Economía

Escala mínima viable: el paper teórico con el que Milei y Reidel justifican la desregulación

El Presidente y el ex titular de Nucleoeléctrica publicaron un trabajo que sostiene que toda economía requiere un piso mínimo de capital, productividad y empleo para sostenerse. El documento respalda el programa de desregulación actual, aunque evita cuantificar el punto de partida argentino.

Publicado el 10 de julio de 2026, 00:20 hs

Javier Milei y Demian Reidel en un evento formal, con gráficos económicos al fondo
Ámbito Financiero — Economía

El presidente Javier Milei y Demian Reidel, ex titular de Nucleoeléctrica Argentina, publicaron un paper que busca dar sustento teórico al programa de desregulación y ajuste fiscal en curso. El documento, titulado en torno al concepto de "escala mínima viable", sostiene que una economía necesita alcanzar ciertos umbrales de capital acumulado, productividad y nivel de empleo para sostenerse y crecer de manera autosustentable.

Según los autores, por debajo de esa "escala mínima" cualquier intento de intervención estatal o redistribución termina siendo insostenible porque no hay suficiente base productiva que lo respalde. El trabajo acompaña la lógica del actual programa económico: primero consolidar las variables macro y desregular para permitir que el capital y la productividad alcancen ese piso, y recién entonces pensar en políticas de mayor complejidad.

El argumento central es que las economías, al igual que las empresas o los ecosistemas biológicos, tienen una escala por debajo de la cual no logran generar las externalidades positivas necesarias para crecer. Reidel y Milei citan literatura de crecimiento endógeno y de economía del desarrollo para argumentar que, sin un stock mínimo de capital físico y humano, los mecanismos de mercado no alcanzan a generar las ganancias de productividad que justifican la intervención pública.

Hasta aquí el paper es consistente con lo que el Gobierno viene explicando desde diciembre: la herencia recibida dejó a la Argentina por debajo de esa escala mínima viable, por lo que el ajuste y la desregulación no son opcionales sino condición de supervivencia. Lo que llama la atención es que el documento evita dar números concretos para el caso argentino. No hay estimación de cuál sería el stock de capital per cápita necesario, ni un cálculo de la brecha de productividad respecto de economías comparables.

Esta ausencia de cuantificación es relevante porque, en la práctica, el debate político y económico argentino siempre termina chocando contra la misma pregunta: ¿cuánto ajuste es necesario? ¿cuánto tiempo toma recuperar esa "escala mínima"? El paper ofrece un marco conceptual útil pero deja sin responder la magnitud del esfuerzo que requiere la economía real.

Desde el punto de vista teórico, la idea no es nueva. Autores como Acemoglu y Robinson o trabajos sobre trampas de pobreza ya habían explorado umbrales a partir de los cuales las dinámicas económicas cambian de régimen. Lo interesante aquí es que el Presidente elige usar ese lenguaje para justificar una estrategia que prioriza la consolidación fiscal y la liberación de mercados por sobre políticas activas de corto plazo.

El documento también sirve como respuesta implícita a las críticas que acusan al programa de ser meramente procíclico o contractivo. Según Milei y Reidel, el contraccionismo inicial es el costo necesario para volver a cruzar el umbral de viabilidad. Una vez superado ese piso, sostienen, los mecanismos de mercado pueden operar sin necesidad de subsidios ni regulaciones distorsivas.

Queda por ver si este marco conceptual logra traducirse en resultados medibles antes de que el costo social y político del ajuste erosione el respaldo necesario para continuar. Porque, como los propios autores reconocen en otros trabajos, la teoría es una cosa y la restricción política otra muy distinta.

En síntesis, el paper de Milei y Reidel no pretende ser un diagnóstico cuantitativo de la Argentina actual, sino una justificación teórica de por qué la secuencia actual —ajuste, desregulación, recomposición de capital— sería la única viable. Ofrece un lente interesante, aunque deja pendiente la parte más difícil: medir dónde estamos parados y cuánto falta para alcanzar esa escala mínima.

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