Economía

El Abierto de Australia generó casi u$s500 millones y un récord de impacto económico

Publicado el 24/06/2026 15:25 hs

El primer Grand Slam del año rompió todos los récords: sus beneficios operativos crecieron 27% y aportó u$s378 millones a la
Ámbito Financiero — Negocios

El primer Grand Slam del año rompió todos los récords: sus beneficios operativos crecieron 27% y aportó u$s378 millones a la economía de Melbourne, con la creación de más de 2.500 empleos.

El Abierto de Australia 2025 no solo confirmó su lugar como uno de los cuatro grandes del tenis mundial: también se consolidó como un evento de enorme peso económico. Según los números oficiales difundidos esta semana, el torneo generó beneficios récord por casi u$s500 millones, un 27% más que en la edición anterior.

La cifra exacta de impacto económico directo e indirecto en la ciudad de Melbourne alcanzó los 549,6 millones de dólares australianos, equivalentes a unos u$s378 millones. Ese monto representa un salto significativo respecto a los años prepandemia y confirma la capacidad de los grandes eventos deportivos para actuar como motores de actividad en las economías urbanas.

El informe, elaborado por la consultora Ernst & Young para Tennis Australia, detalla que el torneo generó además 2.547 puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo durante el período de preparación, realización y pos-evento. La mayoría de esos empleos se concentraron en hotelería, gastronomía, transporte y servicios de apoyo al evento.

Desde la perspectiva comparada, el Abierto de Australia se ubica ahora como uno de los Grand Slams con mayor retorno económico relativo. Su impacto supera ampliamente al de varios eventos deportivos de primer nivel en ciudades de tamaño similar. El crecimiento del 27% en beneficios operativos se explica por el aumento de la asistencia (récord de más de 1,1 millones de espectadores), la mejora en los acuerdos de patrocinio y la expansión de la transmisión internacional.

Para la economía local de Melbourne, el torneo actúa como un inyector de demanda que se distribuye a lo largo de toda la cadena de valor turística. Los visitantes internacionales, que representan casi el 40% del público, gastan en promedio más que los locales, especialmente en alojamiento y experiencias premium. Ese flujo de divisas ayuda a compensar la estacionalidad baja de enero en el hemisferio sur.

El caso australiano ofrece una lección interesante para ciudades que buscan posicionarse como sedes de megaeventos. A diferencia de los Juegos Olímpicos, cuyo legado económico suele ser controvertido y de alto costo fiscal, un torneo anual como el Abierto de Australia genera retornos predecibles, con infraestructura ya amortizada y un modelo de negocios maduro.

Tennis Australia destacó que parte de los beneficios se reinvierten en el desarrollo del tenis de base y en programas de inclusión, lo que amplifica el retorno social del evento. En un contexto global donde los presupuestos públicos están ajustados, este tipo de asociaciones público-privadas aparecen como una vía eficiente para generar actividad económica sin comprometer excesivamente las arcas estatales.

El récord de 2025 llega en un momento en que el calendario deportivo internacional se vuelve cada vez más competitivo. La Fórmula 1, el cricket, el fútbol y otros torneos de élite compiten por la atención de sponsors y turistas. Que Melbourne haya logrado aumentar tanto su impacto económico demuestra que la especialización y la continuidad en la organización pagan dividendos a largo plazo.

Para Argentina, donde el tenis ocupa un lugar destacado en la cultura deportiva, el dato sirve como referencia indirecta. Si bien el país no cuenta con un evento de la magnitud de un Grand Slam, experiencias como la Copa Davis o torneos ATP pueden aprender de la estrategia australiana: foco en la experiencia del espectador, alianzas con el sector privado y medición rigurosa del impacto económico para justificar el apoyo público.

El Abierto de Australia ya no es solo un torneo de tenis. Es una máquina económica bien aceitada que genera empleo, divisas y orgullo local mientras el mundo mira por televisión. Y los números de este año confirman que el modelo sigue escalando.

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