sensible que, hasta hace pocos años, estaba prácticamente vetado para Buenos Aires por cuestiones de alineamiento geopolítico y restricciones derivadas de la guerra de Malvinas. La aprobación del Congreso estadounidense, paso formal que aún resta, se da en un contexto de mayor acercamiento bilateral en materia de defensa.

Implicancias presupuestarias y productivas

El contrato no solo cubre los misiles propiamente dichos. Incluye paquetes de entrenamiento para pilotos y técnicos, infraestructura de mantenimiento y un stock inicial de repuestos. Todo eso genera un efecto multiplicador en el presupuesto de la Fuerza Aérea durante los próximos cinco años. Fuentes del sector estiman que el costo de sostenimiento anual de la flota F-16 podría ubicarse entre u$s80 y u$s110 millones, una cifra que deberá ser absorbida por el Tesoro en un escenario de consolidación fiscal.

Desde el lado argentino, el desafío será garantizar la integridad de la cadena de suministro y evitar que, como ocurrió en el pasado, la flota termine limitada por falta de repuestos. La experiencia de otros países de la región sugiere que el éxito de la incorporación dependerá más de la logística y el entrenamiento continuo que del acto inicial de compra.

Lo que viene

Con este paso, el proceso de modernización de la aviación de combate argentina entra en una fase más concreta. La primera entrega de F-16 se espera para 2026, y los AMRAAM llegarían de manera escalonada para coincidir con la puesta en servicio operativa. Mientras tanto, el Gobierno deberá definir cómo integra esta nueva capacidad con el resto de la flota y con los sistemas de radar y comando y control que también requieren actualización.

En un país con restricciones crónicas de divisas y presión fiscal, cada decisión de este calibre merece ser evaluada no solo por su impacto militar, sino por su sostenibilidad presupuestaria a mediano plazo. Por ahora, el contrato de los AMRAAM parece avanzar con el visto bueno de ambas administraciones. El resto será cuestión de ejecución.

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