Economía

El Gobierno aprueba otro RIGI para el gasoducto que llevará Vaca Muerta al GNL

Publicado el 27/06/2026 05:10 hs

Tuberías de gasoducto en construcción en la estepa patagónica con equipamiento pesado al fondo
iProfesional — Economía

La inclusión oficial del ducto que unirá Vaca Muerta con las barcazas de Río Negro bajo el Régimen de Incentivos a Grandes Inversiones busca destrabar la exportación de gas natural licuado. Un paso clave en la estrategia energética del oficialismo.

El Gobierno nacional oficializó la inclusión de un nuevo proyecto bajo el Régimen de Incentivos a Grandes Inversiones (RIGI): el gasoducto que conectará las áreas de producción de Vaca Muerta con las instalaciones de licuefacción flotantes (FLNG) previstas en la costa de Río Negro.

La medida, publicada en el Boletín Oficial, habilita un paquete de beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios para la obra, que se presenta como pieza central de la estrategia para convertir a la Argentina en exportador neto de gas natural licuado (GNL). El ducto, de aproximadamente 130 kilómetros, permitirá transportar el gas desde la formación neuquina hasta las barcazas ancladas en la zona de Bahía Blanca-Río Negro, donde se licuaría para su exportación marítima.

Desde la perspectiva internacional, el movimiento se inscribe en un contexto donde la demanda global de GNL sigue creciendo como puente energético en la transición y como respuesta a la inestabilidad geopolítica en los mercados de gas. Países como Alemania, Japón y varios de Asia buscan diversificar proveedores lejos de Rusia y Qatar; la Argentina, con Vaca Muerta como segundo reservorio shale del mundo, aparece en los mapas de supply diversification de las grandes traders.

El RIGI, creado por la ley Bases, ya había sido utilizado para otros proyectos energéticos de escala. En este caso, los incentivos incluyen la posibilidad de depreciación acelerada, exenciones en derechos de importación de equipos críticos y un régimen cambiario diferenciado que reduce la obligación de liquidar divisas en el MULC. Fuentes del sector estiman que la inversión asociada al ducto y las instalaciones FLNG superaría los US$ 5.000 millones en su fase inicial.

¿Por qué un gasoducto dedicado?

Hasta ahora, la exportación de gas argentino se canalizaba principalmente a través de los gasoductos existentes hacia Chile y, en menor medida, por buques desde el puerto de Bahía Blanca. La nueva infraestructura evita saturar la red troncal y permite escalar volúmenes hacia el mercado marítimo global sin interferir con el abastecimiento interno durante el invierno. Técnicamente, el trazado prioriza terrenos de baja complejidad ambiental y se conecta con las plantas de tratamiento ya existentes en Tratayén y Salliqueló.

Desde una lente comparada, el esquema recuerda la estrategia australiana en la década de 2010, cuando invirtió fuertemente en infraestructura de GNL para monetizar sus reservas de Queensland y Western Australia. Australia pasó de ser importador neto a uno de los tres mayores exportadores mundiales en menos de quince años. La diferencia clave es que Canberra lo hizo con un régimen impositivo estable y contratos de largo plazo con Japón y China; la Argentina, en cambio, carga con la inestabilidad regulatoria crónica.

El antecedente local más cercano es el Gasoducto Presidente Néstor Kirchner (GPNK), construido en tiempo récord durante 2022-2023. Aquella obra demostró que es posible ejecutar infraestructura energética de gran escala en el país cuando hay decisión política y financiamiento. Sin embargo, el GPNK fue financiado con recursos públicos y bonos; el nuevo ducto al GNL busca atraer capital privado bajo el paraguas del RIGI, con YPF como socio mayoritario probable y posibles jugadores internacionales (Total, Shell, Chevron) en el downstream de licuefacción.

Bajada local y riesgos pendientes

Para la economía argentina, el proyecto representa una potencial fuente de divisas genuinas en el mediano plazo. Según estimaciones del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG), las exportaciones de GNL podrían sumar entre US$ 10.000 y 15.000 millones anuales hacia 2030 si se completan las inversiones previstas. Eso aliviaría la restricción externa que ha marcado las últimas cuatro décadas.

No obstante, varios interrogantes siguen abiertos. El primero es el precio internacional del GNL, que ha mostrado alta volatilidad desde la invasión rusa a Ucrania. El segundo es la competencia: Estados Unidos, con su shale de Permian y Marcellus, ya es el mayor exportador global y sigue expandiendo capacidad. Australia y Qatar también agregan trenes de licuefacción. La Argentina llega tarde al partido y con costos logísticos más altos por la distancia a los principales mercados asiáticos.

Además, el RIGI genera debate sobre su equidad. Críticos sostienen que otorga beneficios excesivos a proyectos de gran escala en desmedro de las pymes del sector de oil & gas y de la industria local de bienes de capital. El Gobierno responde que sin incentivos de esta magnitud es imposible atraer los montos necesarios en un país con historial de expropiaciones y cambios de reglas.

En términos de geopolítica energética, el gasoducto al GNL refuerza la orientación hacia los mercados atlánticos y asiáticos, evitando la dependencia exclusiva del Mercosur o de los gasoductos andinos. Si el proyecto se concreta, la Argentina pasaría de ser un jugador marginal a un proveedor relevante en el tablero global del GNL, donde la rivalidad EEUU-China por rutas de suministro ya es un factor estructural.

El reloj corre. La ventana de oportunidad para monetizar Vaca Muerta como exportador de GNL coincide con la transición energética global: dentro de 15 o 20 años, la demanda de gas podría comenzar a declinar si la electrificación y las renovables avanzan más rápido de lo previsto. Por eso, el RIGI aprobado esta semana no es solo una medida tributaria; es una apuesta de timing en un mercado que no espera.

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