PBI sube, salarios recuperan poder de compra, pero la inversión se derrumba y el mercado sigue escéptico
El PBI creció 2,3% en el primer trimestre y los salarios reales volvieron a ganar contra la inflación tras siete meses, pero la inversión bruta fija cayó 11,6% y el MSCI enfrió las expectativas. Un mix que explica por qué el mercado no termina de convalidar la recuperación.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que el PBI argentino creció 2,3% en el primer trimestre respecto al mismo período del año anterior. La cifra, aunque modesta en términos históricos, marca el primer avance interanual después de varios trimestres de contracción. Al mismo tiempo, los salarios reales mostraron una mejora: por primera vez en siete meses, el índice de salarios registrado superó la inflación del período.
Sin embargo, el dato más preocupante del informe es la caída de la inversión bruta fija, que se derrumbó 11,6% interanual. Este componente, clave para cualquier proceso de crecimiento sostenido, sigue sin dar señales de recuperación. En un país donde la formación de capital ha sido históricamente volátil, esta contracción no es un detalle: es una señal de que la confianza para invertir a mediano plazo sigue ausente.
Desde el punto de vista fiscal, el superávit primario se mantiene, pero la inversión pública también se contrajo. El sector privado, por su parte, no compensa esa caída. La combinación de alta tasa de interés real, incertidumbre cambiaria residual y costo de financiamiento elevado explica gran parte de esta dinámica. Vale separar dos cosas: la estabilización macro que se observa en los agregados (inflación bajando, reservas recomponiéndose) no se está traduciendo aún en señales claras para el inversor productivo.
El mercado, por ahora, no termina de comprar la narrativa de recuperación. El índice MSCI Argentina volvió a mostrar debilidad en las últimas ruedas, reflejando que los inversores externos siguen dudando de la sostenibilidad del rebote. El riesgo país se mantiene por encima de los 1.000 puntos básicos y los bonos soberanos operan con spreads que incorporan una prima elevada por riesgo de reversión.
Una mirada más larga muestra que este patrón no es nuevo. En varios ciclos previos (2016-2017, por ejemplo), hubo fases donde el PBI y los salarios reales mejoraban mientras la inversión se rezagaba. El problema es que, sin recuperación de la inversión, el crecimiento tiende a ser efímero. Como señala el trabajo de Acemoglu y Robinson sobre instituciones inclusivas, sin formación de capital productivo es muy difícil pasar de un rebote cíclico a un proceso de desarrollo.
El dato de salarios que le ganan a la inflación es positivo para el consumo privado en el corto plazo. Pero si esa mejora se financia con mayor gasto público o con un relajamiento de las metas fiscales, el mercado lo interpretará como un riesgo. Hasta ahora el equipo económico ha mantenido la consistencia fiscal, lo cual explica por qué la inflación núcleo sigue bajando, aunque a un ritmo más lento de lo deseado.
Lo importante no es tanto el crecimiento puntual del PBI, sino qué componentes lo explican. El consumo y el agro aportaron gran parte del rebote. La industria y la construcción, en cambio, siguen débiles. Esto refuerza la idea de que estamos ante una recuperación “sin motor de inversión”, lo cual limita su potencia y duración.
Antes de sacar conclusiones definitivas, habrá que esperar los datos del segundo trimestre. La estacionalidad del agro y la posible recomposición de stocks pueden dar un impulso adicional. Pero si la inversión no revierte su tendencia, el mercado seguirá dudando. Y cuando el mercado duda, los costos de financiamiento se mantienen altos, lo que a su vez desalienta aún más la inversión. Un círculo vicioso que solo se rompe con señales creíbles de reglas de juego estables y consistencia macro de mediano plazo.
El desafío del Gobierno es claro: sostener el ancla fiscal y monetaria sin que eso implique seguir sacrificando la formación de capital. Porque, como ha demostrado la experiencia argentina y comparada, sin inversión no hay crecimiento sostenido posible. Por ahora, el PBI sube, los salarios mejoran, pero la inversión cae. Y el mercado, con razón, sigue observando con cautela.