El hombre que ganó la lotería 14 veces y obligó a cambiar las reglas en varios países
Stefan Mandel cobraba 88 dólares mensuales como economista en Rumania comunista cuando ideó un sistema matemático que le permitió ganar 14 veces la lotería y acumular una fortuna. Su fórmula legal fue tan efectiva que terminó modificando los sorteos en Australia, Estados Unidos y otros países.
Un economista rumano que ganaba apenas u$s88 por mes en la Rumania comunista de los años 60 terminó convirtiéndose en multimillonario gracias a una fórmula matemática que aplicó a la lotería. Stefan Mandel ganó 14 veces grandes premios en distintos países y su método fue tan disruptivo que obligó a varios gobiernos y empresas de lotería a cambiar las reglas de los sorteos.
La historia de Mandel es un caso fascinante de cómo un enfoque racional y sistemático puede vencer a un juego de azar. Pero también es una lección sobre incentivos, riesgo y por qué las loterías diseñan sus reglas para que sea casi imposible ganar de forma consistente.
La fórmula matemática detrás de los 14 premios
Mandel descubrió que si se compraban todos los combinaciones posibles de un sorteo con pocas combinaciones (generalmente aquellos con jackpots grandes y pocas opciones), era matemáticamente posible garantizar una ganancia. El truco estaba en el costo: había que invertir menos en boletos de lo que se pagaba por el premio mayor.
En 1966, en Australia, aplicó su sistema por primera vez a gran escala. Reclutó inversores, imprimió millones de boletos y ganó el equivalente a varios millones de dólares. Repitió la estrategia en otros países, incluyendo Estados Unidos, donde en 1992 ganó u$s27 millones en Virginia con un pool de inversores.
Su récord: 14 victorias importantes en loterías de Australia, Estados Unidos, Gran Bretaña y otros lugares. Ninguna de ellas fue ilegal. Simplemente explotó una ineficiencia matemática que los organizadores no habían previsto.
Por qué las loterías cambiaron las reglas
El éxito de Mandel puso en evidencia un problema estructural: cuando el jackpot supera cierto múltiplo del costo de cubrir todas las combinaciones, aparece una oportunidad de arbitraje. Varios países y estados respondieron modificando las reglas.
Algunos aumentaron el número de combinaciones posibles, otros pusieron límites al número de boletos que se pueden comprar por persona o por consorcio. En Australia directamente prohibieron imprimir millones de tickets en una sola tanda. En Estados Unidos, varias loterías introdujeron requisitos de registro previo para grandes compras.
Hoy, la mayoría de las loterías grandes tienen jackpots que, incluso en sus picos más altos, no justifican el costo de cubrir todas las combinaciones. El sistema de Mandel ya no es viable en la mayoría de los sorteos modernos.
Lecciones para el inversor actual
Aunque pocos tienen la capacidad (o el capital) para replicar exactamente lo que hizo Mandel, su historia ofrece varias enseñanzas útiles:
Primero, los mercados y los juegos siempre tienen ineficiencias temporales. El que las identifica primero y tiene capital para explotarlas, gana. Pero esas ineficiencias tienden a desaparecer cuando se vuelven públicas.
Segundo, el riesgo de ejecución es enorme. Mandel necesitó inversores, logística para imprimir y validar millones de boletos, y una precisión matemática casi perfecta. Un error en un solo número y todo el sistema se derrumbaba.
Tercero, y más importante para quien invierte en la Argentina de hoy: siempre conviene buscar donde los incentivos están desalineados. Ya sea en un FCI con comisiones ocultas, en un bono que rinde por encima de lo razonable por riesgo crediticio, o en una fintech que promete rendimientos imposibles.
El final de la historia
Stefan Mandel falleció en 2017 a los 98 años. Vivió sus últimos años en Australia, donde había emigrado después de sus primeras grandes ganancias. Nunca se consideró un “jugador”. Siempre se definió como un matemático que aplicaba lógica a un sistema mal diseñado.
Su caso sigue siendo estudiado en cursos de finanzas conductuales y teoría de juegos. Recuerda que, aunque la lotería es un mal negocio para la inmensa mayoría (el retorno esperado es negativo), existen momentos puntuales donde la matemática se inclina a favor del jugador.
La pregunta que queda para el inversor argentino es más práctica: ¿dónde están hoy las ineficiencias que el resto del mercado todavía no vio? Probablemente no estén en la lotería, pero sí pueden estar en algún instrumento financiero local o en alguna asimetría regulatoria que aún no se corrigió.
Y eso, más que la fórmula mágica de Mandel, es lo que realmente separa a los que ganan consistentemente de los que solo sueñan con el gordo de Navidad.