El ingreso disponible de los argentinos cortó una racha de cinco caídas al hilo en abril
Según datos del INDEC, el ingreso disponible de los hogares registró una mejora en abril tras cinco meses consecutivos de bajas. Las ganancias se concentraron en trabajadores informales y asalariados formales del sector privado, mientras que en la era Milei los ingresos reales de los hogares más ricos mejoraron y los de los más pobres se deterioraron.
El ingreso disponible de los hogares argentinos cortó en abril una racha de cinco caídas consecutivas, según los datos que difundió esta semana el INDEC. La mejora, aunque modesta, marca un punto de inflexión después de un primer trimestre marcado por el ajuste fiscal y la recesión inducida por la política monetaria y cambiaria del gobierno de Javier Milei.
Según la Encuesta Permanente de Hogares, el ingreso total familiar disponible real creció 1,8% respecto de marzo, medido en términos desestacionalizados. La recuperación se explica principalmente por dos segmentos: los trabajadores informales, que comenzaron a ver un repunte en sus remuneraciones a medida que la inflación se moderó, y los asalariados formales del sector privado, que recibieron paritarias algo por encima de la inflación acumulada en los últimos meses.
Sin embargo, la foto de más largo plazo revela una distribución desigual. Desde diciembre de 2023, cuando asumió la actual administración, los ingresos reales de los deciles más altos de la distribución mostraron una recuperación clara, mientras que los deciles más bajos acumulan caídas que superan el 15% en términos reales. Esta dinámica no es novedad en la historia argentina reciente: los ajustes macro suelen golpear primero y más fuerte a los hogares con menor capacidad de ahorro y mayor dependencia del salario o de transferencias.
El rol de los informales y el sector privado
El repunte de abril se explica en buena medida por la moderación inflacionaria, que permitió que los ajustes nominales —tanto en salarios informales como en algunos convenios colectivos— comenzaran a traducirse en ganancias reales. Los trabajadores informales, que representan cerca del 45% del empleo total, suelen ser los más sensibles a la baja de la inflación porque sus ingresos se ajustan con mayor frecuencia y menor rigidez institucional.
En paralelo, el sector privado formal mostró una resiliencia mayor que el sector público. Mientras los salarios estatales siguieron perdiendo poder adquisitivo en términos reales durante los primeros meses del año, varias ramas de actividad privada (comercio, servicios y algunos segmentos industriales) lograron cerrar paritarias que, aunque por debajo de la inflación de 2024, comenzaron a recortar la brecha en 2025.
Una distribución que se polariza
Los datos desagregados por decil confirman lo que ya se venía observando en otras estadísticas: en la era Milei los ingresos de los hogares más ricos mejoraron en términos reales, mientras que los de los hogares pobres empeoraron. El decil más alto acumula una ganancia de alrededor de 4% en ingreso disponible real desde diciembre de 2023, impulsado por rentas financieras, alquileres y algunos salarios altos. En el extremo opuesto, el decil más bajo registra una pérdida cercana al 18%, producto de la caída del empleo, la licuación de jubilaciones y AUH en los primeros meses y la tardía recomposición de las transferencias.
Esta polarización no es exclusiva de la experiencia argentina. Comparaciones históricas con otros programas de ajuste ortodoxo en América Latina —como los de Brasil en 2015-2016 o los de Ecuador en 2019— muestran patrones similares: la corrección de desequilibrios macro tiende a recaer desproporcionadamente sobre los deciles más bajos, al menos durante los primeros 12 a 18 meses.
Perspectivas para los próximos meses
Si la inflación se mantiene en la senda descendente y la actividad económica muestra señales de recuperación —como sugieren algunos indicadores de alta frecuencia de mayo y junio—, es probable que la tendencia positiva del ingreso disponible se consolide en el segundo semestre. Sin embargo, la sostenibilidad de esta mejora dependerá de dos variables clave: la evolución del empleo formal y la capacidad del Estado para recomponer las transferencias sociales sin comprometer la meta fiscal.
Desde una perspectiva comparada, Argentina sigue moviéndose dentro de un patrón conocido. Los ajustes que logran estabilizar la macroeconomía suelen generar una “U” asimétrica en los ingresos: caída pronunciada en la primera etapa, seguida de una recuperación lenta y despareja. El desafío para la actual administración será acortar esa segunda etapa y evitar que la polarización se convierta en un rasgo estructural de la recuperación.
El dato de abril es, por ahora, solo un primer brote verde. Prometedor, pero todavía frágil.