Economía

Granja Tres Arroyos negocia u$s350M en deuda y acumula pedidos de quiebra

Publicado el 24/06/2026 12:30 hs

La mayor productora avícola del país busca reestructurar su pasivo mientras se multiplican los reclamos judiciales de acreedo
iProfesional — Negocios

La mayor productora avícola del país busca reestructurar su pasivo mientras se multiplican los reclamos judiciales de acreedores. Un caso que expone las dificultades del sector avícola bajo altos costos financieros y tipo de cambio real atrasado.

La empresa avícola más grande de Argentina, Granja Tres Arroyos, se encuentra en plena negociación para reestructurar una deuda que ronda los u$s350 millones, al mismo tiempo que enfrenta un creciente número de pedidos de quiebra presentados por distintos acreedores en los tribunales comerciales.

Según fuentes cercanas a las negociaciones, la compañía mantiene conversaciones con sus principales bancos y holdouts para lograr un acuerdo que le permita estirar vencimientos y reducir la presión financiera inmediata. El pasivo incluye obligaciones en dólares contraídas en los últimos años, que hoy pesan mucho más ante un tipo de cambio real que se mantiene atrasado y costos operativos que no bajan.

Un sector bajo presión

El negocio avícola argentino viene sufriendo desde hace meses por la combinación de altos costos de alimentación (maíz y soja), energía y logística, sumado a una demanda interna que no termina de recuperarse. A esto se agrega el impacto de la devaluación post-PASO de 2023 y las sucesivas correcciones cambiarias que, aunque ayudan a las exportaciones, no compensan el aumento de las tasas de interés locales.

Granja Tres Arroyos no es la única del sector que atraviesa dificultades. Otras empresas medianas ya han recurrido a acuerdos preventivos de acreedores (APE) o directamente a la quiebra en los últimos 18 meses. El caso de la líder del mercado, sin embargo, tiene una dimensión distinta por su peso en la cadena de valor: emplea a más de 4.000 personas de forma directa e indirecta y es uno de los principales exportadores de pollo a mercados de Medio Oriente y Asia.

Los números que complican la salida

La deuda de u$s350 millones se compone principalmente de préstamos bancarios tomados durante la pandemia y pospandemia para financiar expansión de plantas y modernización. Con las tasas de interés en dólares que hoy rigen en el mercado local (por encima del 8-10% anual en muchos casos) y un EBITDA que se ha comprimido, el servicio de la deuda se volvió insostenible.

Acreedores que no han recibido pagos en los últimos trimestres comenzaron a judicializar sus reclamos. Según información judicial a la que accedió FortunaWeb, ya existen al menos cuatro pedidos de quiebra presentados en distintos juzgados comerciales de la Ciudad de Buenos Aires. La empresa, por su parte, busca unificar los procesos y avanzar hacia un acuerdo preventivo de acreedores que le dé oxígeno.

¿Qué puede pasar de acá en adelante?

Desde el lado de los analistas de mercado, hay dos escenarios principales. El primero es que la compañía logre un acuerdo voluntario con la mayoría de sus acreedores antes de que los pedidos de quiebra prosperen. Esto implicaría una quita importante de capital o una fuerte extensión de plazos, algo que los bancos ya estarían dispuestos a aceptar para evitar una liquidación desordenada.

El segundo escenario, más dañino, es que algún juez acepte uno de los pedidos de quiebra y se inicie un proceso que podría terminar en la venta de activos o en una reestructuración forzada. En ese caso, el impacto sobre la cadena avícola sería significativo, con posibles disrupciones en el abastecimiento de supermercados y exportaciones.

Lección para el inversor y el sector

Más allá del caso puntual, lo que ocurre con Granja Tres Arroyos vuelve a poner en evidencia los riesgos de endeudarse en dólares en un contexto de alta volatilidad cambiaria y tasas reales elevadas. Muchas empresas del sector agroindustrial tomaron deuda durante la “luna de miel” de tipos de cambio reales altos y hoy pagan las consecuencias.

Para el inversor que sigue el sector, el mensaje es claro: la rentabilidad de las empresas avícolas depende fuertemente del precio relativo de los granos, del tipo de cambio real y de la evolución de los salarios reales. Cuando esos tres factores se desalinean, como ocurre hoy, el apalancamiento financiero se vuelve un problema estructural y no solo coyuntural.

La negociación que se desarrolla en estos días será clave no solo para el futuro de Granja Tres Arroyos, sino como termómetro de cómo el mercado financiero argentino está tratando a las empresas de la economía real con deudas en moneda dura. Los próximos movimientos en los tribunales y en las salas de negociación definirán si se llega a un acuerdo ordenado o si se abre un nuevo capítulo de reestructuraciones forzadas en el sector alimentario argentino.

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